martes, marzo 06, 2012

Idriss, la joven de Bujará,
Hermínia Mas,
Barcelona, RDCR ediciones, 2011.


Idriss, la joven de Bujará, de Hermínia Mas, es una novela que invita a soñar por su ambientación, en la ruta de la Seda y por el tema que narra, unos amores contrariados aderezados por el sabor del mundo de las “mil y una noches”. El libro presenta, con delicadeza y realismo, las costumbres y los lugares que han inspirado tantos y tantos cuentos. Además, cada uno de los capítulos está ilustrado por una fotografía de la propia autora, realizada en época actual, que sirve de presentación e ilustración posterior. En realidad, no parece que las costumbres ni los usos hayan cambiado demasiado desde que Idriss vivió su amor imposible.
Idriss es una hermosa joven, vendedora de telas en el mercado y huérfana de madre. Su padre se desvive por ella, pero no puede protegerla de todos los males. Ha de aceptar que se case con Rustam, aunque sepa que no es lo mejor para su hija, pero debe mantener la palabra dada tiempo atrás, aunque eso no lo descubrimos hasta el final. El padre de Rustam, que ya murió, era muy rico y pretendió a la madre de la joven, aunque ésta escogió a Muran, el padre, pero al enfermar la esposa, Rustam pagó los médicos e hizo prometer a Muran que su hija se casaría con su hijo. Muran sabe que no le conviene a Idriss, pero no se atreve a deshacer la promesa y eso es causa de infelicidad, como veremos.
Idriss conoce al joven Farkhat en el mercado y se enamoran, aunque, al principio, no quieran reconocerlo. Idriss sigue adelante con los preparativos de boda, pero, finalmente, sucumbe ante el verdadero amor y mantiene relaciones de Farkhat. A las mujeres adúlteras se las condenaba a ser arrojadas desde el minarete más elevado de la ciudad y a los hombres los desterraban al desierto. Sea como sea, lo que parecía imposible, se hizo realidad y ambos enamorados sobrevivieron y pudieron, de una manera propia de la magia oriental, hacer realidad sus sueños… y puede que aún sigan su camino como contadores de cuentos.
Idriss, la joven de Bujará reivindica también el derecho de la mujer para escoger marido; es más, pone en evidencia el tratamiento diferenciador –y cruel-  que se les da a las mujeres frente a los hombres en ciertas culturas. También en la novela se habla de la envidia y de la venganza, ya que el prometido de Idriss no la quería en realidad, sino que pretendía vengar a su padre y hacer sufrir a la joven.
El relato está estructurado en breves capítulos y narrado en tercera persona de una manera directa, con unos diálogos claros y certeros, pero sin perder de vista el escenario ni la atmósfera propia de unas ciudades tan evocadoras como Bujará y Samarcanda.
La ceremonia del té, las celebraciones, los ritos, la hospitalidad, el ambiente del mercado, los gestos de cortesía… son elementos presentes en el relato, elementos que envuelven al lector y lo llevan a otras épocas. Los símbolos, los colores, los aromas, los alimentos, las especias… todo el mundo abigarrado de los sentidos se da la mano de Idriss, la joven de Bujará. Una novela, insistimos, que invita a soñar.



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