lunes, febrero 22, 2021


 "Ben"

Care Santos,

Edebé, 2021

(Periscopio, 106)

 

Hay personas que no se dejan conocer y que dejan a su paso una aureola de miedo e, incluso, de extraña fascinación, aunque nunca han sido felices ni nunca han sabido qué era el amor de una familia. Esas personas se encaran al presente y luchan, de manera equivocada a veces, contra su propio futuro. A menudo son personas duras como el pedernal que parecen no tener fin, aunque, si se despistan un segundo, su extraño puzzle vital se viene abajo y se les acaba la función. Ese es Ben, a quien conocemos, de forma indirecta, de la trilogía protagonizada por Éric, "Mentira", "Verdad" y "Miedo". De alguna manera es la pieza que nos faltaba para entender toda la historia y Care Santos nos lo ofrece, aunque, discretamente, se retira y deja que sea el propio Éric el narrador y así se desgranan los hechos en torno a un muchacho cuyo único delito fue nacer. No es de extrañar que fuera un niño serio que nunca sonriera porque el peso de su infancia, de su adolescencia era demoledor.

Arranca el relato con el entierro de este chico, un joven de 24 años, al que nadie quiere recordar y al que todos le tienen miedo. Después, poco a poco, mediante capítulos muy breves y directos, vamos entrando en momentos de su vida. Conocemos a su madre, a su abuela, a su padrastro... Conocemos sus querencias, sus deseos de medrar... Conocemos los problemas que tuvo, su fama de gallito, su fama de busca problemas... Conocemos el momento exacto en que comenzó a internarse en un camino sin retorno... Pero también conocemos el afecto que sentía por Éric, por los débiles, por las causas perdidas. De vez en cuando es el propio Ben quien se asoma a las páginas con unos diálogos que mantiene con la psicóloga del centro de menores en el que estuvo interno por agredir al padre de Éric. Son diálogos furiosos, llenos de rabia, de angustia, de rencor, diálogos que piden ayuda y comprensión a manos llenas.

El libro parte de una pregunta dura y de sus posibles respuestas: "¿Serías capaz de matar a una persona?". A partir de esa reflexión dura y directa se inicia el relato que, como hemos dicho, empieza por el final, aunque eso no obstaculiza que el lector, sin aliento o conteniéndolo, quiera beberse la historia y entender, a veces incluso justificar, el comportamiento de Ben. Todos dirían que fue un perdedor, que fue un fracasado, que trapicheó, que jugó con fuego y se quemó... Todos, sí, pero solo Éric, que lo conoció bien, todo lo bien que alguien pudo hacerlo, es capaz de recomponer un retrato de soledad, de dolor, de falta de afectos, de frustraciones, de miserias.

"Ben" está escrito con garra, con rapidez, con energía, con rabia también. Mantiene una estructura que, poco a poco, va cercando al personaje, que poco a poco lo va dibujando, a la vez que se acerca al final. Conocemos de cerca a ese Ben que es el causante último de la trilogía y a todos los personajes que, de alguna manera, lo acompañaron y los vemos en un estadio anterior, cuando aún faltaba tiempo para que Éric se metiera también en problemas o, mejor aún, se hiciera cargo de los de su primo Ben. Antes creíamos que Ben, que realmente no era familia del muchacho, se aprovechó de su edad e inocencia, pero, después de leer estas páginas no sabemos muy bien qué pensar. Solo que es un relato magnífico que se compromete con la vida y que no deja ningún cabo suelto.

 

jueves, febrero 11, 2021


"El círculo escarlata",

César Mallorquí

Edebé, 2020.

Muchos años después, recordamos a Javier y su extraordinaria aventura en Las lágrimas de Shiva, Premio Edebé 2002. . Exactamente  más de 18 años desde que César Mallorquí publicara ese libro emblemático, que tantas satisfacciones le ha dado, a él y a sus lectores. De hecho, nos apetecía volver a encontrarnos con Javier y ver cómo había evolucionado, cuáles eran sus intereses y sus motivaciones en la vida. Sobre todo, vamos a confesarlo, nos apetecía volver a Villa Candelaria. Y César Mallorquí nos lo ha concedido. Lo que para los lectores han sido 18 años, para los protagonistas se han convertido en cuatro años, tiempo suficiente de dejar la adolescencia y entrar en la primera juventud.

Los planes de Javier no son, en absoluto veranear en Santander, pero se tuercen sus planes y acaba aceptando la oferta de sus tíos y, sobre todo, de su prima Violeta que le pide un extraño favor. En Villa Candelaria todo sigue igual, aunque sus primas han crecido y Violeta solo parece ver en Javier a un primo sin más, lejos de la imagen que él tiene de ella.

En primera persona, de forma ágil, bien trabada y sin tiempos muertos, Javier, desde el pasado, nos recuerda ese otro momento en que tuvo que enfrentarse a un fantasma que no era, ni de lejos, tan amable como el de Beatriz Obregón, pero tampoco tan repulsivo como empezamos a intuir cuando nos adentramos en los misterios de  Mansión Kraken.

La novela es un homenaje a Lovecraft como verá el lector, conforme avance en el relato, pero no solo eso, sino que se proyecta en un pasado cercano, el de la transición y nos muestra, frescos y potentes, unas formas de vivir y unas aspiraciones que son tan nuestras como de Javier. Hay alusiones a la represión franquista, a las logias masónicas e, incluso, a las fortunas amasadas sobre la sangre de miles de esclavos. Hay también ilusiones personales, aspiraciones de esas que son anónimas, pero que nos llegan al alma. El fantasma real de Mansión Kraken es todo un hallazgo que, sin duda, cambia la historia y su percepción, pasa de terrorífica a tierna. No se olvida el autor de las relaciones humanas, entre padres e hijos, entre hermanos -no siempre buenas-, entre personas solitarias que buscan compañía y, por supuesto, el amor y la amistad.

No son pocos los momentos de humor, de ironía que destila la novela porque Javier es un muchacho despierto, ocurrente, que cuenta lo que le ocurrió con una gran naturalidad y cercanía.

Javier, durante el verano del 73, descubre mucho acerca del alma humana y descubre que detrás de la indiferencia igual se oculta el amor -aunque es su prima pequeña, más inteligente que nadie, quien lo vaticinó desde el principio- y aprende que la belleza externa por muy explosiva que sea, como la de Elena, no sirve para dejar de hacer lo que es justo y moral. Javier evoluciona como persona y aprende a no juzgar y a comprender y a perdonar.

Dicen que nunca segundas partes fueron buenas, pero esta frase hecha no puede aplicarse a la novela que estamos comentando que gustará a jóvenes y a mayores, a todos esos ya adultos que conocieron a Javier y a sus propios hijos, tal vez. Es más, puede leerse con independencia de la primera parte, aunque aconsejamos que no se haga, si uno quiere enriquecerse un poco más con una buena lectura.

El relato, en definitiva, es redondo, se cierra con un final, como dice Javier, "asquerosamente feliz" y con una muy buena sensación. "El círculo escarlata" es uno de esos libros que crean adictos.
 

 

lunes, enero 04, 2021

"La cuerda y el aire",

Alejandro Arias de Celis,

LibrosIndie, 2020

 

Alejandro Arias parte de un verso de César Vallejo para titular este su primer poemario en solitario. "La cuerda y el aire" está formado por 128 poemas, que siguen numeración romana y que, a primera vista, pudieran parecer sonetos, aunque no lo son, porque el poeta gusta de crear trampantojos y de jugar con lo que parece y lo que no es. Sus versos son potentes y están muy enraizados en la tierra, en lo cotidiano, que, gracias a Alejandro, adquiera categoría poética. Se caracterizan por un lenguaje directo y por un uso importante del encabalgamiento lo cual nos hace estar siempre empezando de nuevo, como en la vida misma. 

En cada uno de sus poemas se cuenta una historia marcada por unos versos finales que suelen encerrar la esencia del propio poema; es como una almendra envuelta en su cáscara, ni dulce ni amarga, primero la cáscara y, para terminar, en unos versos, o tres o seis, una almendra cargada, a su vez, de nuevos enigmas y de más preguntas porque Alejandro Arias siempre está empezando, siempre está pensando en el valor de la palabra, en buscar su esencia ya que es consciente de que no es fácil de hallar y eso le crea alguna zozobra y alguna incertidumbre que tampoco es ajena a sus versos: "por eso no vacilará / la mano que sostiene el lapicero, / dispuesta a aniquilar / estos muy mal trabados versos".

Confiesa el poeta que, en la actualidad, está "a otras cosas", que estos poemas ya no le pertenecen del todo, que son ya de quien los lea, como bien diría don Antonio Machado. No obstante, sí, si hacemos caso del título, entenderemos que vienen marcados por una dicotomía: "mejor sería reinventar / la boca, el ojo, el sexo, / darle la vuelta al guante, a ver si así".

 A menudo, la realidad, los sueños, las percepciones no son o blancas o negras, si no que, como ocurre con los antónimos, se establece una gradación que va de la luz a la oscuridad, del dolor a la salud, de la alegría a la tristeza, del saber al ignorar... de la cuerda al aire: "cuando termina cada tarde y / cuelga en los labios la / inútil cuerda del deseo". Por un lado, la cuerda, en medio de lodo, podríamos decir, tratando de amarrar, de dirigir, de enconsertar, de ordenar lo que, a veces, es en sí un caos; por otro lado, el aire, dando margen, dejando fluir, permitiendo la duda, el misterio. Sí, la cuerda y el aire, o lo que es lo mismo: "Algunas hebras de / serenidad para la almohada".

Decíamos al principio que el poeta sabe muy bien del poder de las apariencias y de la capacidad que tienen nuestros sentidos para incitarnos al error y eso, lejos de incomodarlo, hace que se sienta mejor, siendo consciente de su vulnerabilidad porque parece que estemos condenados a repetir los patrones ajenos y ese hastío del que tanto sabía el poeta sevillano y que Alejandro, que bebe en su fuente, conoce tan bien conoce: "chisporrotean las palabras, a / través de la ventana mira el niño / la lluvia gris, el tiempo que no pasa".

Es el amor y el desamor, el deseo y el desapego, la soledad y las gentes que van y vienen lo que hace que estos poemas se levanten fuertes y enérgicos blandiendo su verdad: "alzas la antorcha que custodias y / arden los ojos asombrados con / la luz que tiembla antes del alba". Es esa angustia por no hablar o por callar demasiado o por no saber o saberlo todo: "cómo has venido a dar / con la carta peor de la baraja, /esa que yo te ofrezco".

"La cuerda y el aire", como una de cal y otra de arena, ha de leerse despacio, con calma, con ternura, incluso, sorteando los versos, las palabras duras, esas otras más blandas, las quimeras, las decepciones, las ausencias porque "Lo demás, por demás, sigue a su modo; / es vida sin apodo, fíjese, / sin acomodo, así, calle sin más". 

Al fin y al cabo, "La cuerda y el aire" no son más que eslabones de la cadena de una vida: "destrezas de ese oficio de ser hombre / para ganar lo que antes se me daba / solo con el vivir, con el deseo."

 


 

domingo, enero 03, 2021

"La niña botella"

Ana Isabel Fraga Sánchez

Mandala, 2020 (Niños poderosos)

 

"La niña botella" es un relato breve destinado a los primeros lectores que conviene que conozcan sus padres y educadores pues puede ayudar mucho a saber gestionar el estrés o las situaciones de especial nerviosismo.  De hecho, su propia autora, Ana Isabel Fraga, así nos lo presenta, aunque no se trata de un texto didáctico, lleno de consejos y de digresiones, no, en absoluto, si no que es un cuento fresco, directo y vivaz.

La pequeña Lilit, que solo tiene 6 años, acaba de mudarse con su familia a una gran ciudad desde un pueblo muy pequeño y, aunque le gusta mucho su nueva casa, ir a los parques o visitar los centros comerciales, se está volviendo antipática y contestona con los que más quiere; es más, rompe a llorar sin aparente motivo. Su madre opta por hablar con ella y explicarle, y explicarnos, de forma sencilla y eficaz, qué le está pasando a la niña y cómo puede solucionarlo. Resulta que Lilit está muy cansada del viaje, muy agobiada y demasiado estimulada con su nueva situación y debe aprender a controlar esas emociones que amenazan con arrastrarla. 

Lilit ha convertido en una niña botella, como le explica su madre en un diálogo tierno y transparenteargado de fuerza y de luz. Con cada nuevo estímulo su botella se está llenando de ruidos, de sensaciones extrañas, de nuevas experiencias y si el agua llega arriba ha de salir y lo hace en forma de pataleta o de irritabilidad. Para que eso no pase, Lilit averigua que tiene un tapón que puede abrir cuando quiera para que su botella no rebase los límites de su bienestar. A partir de ese momento, Lilit va a aprender conocerse un poco más y a estar pendiente del agua porque no es aconsejable que su botella se llene del todo. Eso sería, claro, la gota que colma el vaso.

Gracias a "La niña botella" niños y grandes averiguamos, de esa manera metafórica, que tenemos una válvula de escape y que podemos autogestionarnos para no caer en el estrés ni en los nervios desmesurados. Un buen consejo el que nos da Ana Isabel Fraga, aunque, insistimos, sin moralinas ni pedagogías huecas.

Las ilustraciones de Alejandra R. Bueno completan el relato y nos presentan a una niña, con los colores y de una manera muy expresiva, como Lilit va cambiando de emociones y explotando hasta volver al punto de partida y ser de nuevo la niña dulce y tranquila de siempre.


 

sábado, enero 02, 2021

"Desde 1880"

Pietro Gottuso

2020, Kalandraka

"Desde 1880" es una novela gráfica que podemos que no necesita muchas explicaciones, ya que sus ilustraciones son tan vivas, directas y eficaces que todos, cualquier lector, desde 6 años, puede entender la historia que se nos narra que no es, ni más ni menos, que la de una librería inaugurada en 1880 y que, aunque ha podido con crisis de todo tipo, no ha superado la actual y 140 años después ha tenido que cerrar. Nos debería sonrojar que las librerías tuvieran que cerrar cuando, hoy más que nunca, los libros han demostrado su poder balsámico frente a las zozobras que estamos viviendo.

La Librería que se nos presenta, parece que inspirada en una italiana, ocupaba los bajos de un edificio con solera y, desde sus amplios ventanales, contempló el mundo sin claudicar. La vida pasa delante de la Librería, cambian las modas, cambian los negocios que la rodean, cambian los dueños, pero sigue su esencia; incluso es capaz de sortear los tiempos duros de las guerras; pero tal vez no pueda competir con los avances tecnológicos que la sustituyen, finalmente, por una tienda de verduras y frutas.

Interesa mucho que el lector se fije en las ilustraciones y en los detalles de, por ejemplo, la ropa de los personajes o los peinados o el color del fondo porque marca el devenir de esa librería de una forma importante y decisiva. También debemos fijarnos en los distintos tipos que aparecen, de diferentes razas y culturas que deberían ser motivo de riqueza, no de cierre.

"Desde 1880" es un toque de atención, un golpe a nuestras conciencias, a esta sociedad materialista en la que los pequeños negocios son engullidos y en la que la cultura parece como un caramelo que se chupa y se tira. Por eso es un libro valiente y necesario porque nos hace pensar y, sin duda, ahí tras un pensamiento está una acción y tras una acción un cambio.

El libro ha obtenido el XIII Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados 2020 y es, ni qué decir tiene, un excelente regalo de Reyes.


 

jueves, noviembre 05, 2020

 

"En el huevo"

Emma Lidia Squillari

Kalandraka, 2020


 ¿Qué puede haber en 12 huevos? La respuesta la encontramos en esta historia tan divertida como transgresora. Esos doce huevos, de aves, mamíferos y reptiles, acaban por romper el cascarón y diversas criaturas ven la luz, un erizo, un pato, un lagarto, un pingüino.... Una voz en primera persona va narrando los acontecimientos, a la vez que siembra de intriga el relato porque, conforme avanzamos, hay menos criaturas y, a la vez, menos espacio. ¿Qué ocurre? La respuesta la vamos intuyendo conforme uno de los animales va creciendo, aunque no es hasta el final en que, asombrados, descubrimos parte de la verdad.

Una serpiente pitón va tragando uno a uno a todos los animales, pero no siente reparos al hacerlo, ni se excusa, no está en su naturaleza que es lo que a ella la guía. Ahora bien, no sabe que hay otros animales que también tienen mucho apetito, quizá más que ella. Eso deberá averiguarlo el lector.

En "El huevo" las ilustraciones son llamativas y cambiantes, permiten que nos hagamos una composición espacial conforme va avanzando el relato. A medida que la pitón crece, mengua el espacio y desaparecen los animales. Es ley de vida y es una ley natural. De alguna manera lo que se nos narra, si aspavientos, de manera divertida, es una cadena alimentaria. No hay ni que edulcorarla ni que hacer que todos los animales se vayan juntos a merendar, por ejemplo. La propuesta de Emma Lidia Squillari está bien construida, es sencilla y tan breve como efectiva.

El libro va destinado a los no lectores, a partir de tres años e, insistimos, es una propuesta llena de humor y de ironía acerca del mundo animal. Además, las ilustraciones son tan expresivas que invitarán al niño a mirarlas una y otra vez para descubrir nuevos detalles.

No le cogemos manía a la pitón, no podemos, ella misma sabe que se ha saltado las normas de cortesía, pero no podía hacer otra cosa. Ese es un buen tema para que abrir una reflexión acerca de las emociones y de la posibilidad que sí tenemos los humanos de poder cambiar nuestra manera de ser.

sábado, octubre 31, 2020

 

"Siete llaves para abrir los sueños",

Alfredo Gómez Cerdá - David Pintor,

Kalandraka, 2020

Érase una  vez un escritor que había vivido en la ciudad que tenía de todo y había aprendido que los niños necesitan soñar para crecer. Este escritor sabía acompañar en la dudas, en los miedos, en las quimeras y, sobre todo, era capaz de poner el dedo en la llaga porque sus lectores le merecen el mayor de los respetos y  sabe que no se les puede engañar con voces dulces y almibaradas. Estamos hablando, por supuesto, de Alfredo Gómez Cerdá quien no necesita más presentación que su propio nombre y sus libros que hablan por él. 

Alfredo Gómez Cerdá en "Siete llaves para abrir sueños" logra algo muy complicado: desaparece detrás de los escritores a los que recrea ya que esta siete llaves no son otras que Gianni Rodari, Tomi Ungerer, Astrid Lindgren, Juan Farias, Christine Nöstlinger, Roald Dahl y Gloria Fuertes. No pretende hacer una semblanza biográfica, sino que va más lejos, Cada uno de los siete relatos que forman el libro podrían perfectamente ser una novela ya que contienen todos los elementos necesarios. Cada uno de estos escritores, a su manera peculiar, ha sido capaz, como el propio Alfredo Gómez Cerdá, de abrir la puerta de los sueños. 

En "La ventana de Rodari", Rodari, sin saberlo, es el causante de que la pequeña Chiara sea capaz de salir de dejar atrás a sus padres tóxicos y cruzar esa ventana mágica que la llevará directamente a la imaginación. En "Los prodigios de Tomi Ungerer" asistimos a algo insólito que ocurre en los libros del escritor y es que se mezclan sus personajes y sus objetos cobran vida. El escritor no da crédito a lo que le cuentan sus lectores, pero es tan fácil como verlo dibujar, ahí está el prodigio y ahí sigue estando. "Astrid Lindgren y la trenzas de Pippi" nos sitúa ya en la vejez de la escritora, cuando ya, por desgracia, no piede ver, pero sí sentir y mediar en un conflicto de okupas que la han escogido a ella por ser la creadora de Pippi, la niña transgresora y libre. "El baúl de Juan Farias" es un homenaje brillante a ese escritor que no necesitó mucho para tocar el corazón de sus lectores, solo sus recuerdos y sus sueños. "La lata de conservas de Christine" es un relato emocionante que recrea una de las novelas más conocidas de la escritora, "Konrad o el niño que salió de una lata de conservas", aunque aquí Konrad es un ratón que, por azares de la vida, acaba viviendo con la propia Christine, cuando era niña. "Los vampiros de Roald Dahl" es un divertido texto que muestra la faceta del escritor antes de serlo y de crear sus grandes personajes. "La moto de Gloria Fuertes" evoca la mítica moto con la Gloria Fuertes se movía por Madrid y le da una categoría mágica, como debe ser y, como, sin duda, fue.

Los lectores descubrirán nuevos textos, nuevas ventanas por las que saltar y aprenderán que se puede llegar al mundo de los sueños de distintas maneras, aunque siempre gracias a la imaginación. En esta ocasión son siete, como responde a la colección en la que se integra el libro "Siete leguas", pero podrían ser muchos más, aunque ninguno menos.

David Pintor ilustra cada uno de estos relatos con la fuerza de sus pinceles que son capaces de humanizar a estos escritores y presentarlos rodeados de aquello que los representa mejor, por ejemplo Astrid Lindgren aparece, ya anciana, pero como si fuera la propia Pippi Calzaslargas; a Juan Farias se le ve mirando por su catalejo, tan conocido en sus relatos; a Rodari se lo rodea de los objetos que aparecen en su "Gramática de la Fantasía" y a Gloria Fuertes la dibuja, ya mayor, con su ropa típica, pero montada en la moto, con muchas ganas de seguir viviendo y, de hecho, lo hace, en sus lectores.

En definitiva, "Siete llaves para abrir los sueños" es un libro miscelánea que nos ofrece siete caminos, siete planos del tesoro, siete itinerarios para seguir soñando.