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lunes, abril 02, 2018

La isla de las alucinaciones,
Joel Franz Rosell

Premium Editorial, 2017

La isla de las alucionaciones ha sido premiada con el V Premio Avelino Hernández de novela juvenil en su última edición, concedido por el Ayuntamiento de Soria. Es un relato organizado en torno a 17 capítulos, que nos lleva a la Cuba actual sin miedos ni reservas y que nos hace ver que los pueblos, por muy distintos que sean, pueden entenderse si así lo desean puesto que, como humanos, hay más puntos de unión que de diferencia.
Paloma, una joven adolescente española, está en Cuba para asistir a la boda de su tía Cata con el cubano Soto. Aprovechando el viaje va a ir con su amigo Jorge y otros amigos, Carbó y Kilito, a un pueblo imaginario situado en el nodeste de Cuba, La Chongolina.
Aprovecha el autor para aludir a la llegada, en condiciones casi de esclavitud, de más de 100.000 chinos a Cuba a mediados del S. XIX. Los descendientes de estos chinos son los pobladores de La Chongolina, el lugar donde vive la  familia de Maruchi, una de las jóvenes de la pandilla. 
Durante la primera parte de la novela, se nos narra una historia de jóvenes y de choques culturales superados con más o menos buen humor. Paloma todo lo guarda en su grabadora, incluido su diario personal que, sospechamos, es la propia novela, aunque narrada en tercera persona.
En La Chongolina son todos recibidos con agrado, aunque Maruchi hace todo lo posible por fastidiar a Paloma ya que la ve como a una rival frente a otro de los jóvenes, Jorge.
Hay un personaje que destaca entre todos. Nos referemos a Mamá Chong, la matriarca del poblado, una mujer de edad indefinida, que parece una vidente y que observa más allá de lo que los sentidos le ofrecen. Ella es quien alerta a los chicos acerca de la maldición de la llamada Isla de las Alucinaciones, muy cercana a la Chongolina. En esta Isla, misteriosa, en el pasado, se dieron casos de tráfico de esclavos y parece que la isla tenga su propia manera de ser. Eso llama la atención al grupo de amigos que acaban yendo a la isla, al principio diciéndolo y, después, de forma clandestina. Descubren otro misterio no menos duro que el tráfico de esclavos: el de drogas.
Así llegamos a la segunda parte de la novela, narrada de manera más rápida, con más acción e intriga. Los jóvenes destapan un caso de tráfico de drogas que tenía a la isla como base de lanzamiento, por así decirlo. No obstante, la policía a la que acuden estaba también implicada en el sucio asunto y la aventura está al punto de terminar mal, sobre todo para Maruchi y Paloma quien, secuestradas, acaban en Miami antes de regresar a Cuba. Sin duda, la emoción impregna las páginas de la novela.
La Isla de las Alucinaciones es una novela contra los prejuicios, contra los tópicos culturales y a favor de la interculturalidad. Es una novela viva, muy bien narrada, con unas descripciones certeras y con un diálogo real que nos permite conocer, de primera mano, a los personajes. Una novela juvenil, sin duda, pero que ha de ser del gusto de cualquier lector porque contiene intriga, acción, testimonio humano y crítica social.
Entre Maruchi y Paloma se acaban derribando las barreras porque, al fin, se conocen y eso, sin duda, es un ejemplo para todos los lectores y cualquier prejuicio que alberguemos. De alguna manera, podemos definir la novela como "iniciática" y no solo para Paloma y Maruchi, sino para todos los demás.
La Isla de las Aluciaciones se cierra con una promesa. Paloma embarca para España mientras Jorge le promete que irá a visitarla. Ese final abierto sugiere, y así lo deseamos, una nueva entrega de las aventuras de estos jóvenes.

lunes, julio 13, 2015

Gatito y las vacaciones,
Joel Franz Rosell - Constanze v. Kitzing
Kalandraka, 2015.

Gatito y las vacaciones es un relato muy oportuno puesto que llega a los niños justo en el momento de empezar las vacaciones. Podríamos pensar que, tras el curso, las vacaciones colman las expectativas del niño, pero no siempre es así, como le ocurre al Gatito, protagonista del relato.
Joel Franz Rosell escribe, de manera muy clara, con una estructura marcada y acumulativa, acerca de otras posibilidades estivales. Los amigos de Gatito hablan de sus planes veraniegos, mientras que Gatito se mantiene callado. Pata se irá a la playa, Conejita a casa de los abuelos, Ardilla se repatirá entre un camping y la montaña, Erizo se irá al extranjero... Ahora bien, pese a que, inicialmente, estas vacaciones parecen estupendas, hay algo que no se le escapará al lector. Los amigos de Gatito tienen ya marcadas sus vacaciones y suena muy bien eso de ir a la playa o al extranjero; pero, el inconveniente, es que no estarán con sus padres o no con los dos a un tiempo. El padre de Pata no puede veranear porque trabaja, lo mismo ocurre con los padres de Conejita; en cambio los de Ardilla están separados y, para colmo, Erizo va a  Inglaterra solo y se alojará en casa de unos parientes lejanos.
Gatito llega a casa y pregunta, uno a uno, a todos los miembros de su familia. Es la madre quien le da la respuesta: "Nos quedaremos aquí, no vamos a ninguna parte". Gatito se siente frustrado, piensa que sus amigos se lo pasarán mejor que él, aunque no ha pensado en algo distinto que le recuerda su madre: la familia de Gatito veranerará junta. Por lo tanto, no importa dónde vayas, sino con quién estés y ese es un mensaje importante e, insistimos, muy oportuno, para los niños.
En plena crisis económica y moral, parece fácil dejarse impresionar por los demás, cuando lo importante es sentirse parte de una familia y saber valorado y querido. A menudo, las vacaciones se convierten en un despropósito en el que se compite a ver quién ha ido más lejos. En tu propia ciudad, seguro, hay tantos detalles que no conoces que puedes aprender a verla con ojos de turista.
Los modelos familiares han cambiado y también las formas de vivir. Lo importante es que cada uno se sienta a gusto con sus decisiones y sus posibilidades. Gatito no viajará al extranjero ni irá a la playa, pero, como le dice su madre, tendrá unas vacaciones fantásticas.
Interesa insistir en un punto. Los compañeros de Gatito no presumen de vacaciones, solo muestran sus planes y, de paso, queda claro, que no hay un modelo mejor que el otro, que las necesidades son distintas y, por lo tanto, también lo es el ocio. Cuando Pata, Conejita, Ardilla, Erizo y Gatito se reencuentren en septiembre tendrán mucho de que hablar. Seguro.
Las ilustraciones de Constanze v. Kitzing muestran, los rostros de los personajes para marcar mejor las emociones. Los ojos, el gesto, la boca son elementos muy importantes en estos dibujos en llos que se muestran los animales, vestidos como humanos, pero sin perder su aspecto animal. 
Los cuentos de animales son muy queridos por los niños y, este, destinado a los pequeños desde 4 años, sin duda, no será una excepción. 
Interesa destacar también que Joel Franz Rosell no opina ni se posiciona porque pretende mostrar que todos los modelos familiares son válidos, que no hay uno mejor que otro. El personaje de Gatito, que aparece ya en otros relatos de los mismos autores, sigue acompañando al pequeño lector, en esta ocasión, en sus vacaciones.