lunes, noviembre 15, 2021


Escritos en la guerra (Varios)

Kalandraka, 2021 

"Escritos en la guerra" es una de esas joyas en papel que, a veces, se cruzan en nuestro camino.  Siete autores se dan la mano para, sin renunciar a su estilo ni a sus convicciones, ofrecernos un libro que, a su vez, contiene el germen de otras muchas historias. El hilo conductor es la guerra y sus consecuencias e, incluso, la propia gestación de la misma. La guerra en cualquier lugar, no solo la Civil, aunque es la más recurrente. Sea como sea, son situaciones cercanas en el tiempo, del Siglo XX.  Ahora bien, cada uno de los personajes que el escritor o escritora ha escogido tiene su propia cosmovisión y su manera de funcionar. No es infrecuente que haya un paisaje literario tras los relatos ya que la narración, el poder de la palabra, la sanación mediante la lectura son elementos recurrentes en estos textos que huyen de tópicos, de tonos grises y se instalan en la esperanza y en la luz.

“La entrevista”, de Elvira Menéndez contiene los conmovedores recuerdos de una niña de la guerra, ya anciana, que repasa, a través de una entrevista, una infancia muy dura, con la separación forzosa  de los padres y muerte de su hermano, quien, gracias a Richmal Crompton y su personaje Guillermo, fue capaz de seguir adelante y de encauzar su vida. Elvira Menéndez repasar, cun precisión, momentos duros de una infancia que se perdió por culpa de la sinrazón.

“Como si hubiera pasado siempre”, de Rosa Huertas, es un homenaje a la Creadora de Celia, a Elena Fortún, tan vinculada con la propia Rosa Huertas. El relato reescribe momentos de la vida de la escritora y el porqué de su creación literaria, además recrea el poder importante de la palabra, de la oralidad, como fuente literaria fundamental. Elena Fortún también recoge su vivencia de la guerra en Celia y la revolución, aunque no pudo verlo publicado en vida.

“Fragmentos de dolor y vida”, de Antonio García Tejeiro, aunque no está escrito en verso, contiene un lirismo insupperable y limpísimo. A través de un joven, con muchos desencuentros paternos, tiene un puente hacia Miguel Hernández, otro de los poetas que sufrió las consecuencias de la Guerra Civil y que, pesea todo, nos dejó un testamento poético luminoso en su libro póstumo, escrito en la cárcel. No podemos olvidar tampoco la alusión a Gabriel Celaya, fundamental para entender el relato.

“La niña asombrada”, de Mónica Rodríguez, es otra recreación mágica de una escritora a quien podemos calificar, sin duda alguna, de hada. Es Ana María Matute. El relato está lleno de pistas y de alusiones emocionantes a quien fue una niña de posguerra.

“Caperucita Roja es poeta”, de Carmela Trujillo es otro rotundo homenaje a una mujer crucial en nuestras letras, Gloria Fuertes, una mujer que padeció la Guerra y se hizo a sí misma, como leemos en un relato lúcido y bien trabado.

“Un instante”, de Gonzalo Moure es, quizás, el relato más estremecedor de todo el libro, que hay que leer muy despacio. Madrid. Un escenario en dos momentos distintos: torturas y entrega de premios. Y, en primera persona, un escritor explicando su propia experiencia y tratando de hacer las paces con su pasado.

“Volatilizado”, de Daniel H, Chambers, es el último relato, el que cierra el libro, y ciertamente un homenaje al autor de El principito, que, no lo olvidemos, fue aviador en la guerra y, justamente, desapareció en una misión.

Las ilustraciones de Federico Delicado, llenas de matices y de expresión, arropan y acompañan y realzan las historias. Sirva la portada, de gran expresividad y que corrobora la idea esencial: la palabra ha de estar a salvo. Siempre.

En suma, Escritos en la guerra, es un libro de muchas voces, las de sus narradores y las de sus personajes, que se mezclan y aúnan para dibujar retazos, momentos, experiencias decisivas, pequeños instantes. A través del diálogo, del monólogo, de la descripción o la narración, en primera o tercera persona, mezclando épocas distintas, trabando historias… se van desgranando esos momentos que nos emocionan y nos hacen seguir creyendo en el ser humano y, como dijimos, en el poder de la palabra, superior, debería ser así, a de las armas.

 

 

 

 



Olíafiltro quemado, Alfred Besora, Ediciones El Drago, 2021

"Olía a filtro quemado" responde a las inquietudes, dudas, afectos y sinrazones de su autor, Alfred Besora quien, al fin, se ha decidido a compartir con el lector algún resquicio, alguna quimera, esa manera diferente de ver el mundo y a la vez igual que solo tienen los poetas. El poemario se organiza en cinco partes bien marcadas: Nunca de veo con la misma cara, Poemas de emergencia, Poemas húmedos, Poemas que curan, Poemas del viento, Poemas de las cinco de la mañana y El poema más corto del mundo. Por los títulos podemos intuir una desazón íntima y acuciante que impulsa a su autor a ir hacia adelante sin dejar de mirar, aunque sea de soslayo, o tal vez intuir, los restos de lo que quedó detrás. De ahí "Olía a filtro quemado", como el eco, la huella, la sospecha de lo que fue o pudo ser, de lo que fue y se esfumó, pero que aún duele.

Sus poemas, directos, vibrantes, enérgicos, llenos de brío y de pasión, tratan de poner en su sitio algunas piezas del puzle personal, aunque no lo logran del todo, porque surgen nuevas ramificaciones y otros ecos y otras esencias.

En primera persona, con la verdad en carne viva, el poeta se trasciende a sí mismo en una extraña pirueta que le hace mezclar aspectos del pasado con el presente, elementos urbanos, ecos de canciones, fragmentos de poemas, lirismo y, a veces, prosaísmo. Lo sublime y lo pragmático se unen en ese olor a filtro quemado que no es otra cosa que la estela de lo que fue y aún supura.

Entre el arte menor y mayor, ayudado del encabalgamiento, con comparaciones muy potentes y un uso certero del verbo;  los versos de Besora son  directos como disparos al pecho, los poemas van desgranando su periplo y abrazando distintas emociones, la esperanza, el anhelo contenido, la emergencia, las premuras, la contemplación, el pasar página, el dolor agudo, el amor y el desamor, entre otros.

Alfred Besora hace suya la premisa de Javier Marías de que uno “no debería contar nada”, pero acaba contándolo porque, si no, se le enquista y aún duele más.  “Quiero ser luna esta noche” en una reminiscencia lírica, aunque “Escuece / la mano ajena clavada”. Ante el dolor, hay que actuar rápido, sin vacilaciones:  “es mejor aplicarse un torniquete”. Otras veces, se siente prisionero: “en la oscuridad más negra y viscosa”, pero siempre sabe que “la luz va a venir”. Hay una urgencia plástica en sus poemas, un pedir permiso para entrar en el terreno del otro: “Permíteme morderte” o “Quiero que me anudes” o, ya más pausado, “Dame la mano /y entremos en el mar / del atardecer” y la gran pregunta: “¿Le has dolido alguna vez a alguien?”. La idea de encontrar el lugar donde uno encaje sin saber a ciencia cierta si será posible: “Fuimos apenas piezas / de diferentes puzles / cuyas cajas / alguien decidió mezclar”. Al fin llegan las verdades y la aceptación: “Volveré a casa sangrando, / pero feliz en mi asosegada / soledad”. Y “Te reniego”. Esa es la historia, del amor y el desamor, de la aceptación y el coraje, de la huida hacia adelante y de la aceptación final: “Enterré la opción de odiarte / a dos metros bajo tierra”.

En definitiva, Olía a filtro quemado es un poemario valiente y lleno de verdad.



domingo, mayo 16, 2021

"El verano de los cisnes",

Betsy Byars

La Galera (19 edición, 2018).

 

"El verano de los cisnes" se publicó por primera vez en 1984; desde entonces no ha dejado de leerse y de crear lectores entre los que han decidido internarse en la historia que relata la autora.

El relato transcurre durante un verano y se centra en la evolución personal de su principal protagonista, Sara. La joven, con 14 años, vive una adolescencia complicada y se siente muy insatisfecha consigo misma y con su entorno. Para empezar opina que, si se compara con su hermana, es muy fea. Tampoco le gusta su tía, quien las cuida desde que murió su madre. Empieza a no soportar a su hermano, que tiene una deficiencia psíquica y, por si fuera poco, juzga que su padre los ha abandonado, aunque, en realidad, está trabajando para mantenerlos. También tiene muchos prejuicios y se deja llevar por la primera impresión y por su propia visceralidad. Sara, en suma, no se soporta.

Ese verano los cisnes que, habitualmente viven en el lago de la universidad, han decidido pasar unos días en el del pueblo de Sara, en los Estados Unidos, un pueblo pequeño, del sur, en donde nunca pasa nada. Sara va a verlos con  su hermano, aunque tiene poca paciencia para seguir su ritmo.

Esa noche, el niño se asusta, se siente solo y contrariado y se va de su casa. Se pierde en el bosque y, en ese momento, la narradora bucea en su mente y logra un momento de absoluta genialidad literaria porque permite que los lectores puedan comprender a ese niño solo, confundido, mudo, desesperado.

Con la búsqueda del hermano, Sara descubre varias cosas. Una, que el chico al que ella odiaba, Joe, puede ser mejor persona de lo que ella creía e, incluso, algo más en su vida. Descubre la verdadera esencia de su padre y de su tía y descubre que tiene con su hermano una comunicación más allá de las palabras.

Los cisnes, en toda la historia, son como un símbolo, de libertad, de cambio, de búsgueda, como le sucede a Sara quien no acaba el verano como lo empezó, ni mucho menos.

En la novela, contada en tercera persona, hay mucho diálogo, lo que favorece el conocimiento directo e los personajes y bastante introspección psicológica. Es una historia intimista, que se lee con rapidez porque, desde el primer momento, atrapa ya que los personajes, redondos, están magistralmente retratados.

En suma, "El verano de los cisnes", todo un clásico de la literatura juvenil, sigue perfectamente vigente.


 

martes, abril 27, 2021

"Los del medio"

Kirsty Applebaum (traducción: María Alonso Gómez)

Bambú, 2020.


"Los del medio" es una novela de acción y, a la vez, un retrato psicológico, una historia iniciática y una metáfora del alcance que puede tener en las personas un abuso de poder enmascarado de buena voluntad. Maggie tiene 11 años y es quien, en primera persona, nos cuenta el relato que sucede en un pueblo perdido llamado Fennis Wick.  A Maggie le atormenta ser la hermana del medio porque, en su pueblo, solo los mayores son considerados, solo los mayores reciben regalos y protagonizan fiestas ya que, al llegar a cierta edad, han de ingresar en un campamento para prepararse y ser los defensores de su pueblo. ¿Contra qué se libra la guerra? No se sabe bien, pero el foco de atención está en los errantes que son perjudiciales y hay que luchar contra ellos para protegerse, según les hace creer la alcadesa. A Maggie le gustaría ser algo más que la del medio y eso la hace sentir frustrada. Un día, por azar, conoce a Una, un errante de verdad, que necesita ayuda para ella y su padre. Maggie le ofrece esta ayuda, aunque su idea es delatarlos para, al fin, tener un nombre propio.

Fennis Wick vive completamente aislado del exterior, separado por una frontera vegetal tras la cual solo existe el miedo y el horror... pero ¿es así de verdad?

Maggie finalmente sí denuncia a Una, aunque lo hace forzada y sin ser muy consciente del error que está cometiendo, aunque eso es el primer paso hacia el descubrimiento de la gran verdad. Ni existe campamento, ni la alcadesa es una buena persona ni los mayores se dedican a prepararse para la guerra. No. Esa guerra absurda terminó hace tiempo y ahora la alcadesa, ansiosa de perpetuar su estatus y su nivel, se dedica a comerciar con los mayores a los que vende a cambio de comida, por ejemplo plátanos, de bombonas de gas butano y de otros elementos.

La novela transcurre a un ritmo intenso, ya que en 10 días, del 1 al 10 de septiembre, sucede toda la acción que, en los últimos momentos, llega a ser trepidante. Por otro lado, se logra un buen equilibrio con el análisis psicológico de Maggie quien no deja de reflexionar, de hacerse preguntas, de observar su mundo y a los seres que la rodean. Entre estos está su familia, sus padres, el hermano mayor y el pequeño, el pintor de retratos (que esconde una historia terrible y muy dura), los compañeros del colegio, Una, su padre y la Alcaldesa, quien, pasa de ser una benefactora a ser una persona odiosa. 

"Los del Medio" es un texto que puede gustar a los lectores desde 11 o 12 años en adelante que permite una reflexión importante acerca de lo que esconden, a veces, las apariencias y de que las costumbres que se perpetúan sin averiguar el por qué, si vulneran los derechos humanos, no deben sostenerse y es bueno revelarse frente a los abusos de poder y, además, catártico, ya que todo el pueblo sale reforzado.

Maggie, en fin, vive un momento iniciático en su vida puesto que, tras esos días vividos con total intensidad, no volverá ser una niña cobarde ni miedosa, sino que adquirirá sus principales rasgos de identidad, la honestidad y el valor.


 

sábado, abril 24, 2021

"Mujeres que leían"

Rosa Huertas

Tres Hermanas, 2019

Nos encontramos ante una de esas obras íntimas que deben leerse con recogimiento y emoción porque forman parte de nuestra memoria más inmediata.  Rosa Huertas nos ofrece un texto que tiene mucho de novela, mucho de ensayo y mucho de poesía. En él se centra en las mujeres que la precedieron, sobre todo en su madre, para descubrir que las mujeres que forman parte de la generación de la posguerra, las mujeres nacidas en plena guerra y en los años posteriores, tienen mucho que decirnos porque, por desgracia, se las silenció en su tiempo, no se les permitió otra cosa que ocuparse de su familia, atender a su marido y a sus hijos. Con ello se perdieron tantas oportunidades y se truncaron muchos sueños. Pese a ello, estas mujeres, fuertes y con coraje, siguieron adelante y sembraron sus semillas en sus descendientes.

Rosa Huertas nos habla de las frustraciones cotidianas, de esa falta de reconocimiento que hace que se pierda la autoestima y se piense que no vale de nada tratar de realizar los sueños puesto que no son ni útiles ni necesarios, pero también nos habla de la revancha, de las segundas oportunidades, de la fuerza y la templanza de tantas y tantas mujeres que hicieron su labor callada y resignadamente, pero sin perder jamás la alegría ni el saber estar.

A la escritora le sucedió también que, por distintos motivos personales, creyó que lo que ella escribía a nadie le iba a interesar nunca, hasta que rompió el dique y se demostró que sí, que ella también tenía voz porque descendía de aquellas mujeres que leían casi en secreto, que cantaban, que pintaban, que tocaban el piano y que, por desgracia, muchas veces tuvieron que renunciar a ello.

En "Mujeres que leían" aparece la voz en primera persona de la autora y narradora, pero también la de su madre que es quien revisa lo que ella ha escrito, algo así como una crónica de su vida, y quien le da el visto bueno.

Son varias las voces femeninas que se entremezclan, abuelas, tías, madre, hermana... aunque no son las únicas protagonistas, ya que también lo es la casa de verano en donde Rosa Huertas, con su madre, pasa las vacaciones de verano y en donde son más vivos los recuerdos, a veces punzantes, los secretos, la memoria, el pasado. Las fotografías, los muebles, los libros perdidos -algunos reencontrados- son como luces en el camino de esas mujeres; son el faro que nos orienta hoy.

El libro se organiza en torno a 20 capítulos más un epílogo. Su estructura es como un tapiz tejido de sutiles hilos que unen pasado, presente, lo que fue, lo que pudo ser y lo que tal vez nunca sea. Las reflexiones de la autora, llenas de vida, de entereza, nos permiten, sin duda, otra profunda reflexión que trasladamos a nuestras propias vidas.

Sin duda, un libro hermoso, escrito con la verdad, desde el corazón y la pasión de quien conoce el oficio y sabe cómo ejercerlo.


 

viernes, abril 02, 2021


 

"Desde mi orilla",

Rosa Ruiz Gisbert

Ediciones del Genal, Málaga, 2020


"Desde mi orilla", de la poeta malagueña Rosa Ruiz Gisbert, recoge una colección amplia de los poemas que la autora, por los motivos que fuera, no publicó; de ahí que lo subtitule "Poemas reunidos".  Por lo tanto, no se trata solo de un poemario sino de varios ya que, si miramos con detenimiento el índice, veremos que son varios los títulos que conforman este libro misceláneo que es un auténtico regalo para la mente y el corazón. Así, desde "Primeros poemas" hasta "Postales" pasando por "Desde la rabia", "Pequeños poemas II", "Carta desde mi orilla", "Alborada", "Homenajes" y "Sonetos, entre otros, Rosa Ruiz se nos ofrece con total generosidad.

Queremos ver en el título "Desde mi orilla" reminiscencias del soneto que Leopoldo Panero dedicara a su hijo y que comienza con  las palabras "Desde mi vieja orilla".  De alguna manera, Rosa Ruiz quiere dar testimonio de su obra y lo hace en este libro que es un broche en su producción literaria, aunque deseamos y esperamos que se anime a publicar también en un volumen el resto de su producción que aparece dispersa en revistas, antologías o selecciones poéticas.

El libro que nos ocupa es desigual puesto que abarca muchos años de la vida de un poeta y señala su evolución y sus gustos literarios a la vez que indica su madurez y su consolidación como poeta. No obstante ya, desde el principio, observamos una mirada atenta, traspasada de sensibilidad hacia lo cotidiano: "De la breve mano / va surgiendo la vainica / como un milagro".

La poeta no es indiferente a las zozobras del mundo y se muestra crítica cuando la situación así lo requiere o, como ella misma dice, con rabia. "Como la edad postrera / encierra todas las edades" nos confiesa" y añade, "Es tiempo de crecer y multiplicarse / de borrar ecos y perfiles adolescentes...". Tras esa reflexión intensa "la ternura llega como un sollozo".

No es ajena a la lucha de sexos tampoco y manifiesta que deben mirarse a la misma altura, pues son como espejos: "Dos fuerzas más dos dulzuras / pero no idénticos del todo..".

Muchos de sus poemas contienen todo un pensamiento existencial, otros se nutren de la filosofía de María Zambrano, algunos de la propia experiencia, pero todos contienen esa carga de verdad, de certeza, de hondura compartida: "Porque es vivir un pretexto / para abrir los ojos cada mañana...". Más adelante escribe: "Algo hice con mi vida, sin duda, / pero se me escapa su contenido / y ese día que empezó ilusionado, / sin quererlo yo, me llevó a la melancolía.

Muy hermosos son los poemas que componen la sección "Homenajes" y que ella dedica a los poetas que la han hecho crecer como Miguel Hernández, Rosalía de Castro, César Vallejo o Gabriela Mistral, entre otros.

No olvida Rosa Ruiz sus deudas y afectos, la ausencia de su madre, de sus seres queridos; tampoco soslaya sus dificultades para salir de una depresión ni nos hurta la especial mirada que ella ha tendido sobre los lugares a los que ha viajado.

La poesía de "Desde mi orilla" es difícil de comentar de forma uniforme puesto que, como estamos viendo, no es homogénea, pero ahí está su virtud y su esencia. Encontramos versos de arte menor, con ausencia de rima, pero mucho ritmo, al lado de versos clásicos, como el soneto. Aparecen poemas muy largos, casi como confesiones, en donde el encabalgamiento está siempre presente. Notamos una abundancia de metáforas, al lado de anáforas o personificaciones. Son poemas muy trabajados, a los que su autora les ha dedicado tiempo y mucho mimo, aunque parezcan espontáneos. Ese es otro secreto de la buena poesía.

 Los poemas de Rosa Ruiz son espejos en los que acaso ella se haya reflejado alguna vez pero que, ya en el libro, nos reflejarán a nosotros mismos. Esa es la gran verdad de la poesía, su capacidad para tejer urdimbres y aprisionarnos dentro.



lunes, febrero 22, 2021


 "Ben"

Care Santos,

Edebé, 2021

(Periscopio, 106)

 

Hay personas que no se dejan conocer y que dejan a su paso una aureola de miedo e, incluso, de extraña fascinación, aunque nunca han sido felices ni nunca han sabido qué era el amor de una familia. Esas personas se encaran al presente y luchan, de manera equivocada a veces, contra su propio futuro. A menudo son personas duras como el pedernal que parecen no tener fin, aunque, si se despistan un segundo, su extraño puzzle vital se viene abajo y se les acaba la función. Ese es Ben, a quien conocemos, de forma indirecta, de la trilogía protagonizada por Éric, "Mentira", "Verdad" y "Miedo". De alguna manera es la pieza que nos faltaba para entender toda la historia y Care Santos nos lo ofrece, aunque, discretamente, se retira y deja que sea el propio Éric el narrador y así se desgranan los hechos en torno a un muchacho cuyo único delito fue nacer. No es de extrañar que fuera un niño serio que nunca sonriera porque el peso de su infancia, de su adolescencia era demoledor.

Arranca el relato con el entierro de este chico, un joven de 24 años, al que nadie quiere recordar y al que todos le tienen miedo. Después, poco a poco, mediante capítulos muy breves y directos, vamos entrando en momentos de su vida. Conocemos a su madre, a su abuela, a su padrastro... Conocemos sus querencias, sus deseos de medrar... Conocemos los problemas que tuvo, su fama de gallito, su fama de busca problemas... Conocemos el momento exacto en que comenzó a internarse en un camino sin retorno... Pero también conocemos el afecto que sentía por Éric, por los débiles, por las causas perdidas. De vez en cuando es el propio Ben quien se asoma a las páginas con unos diálogos que mantiene con la psicóloga del centro de menores en el que estuvo interno por agredir al padre de Éric. Son diálogos furiosos, llenos de rabia, de angustia, de rencor, diálogos que piden ayuda y comprensión a manos llenas.

El libro parte de una pregunta dura y de sus posibles respuestas: "¿Serías capaz de matar a una persona?". A partir de esa reflexión dura y directa se inicia el relato que, como hemos dicho, empieza por el final, aunque eso no obstaculiza que el lector, sin aliento o conteniéndolo, quiera beberse la historia y entender, a veces incluso justificar, el comportamiento de Ben. Todos dirían que fue un perdedor, que fue un fracasado, que trapicheó, que jugó con fuego y se quemó... Todos, sí, pero solo Éric, que lo conoció bien, todo lo bien que alguien pudo hacerlo, es capaz de recomponer un retrato de soledad, de dolor, de falta de afectos, de frustraciones, de miserias.

"Ben" está escrito con garra, con rapidez, con energía, con rabia también. Mantiene una estructura que, poco a poco, va cercando al personaje, que poco a poco lo va dibujando, a la vez que se acerca al final. Conocemos de cerca a ese Ben que es el causante último de la trilogía y a todos los personajes que, de alguna manera, lo acompañaron y los vemos en un estadio anterior, cuando aún faltaba tiempo para que Éric se metiera también en problemas o, mejor aún, se hiciera cargo de los de su primo Ben. Antes creíamos que Ben, que realmente no era familia del muchacho, se aprovechó de su edad e inocencia, pero, después de leer estas páginas no sabemos muy bien qué pensar. Solo que es un relato magnífico que se compromete con la vida y que no deja ningún cabo suelto.

 

jueves, febrero 11, 2021


"El círculo escarlata",

César Mallorquí

Edebé, 2020.

Muchos años después, recordamos a Javier y su extraordinaria aventura en Las lágrimas de Shiva, Premio Edebé 2002. . Exactamente  más de 18 años desde que César Mallorquí publicara ese libro emblemático, que tantas satisfacciones le ha dado, a él y a sus lectores. De hecho, nos apetecía volver a encontrarnos con Javier y ver cómo había evolucionado, cuáles eran sus intereses y sus motivaciones en la vida. Sobre todo, vamos a confesarlo, nos apetecía volver a Villa Candelaria. Y César Mallorquí nos lo ha concedido. Lo que para los lectores han sido 18 años, para los protagonistas se han convertido en cuatro años, tiempo suficiente de dejar la adolescencia y entrar en la primera juventud.

Los planes de Javier no son, en absoluto veranear en Santander, pero se tuercen sus planes y acaba aceptando la oferta de sus tíos y, sobre todo, de su prima Violeta que le pide un extraño favor. En Villa Candelaria todo sigue igual, aunque sus primas han crecido y Violeta solo parece ver en Javier a un primo sin más, lejos de la imagen que él tiene de ella.

En primera persona, de forma ágil, bien trabada y sin tiempos muertos, Javier, desde el pasado, nos recuerda ese otro momento en que tuvo que enfrentarse a un fantasma que no era, ni de lejos, tan amable como el de Beatriz Obregón, pero tampoco tan repulsivo como empezamos a intuir cuando nos adentramos en los misterios de  Mansión Kraken.

La novela es un homenaje a Lovecraft como verá el lector, conforme avance en el relato, pero no solo eso, sino que se proyecta en un pasado cercano, el de la transición y nos muestra, frescos y potentes, unas formas de vivir y unas aspiraciones que son tan nuestras como de Javier. Hay alusiones a la represión franquista, a las logias masónicas e, incluso, a las fortunas amasadas sobre la sangre de miles de esclavos. Hay también ilusiones personales, aspiraciones de esas que son anónimas, pero que nos llegan al alma. El fantasma real de Mansión Kraken es todo un hallazgo que, sin duda, cambia la historia y su percepción, pasa de terrorífica a tierna. No se olvida el autor de las relaciones humanas, entre padres e hijos, entre hermanos -no siempre buenas-, entre personas solitarias que buscan compañía y, por supuesto, el amor y la amistad.

No son pocos los momentos de humor, de ironía que destila la novela porque Javier es un muchacho despierto, ocurrente, que cuenta lo que le ocurrió con una gran naturalidad y cercanía.

Javier, durante el verano del 73, descubre mucho acerca del alma humana y descubre que detrás de la indiferencia igual se oculta el amor -aunque es su prima pequeña, más inteligente que nadie, quien lo vaticinó desde el principio- y aprende que la belleza externa por muy explosiva que sea, como la de Elena, no sirve para dejar de hacer lo que es justo y moral. Javier evoluciona como persona y aprende a no juzgar y a comprender y a perdonar.

Dicen que nunca segundas partes fueron buenas, pero esta frase hecha no puede aplicarse a la novela que estamos comentando que gustará a jóvenes y a mayores, a todos esos ya adultos que conocieron a Javier y a sus propios hijos, tal vez. Es más, puede leerse con independencia de la primera parte, aunque aconsejamos que no se haga, si uno quiere enriquecerse un poco más con una buena lectura.

El relato, en definitiva, es redondo, se cierra con un final, como dice Javier, "asquerosamente feliz" y con una muy buena sensación. "El círculo escarlata" es uno de esos libros que crean adictos.
 

 

lunes, enero 04, 2021

"La cuerda y el aire",

Alejandro Arias de Celis,

LibrosIndie, 2020

 

Alejandro Arias parte de un verso de César Vallejo para titular este su primer poemario en solitario. "La cuerda y el aire" está formado por 128 poemas, que siguen numeración romana y que, a primera vista, pudieran parecer sonetos, aunque no lo son, porque el poeta gusta de crear trampantojos y de jugar con lo que parece y lo que no es. Sus versos son potentes y están muy enraizados en la tierra, en lo cotidiano, que, gracias a Alejandro, adquiera categoría poética. Se caracterizan por un lenguaje directo y por un uso importante del encabalgamiento lo cual nos hace estar siempre empezando de nuevo, como en la vida misma. 

En cada uno de sus poemas se cuenta una historia marcada por unos versos finales que suelen encerrar la esencia del propio poema; es como una almendra envuelta en su cáscara, ni dulce ni amarga, primero la cáscara y, para terminar, en unos versos, o tres o seis, una almendra cargada, a su vez, de nuevos enigmas y de más preguntas porque Alejandro Arias siempre está empezando, siempre está pensando en el valor de la palabra, en buscar su esencia ya que es consciente de que no es fácil de hallar y eso le crea alguna zozobra y alguna incertidumbre que tampoco es ajena a sus versos: "por eso no vacilará / la mano que sostiene el lapicero, / dispuesta a aniquilar / estos muy mal trabados versos".

Confiesa el poeta que, en la actualidad, está "a otras cosas", que estos poemas ya no le pertenecen del todo, que son ya de quien los lea, como bien diría don Antonio Machado. No obstante, sí, si hacemos caso del título, entenderemos que vienen marcados por una dicotomía: "mejor sería reinventar / la boca, el ojo, el sexo, / darle la vuelta al guante, a ver si así".

 A menudo, la realidad, los sueños, las percepciones no son o blancas o negras, si no que, como ocurre con los antónimos, se establece una gradación que va de la luz a la oscuridad, del dolor a la salud, de la alegría a la tristeza, del saber al ignorar... de la cuerda al aire: "cuando termina cada tarde y / cuelga en los labios la / inútil cuerda del deseo". Por un lado, la cuerda, en medio de lodo, podríamos decir, tratando de amarrar, de dirigir, de enconsertar, de ordenar lo que, a veces, es en sí un caos; por otro lado, el aire, dando margen, dejando fluir, permitiendo la duda, el misterio. Sí, la cuerda y el aire, o lo que es lo mismo: "Algunas hebras de / serenidad para la almohada".

Decíamos al principio que el poeta sabe muy bien del poder de las apariencias y de la capacidad que tienen nuestros sentidos para incitarnos al error y eso, lejos de incomodarlo, hace que se sienta mejor, siendo consciente de su vulnerabilidad porque parece que estemos condenados a repetir los patrones ajenos y ese hastío del que tanto sabía el poeta sevillano y que Alejandro, que bebe en su fuente, conoce tan bien conoce: "chisporrotean las palabras, a / través de la ventana mira el niño / la lluvia gris, el tiempo que no pasa".

Es el amor y el desamor, el deseo y el desapego, la soledad y las gentes que van y vienen lo que hace que estos poemas se levanten fuertes y enérgicos blandiendo su verdad: "alzas la antorcha que custodias y / arden los ojos asombrados con / la luz que tiembla antes del alba". Es esa angustia por no hablar o por callar demasiado o por no saber o saberlo todo: "cómo has venido a dar / con la carta peor de la baraja, /esa que yo te ofrezco".

"La cuerda y el aire", como una de cal y otra de arena, ha de leerse despacio, con calma, con ternura, incluso, sorteando los versos, las palabras duras, esas otras más blandas, las quimeras, las decepciones, las ausencias porque "Lo demás, por demás, sigue a su modo; / es vida sin apodo, fíjese, / sin acomodo, así, calle sin más". 

Al fin y al cabo, "La cuerda y el aire" no son más que eslabones de la cadena de una vida: "destrezas de ese oficio de ser hombre / para ganar lo que antes se me daba / solo con el vivir, con el deseo."

 


 

domingo, enero 03, 2021

"La niña botella"

Ana Isabel Fraga Sánchez

Mandala, 2020 (Niños poderosos)

 

"La niña botella" es un relato breve destinado a los primeros lectores que conviene que conozcan sus padres y educadores pues puede ayudar mucho a saber gestionar el estrés o las situaciones de especial nerviosismo.  De hecho, su propia autora, Ana Isabel Fraga, así nos lo presenta, aunque no se trata de un texto didáctico, lleno de consejos y de digresiones, no, en absoluto, si no que es un cuento fresco, directo y vivaz.

La pequeña Lilit, que solo tiene 6 años, acaba de mudarse con su familia a una gran ciudad desde un pueblo muy pequeño y, aunque le gusta mucho su nueva casa, ir a los parques o visitar los centros comerciales, se está volviendo antipática y contestona con los que más quiere; es más, rompe a llorar sin aparente motivo. Su madre opta por hablar con ella y explicarle, y explicarnos, de forma sencilla y eficaz, qué le está pasando a la niña y cómo puede solucionarlo. Resulta que Lilit está muy cansada del viaje, muy agobiada y demasiado estimulada con su nueva situación y debe aprender a controlar esas emociones que amenazan con arrastrarla. 

Lilit ha convertido en una niña botella, como le explica su madre en un diálogo tierno y transparenteargado de fuerza y de luz. Con cada nuevo estímulo su botella se está llenando de ruidos, de sensaciones extrañas, de nuevas experiencias y si el agua llega arriba ha de salir y lo hace en forma de pataleta o de irritabilidad. Para que eso no pase, Lilit averigua que tiene un tapón que puede abrir cuando quiera para que su botella no rebase los límites de su bienestar. A partir de ese momento, Lilit va a aprender conocerse un poco más y a estar pendiente del agua porque no es aconsejable que su botella se llene del todo. Eso sería, claro, la gota que colma el vaso.

Gracias a "La niña botella" niños y grandes averiguamos, de esa manera metafórica, que tenemos una válvula de escape y que podemos autogestionarnos para no caer en el estrés ni en los nervios desmesurados. Un buen consejo el que nos da Ana Isabel Fraga, aunque, insistimos, sin moralinas ni pedagogías huecas.

Las ilustraciones de Alejandra R. Bueno completan el relato y nos presentan a una niña, con los colores y de una manera muy expresiva, como Lilit va cambiando de emociones y explotando hasta volver al punto de partida y ser de nuevo la niña dulce y tranquila de siempre.


 

sábado, enero 02, 2021

"Desde 1880"

Pietro Gottuso

2020, Kalandraka

"Desde 1880" es una novela gráfica que podemos que no necesita muchas explicaciones, ya que sus ilustraciones son tan vivas, directas y eficaces que todos, cualquier lector, desde 6 años, puede entender la historia que se nos narra que no es, ni más ni menos, que la de una librería inaugurada en 1880 y que, aunque ha podido con crisis de todo tipo, no ha superado la actual y 140 años después ha tenido que cerrar. Nos debería sonrojar que las librerías tuvieran que cerrar cuando, hoy más que nunca, los libros han demostrado su poder balsámico frente a las zozobras que estamos viviendo.

La Librería que se nos presenta, parece que inspirada en una italiana, ocupaba los bajos de un edificio con solera y, desde sus amplios ventanales, contempló el mundo sin claudicar. La vida pasa delante de la Librería, cambian las modas, cambian los negocios que la rodean, cambian los dueños, pero sigue su esencia; incluso es capaz de sortear los tiempos duros de las guerras; pero tal vez no pueda competir con los avances tecnológicos que la sustituyen, finalmente, por una tienda de verduras y frutas.

Interesa mucho que el lector se fije en las ilustraciones y en los detalles de, por ejemplo, la ropa de los personajes o los peinados o el color del fondo porque marca el devenir de esa librería de una forma importante y decisiva. También debemos fijarnos en los distintos tipos que aparecen, de diferentes razas y culturas que deberían ser motivo de riqueza, no de cierre.

"Desde 1880" es un toque de atención, un golpe a nuestras conciencias, a esta sociedad materialista en la que los pequeños negocios son engullidos y en la que la cultura parece como un caramelo que se chupa y se tira. Por eso es un libro valiente y necesario porque nos hace pensar y, sin duda, ahí tras un pensamiento está una acción y tras una acción un cambio.

El libro ha obtenido el XIII Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados 2020 y es, ni qué decir tiene, un excelente regalo de Reyes.


 

jueves, noviembre 05, 2020

 

"En el huevo"

Emma Lidia Squillari

Kalandraka, 2020


 ¿Qué puede haber en 12 huevos? La respuesta la encontramos en esta historia tan divertida como transgresora. Esos doce huevos, de aves, mamíferos y reptiles, acaban por romper el cascarón y diversas criaturas ven la luz, un erizo, un pato, un lagarto, un pingüino.... Una voz en primera persona va narrando los acontecimientos, a la vez que siembra de intriga el relato porque, conforme avanzamos, hay menos criaturas y, a la vez, menos espacio. ¿Qué ocurre? La respuesta la vamos intuyendo conforme uno de los animales va creciendo, aunque no es hasta el final en que, asombrados, descubrimos parte de la verdad.

Una serpiente pitón va tragando uno a uno a todos los animales, pero no siente reparos al hacerlo, ni se excusa, no está en su naturaleza que es lo que a ella la guía. Ahora bien, no sabe que hay otros animales que también tienen mucho apetito, quizá más que ella. Eso deberá averiguarlo el lector.

En "El huevo" las ilustraciones son llamativas y cambiantes, permiten que nos hagamos una composición espacial conforme va avanzando el relato. A medida que la pitón crece, mengua el espacio y desaparecen los animales. Es ley de vida y es una ley natural. De alguna manera lo que se nos narra, si aspavientos, de manera divertida, es una cadena alimentaria. No hay ni que edulcorarla ni que hacer que todos los animales se vayan juntos a merendar, por ejemplo. La propuesta de Emma Lidia Squillari está bien construida, es sencilla y tan breve como efectiva.

El libro va destinado a los no lectores, a partir de tres años e, insistimos, es una propuesta llena de humor y de ironía acerca del mundo animal. Además, las ilustraciones son tan expresivas que invitarán al niño a mirarlas una y otra vez para descubrir nuevos detalles.

No le cogemos manía a la pitón, no podemos, ella misma sabe que se ha saltado las normas de cortesía, pero no podía hacer otra cosa. Ese es un buen tema para que abrir una reflexión acerca de las emociones y de la posibilidad que sí tenemos los humanos de poder cambiar nuestra manera de ser.

sábado, octubre 31, 2020

 

"Siete llaves para abrir los sueños",

Alfredo Gómez Cerdá - David Pintor,

Kalandraka, 2020

Érase una  vez un escritor que había vivido en la ciudad que tenía de todo y había aprendido que los niños necesitan soñar para crecer. Este escritor sabía acompañar en la dudas, en los miedos, en las quimeras y, sobre todo, era capaz de poner el dedo en la llaga porque sus lectores le merecen el mayor de los respetos y  sabe que no se les puede engañar con voces dulces y almibaradas. Estamos hablando, por supuesto, de Alfredo Gómez Cerdá quien no necesita más presentación que su propio nombre y sus libros que hablan por él. 

Alfredo Gómez Cerdá en "Siete llaves para abrir sueños" logra algo muy complicado: desaparece detrás de los escritores a los que recrea ya que esta siete llaves no son otras que Gianni Rodari, Tomi Ungerer, Astrid Lindgren, Juan Farias, Christine Nöstlinger, Roald Dahl y Gloria Fuertes. No pretende hacer una semblanza biográfica, sino que va más lejos, Cada uno de los siete relatos que forman el libro podrían perfectamente ser una novela ya que contienen todos los elementos necesarios. Cada uno de estos escritores, a su manera peculiar, ha sido capaz, como el propio Alfredo Gómez Cerdá, de abrir la puerta de los sueños. 

En "La ventana de Rodari", Rodari, sin saberlo, es el causante de que la pequeña Chiara sea capaz de salir de dejar atrás a sus padres tóxicos y cruzar esa ventana mágica que la llevará directamente a la imaginación. En "Los prodigios de Tomi Ungerer" asistimos a algo insólito que ocurre en los libros del escritor y es que se mezclan sus personajes y sus objetos cobran vida. El escritor no da crédito a lo que le cuentan sus lectores, pero es tan fácil como verlo dibujar, ahí está el prodigio y ahí sigue estando. "Astrid Lindgren y la trenzas de Pippi" nos sitúa ya en la vejez de la escritora, cuando ya, por desgracia, no piede ver, pero sí sentir y mediar en un conflicto de okupas que la han escogido a ella por ser la creadora de Pippi, la niña transgresora y libre. "El baúl de Juan Farias" es un homenaje brillante a ese escritor que no necesitó mucho para tocar el corazón de sus lectores, solo sus recuerdos y sus sueños. "La lata de conservas de Christine" es un relato emocionante que recrea una de las novelas más conocidas de la escritora, "Konrad o el niño que salió de una lata de conservas", aunque aquí Konrad es un ratón que, por azares de la vida, acaba viviendo con la propia Christine, cuando era niña. "Los vampiros de Roald Dahl" es un divertido texto que muestra la faceta del escritor antes de serlo y de crear sus grandes personajes. "La moto de Gloria Fuertes" evoca la mítica moto con la Gloria Fuertes se movía por Madrid y le da una categoría mágica, como debe ser y, como, sin duda, fue.

Los lectores descubrirán nuevos textos, nuevas ventanas por las que saltar y aprenderán que se puede llegar al mundo de los sueños de distintas maneras, aunque siempre gracias a la imaginación. En esta ocasión son siete, como responde a la colección en la que se integra el libro "Siete leguas", pero podrían ser muchos más, aunque ninguno menos.

David Pintor ilustra cada uno de estos relatos con la fuerza de sus pinceles que son capaces de humanizar a estos escritores y presentarlos rodeados de aquello que los representa mejor, por ejemplo Astrid Lindgren aparece, ya anciana, pero como si fuera la propia Pippi Calzaslargas; a Juan Farias se le ve mirando por su catalejo, tan conocido en sus relatos; a Rodari se lo rodea de los objetos que aparecen en su "Gramática de la Fantasía" y a Gloria Fuertes la dibuja, ya mayor, con su ropa típica, pero montada en la moto, con muchas ganas de seguir viviendo y, de hecho, lo hace, en sus lectores.

En definitiva, "Siete llaves para abrir los sueños" es un libro miscelánea que nos ofrece siete caminos, siete planos del tesoro, siete itinerarios para seguir soñando.

jueves, septiembre 17, 2020


"Galdós un escritor en Madrid"

Carmen Fernández Etreros - Guillermo Menéndez Quirós

Oberón Libros, 2020

Este año 2020 se ha conmemorado el centenario de la muerte de Don Benito Pérez Galdós (1843-1920).  Si las circunstancias lo hubieran permitido, muchos más habrían sido los actos que se habrían celebrado en su memoria; aunque, seguro, que lo más importante es que se lea a Galdós, que las generaciones que aún no lo ha hecho se acerquen a él, sin prevenciones, y disfruten de una literatura directa, afilada, sagaz y siempre alerta. Fue Galdós uno de los escritores más prolíficos de la literatura española y un testigo de las turbulencias de su tiempo, que fue amplio y lúcido. 

La novela que nos ocupa se presenta en un formato muy actual, con la idea de demostrar que los ropajes externos se adaptan bien a las grandes obras, que Galdós, en este caso, acepta muy bien la modernidad y es capaz de convencer a los lectores más jóvenes con sus textos, con su palabra, con su discurso y con esa capacidad de obervación que siempre tuvo don Benito.

Carmen Fernández Etreros es la autora del texto escrito que se muestra de manera ágil, como sucede en la tipología propia del cómic. Galdós es el protagonista absoluto del relato. Se recuerda su llegada a Madrid, con solo 18 años. Galdós viajó desde Las Palmas para estudiar en Madrid, sí, pero, sobre todo porque su familia quería alejarlo del amor a su prima Sisita. Desde el pasado, cuando Galdós es ya un anciano, que ha perdido la vista y que es homenajeado, se recuerda su peripecia vital. Su llegada a Madrid, su afición a perderse por las calles, su curiosidad innata, la relación que mantuvo con las distintas mujeres que pasaron por su vida, aunque nunca se casó con ninguna y las dificultades que tuvo para abrirse camino en el mundo de la narrativa. Galdós viajó a París, con su familia, y allí descubrió a Balzac quien cambiaría su manera de entender la literatura. Todo eso, Carmen Fernández lo recoge, gracias a una exhaustiva documentación, de manera certera y muy directa. Galdós tuvo mucho que agradecer a su cuñada, que siempre creyó en él y le ayudó económicamente y a su hermana. Destaca también su hija María, a la que acabó reconociendo. No es de extrañar que sea la figura femenina quien se muestre como protagonista enorme en sus textos. Desde "La Fontana de Oro" a los "Episodios Nacionales", pasando por "Doña Perfecta" y "Fortunata y Jacinta", muchos son los grandes títulos que se mencionan en la novela de los que, incluso, se reproduce un fragmento, aunque muy bien integrado en la historia. Galdós se ganó la vida como periodista, aunque siempre con apuros, quiso fundar editorial propia y lo hizo, pero no le funcionó y mantuvo una relación compleja con Emilia Pardo Bazán. Destacan los momentos históricos que vivió en la capital de España, de los que Galdós fue testigo de excepción. El entierro de don Benito fue multitudinario y una muestra de afecto popular.

Realmente, la novela nos descubre momentos desconocidos, nos proyecta una figura real, de carne y hueso y nos conduce por los momentos importantes de su biografía. Destaca también el compromiso con la realidad que podemos observar en su obra teatral "Electra". 

Las ilustraciones de Guillermo Menéndez Quirós son imprescindibles para sentirse dentro de la peripecia vital del autor. Destaca su realismo, la cercanía con los personajes y una captación especial de los primeros planos, los rostros, las miradas. Dado que Galdós gustó mucho de pasear por Madrid y de descubrir nuevos rincones, no es de extrañar que Madrid sea también protagonista de la historia.

"Galdós, un escritor en Madrid" es una puerta luminosa, como un camino abierto hacia la lectura de Galdós. Gracias al texto, a las ilustraciones, los jóvenes y no tan jóvenes podrán entender la verdad que se esconde en los textos de Galdós, la agudeza de sus comentarios, su ironía, el juego que hacía con los nombres personales, la época que vivió y, sobre todo, valorar a un gran escritor que convendría releer porque, así, entenderíamos muchas de las claves de nuestro mundo. Por ejemplo, Galdós vivió también una epidemia en Madrid, la del cólera. Pueden cambiar las personas, pero las maneras de enfrentarse y superar los miedos y los retos de los que nos han precedido, nunca pasarán de moda.

Excelente y documentada revisión de la vida y obra de Benito Pérez Galdós; un regalo, no hay duda.


 
 

miércoles, junio 17, 2020

"El poeta de Velintonia. Homenaje a Vicente Aleixandre",
Emilio Calderón - Carmen García Iglesias
Edelvives, 2020

La memoria está hecha de sutiles retazos y, pese a ser frágil, su poder es inmenso y necesario. Emilio Calderón, muy buen conocedor de la vida y obra de Vicente Aleixandre, escribe, en el libro que nos ocupa, un relato en tercera persona que maneja lo realista y lo mágico ya que se mueve en el terreno propio de las palabras, la ofrenda perpetua a la imaginación. Villa Velintonia, en mi recuerdo, forma parte de mis clases de literatura en el instituto cuando uno de mis mejores profesores evocaba ese lugar, mágico, idealizado, como un oasis de libertad y de energía creadora. Entonces parecía que no pudiera tener fin y hoy, por desgracia, Villa Velintonia necesita un empuje de las instituciones y un compromiso firme para que vuelva a ser ese remanso de creación y la casa de las palabras; la casa de Vicente Aleixandre.
Vicente Aleixandre, uno de los miembros destacados de la llamada Generación del 27, fue uno de los pocos intelectuales que no marchó al exilio, su salud no se lo permitía. Él y alguno más, como su gran amigo Dámaso Alonso o Gerardo Diego se quedaron aquí y ayudaron a que la riqueza de la llamada Edad de Plata no se perdiera del todo o, al menos, no quedara en el olvido.
El poeta y su familia, procedentes de Málaga. aunque él había nacido en Sevilla vivieron en una casa en la hoy calle Vicente Aleixandre, la actual Villa Velintonia, que era el nombre de la calle entonces. El poeta estudió Derecho y Comercio, aunque tuvo que parar obligatoriamente por una dolencia renal que lo marcó para siempre. Muy relacionado con la Residencia de Estudiantes, Vicente Aleixandre comenzó en la década de los 20 a escribir sus poemas. Podemos recordar libros como "En un vasto dominio","Espadas como labios" o "La destrucción o el amor". En 1977 recibió el Premio Nobel, lo cual avala su trayectoria literaria. No obstante, Emilio Calderón no nos habla de eso, no, sino de la amistad que el poeta brindó siempre en su casa. Villa Velintonia era parada obligatoria para otros poetas quienes se sentían allí acogidos y reconocidos por Vicente Aleixandre. Con suma habilidad y calidez, Emilio Calderón nos habla de la relación de Aleixandre con otros poetas, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Pablo Neruda y, sobre todo, Miguel Hernández, a quien acogió con generosidad cuando el autor de las "Nanas de la cebolla", sin ningún aval económico, recaló en Madrid.
Un gato callejero a quien Vicente Aleixandre llama Verso es, de alguna manera, el hilo conductor del relato. Verso advierte la magia en el poeta y se deja seducir por él. Es capaz de pasar un rato al lado de Cernuda y de provocar a Miguel Hernández para que se suba a la rama de unos de los árboles del jardín a hacerle compañía e, incluso, aprecia, como el que más, no solo los piñones que comparte con Aleixandre y su perro sino las naranjas que trae consigo Miguel. También observa con curiosidad la mariposa del aire que Lorca parece invocar con sus versos y su interpretación al piano.
Verso también acompaña al poeta cuando llega la guerra y han de dejar su casa y refugiarse juntos hasta que pase ese fantasma del odio. Al regreso, Villa Velintonia no es ni sombra de lo que era. Por otra parte, los buenos amigos o han muerto o se han exiliado, pero Aleixandre no se deja doblegar y vuelve a reconstruir ese espacio de libertad para ofrecerlo a los jóvenes y convertirse, así, en un referente para ellos. 
"El poeta de Velintonia" no es solo un homenaje a Aleixandre, sino a todos los poetas con los que trató y a la fuerza de las palabras. El jardín parece hechizado con los versos que todos algún día enterraron en él y que parecen aguardarnos aún.
El relato no termina sino que presenta un final abierto. El poeta, es verdad, ya no está, al menos de forma física, pero lo que él amó no tiene por qué desaparecer. El gato se convierte en el centinela de la casa y arranca una y otra vez el cartel de "se vende". Al fin, un chico, descendiente de uno de los amigos del poeta, que también se llama Vicente, descubre a Verso y lo confunde con su nieto, cuando, de todos es sabido que los gatos tienen siete vidas, y decide que todo puede cambiar y volver a empezar, así cambia el cartel por este otro: "Casa de la Poesía. Se busca poeta". Y con ese mensaje nos quedamos, con la idea de que Villa Velintonia vuelva a ser la casa de la poesía. 
Carmen García Iglesias ilustra de forma realista, pero sin renunciar a la magia, este relato y nos permite observar a Vicente Aleixandre, sentado en su butaca, a Lorca tocando el piano, a Miguel Hernández sentado en el árbol; así como permite que contemplemos las flores del jardín, esos versos que dan fruto, las naranjas de Miguel Hernández que son tesoros dorados o la propia casa del poeta, resistente y con vida propia.
Emilio Calderón narra una historia llena de guiños para el lector adulto y muy emocionante para el lector infantil. Intercala versos en el texto y consigue una historia poética, viva y muy actual;  sin duda, una historia necesaria.
Rafael Alberti, en la primera parte de "La arboleda perdida", da muchos detalles acerca de su generación y de sus amigos y muestra la faceta más humana de todos ellos, como hace Emilio Calderón quien deja a Verso, a quien queremos imaginar aún vivo, como guardián permanente de una casa que no se puede destruir porque guarda los mejores tesoros que nos podamos imaginar, los de la amistad y la poesía.