domingo, mayo 17, 2015

Al otro lado,
Maurice Sendak,
Kalandraka, 2015 (libros para soñar)

Hay algo de enigmático en Sendak, algo que no se acaba de percibir, que flota en sus textos y en sus ilusyraciones. Sendak crea criaturas extrañas, con un punto de extravagancia y,en algunos casos, grosería, pero siempre hay un niño quien, saltándose las normas, logra darle la vuelta a la situación y, con dudas e imperfecciones, sale airoso.
Los niños de Sendak no son niños modelos, no son niños de exposición, son niños con sus particularidades, con imaginación, con ganas de jugar, con pensamientos encontrados y, sobre todo, con miedos y dudas. Contra esos miedos y dudas lucha Sendak quien, de alguna manera, luchaba contra sus propios demonios interiores y lo hacía de la mejor manera: escribiendo y dibujando.
Al otro lado es la tercera parte de la trilogía sobre los sentimientos, formada por La cocina de noche y Donde viven los monstruos, ambos también reseñados en "Voces de las dos orillas". En esta ocasión, hay una particularidad porque el protagonista no es un niño, sino una niña, Aida. Aida tiene una vida complicada porque su padre "estaba en el mar" y su madre "bajo la pérgola" y es Aida quien tiene que cuidar de su hermana pequeña, un bebé regordete que le impide jugar, puesto que Aida la cuida con prisa, mecánicamente, hasta que el bebé desaparece y comienza, para Aida, una aventura que la llevará a conocerse a sí misma. Eso sí, parte de un error: sale "por el otro lado" donde todo es al revés, donde nada es lo que parece. Aida se enfrenta a sus propios miedos y sale victoriosa, regresa con su hermana, justo a tiempo para escuchar como su madre le lee una carta del padre ausente en la que le pide que cuide de su familia.
La responsabilidad de Aida es enorme y no debería recaer sobre ella, sino sobre su madre que se muestra ausente y contemplativa. En el fondo, el mismo Sendak confiesa que se inspira en él mismo y en su hermana porque, a veces, las relaciones entre hermanos, no son plácidas y tienen momentos oscuros.
Se me permitirá una nota personal que me acerca al relato y me conmueve. Mi madre, que tiene 74 años, es la segunda de seis hermanos y le tocó cuidar de los menores. Cuenta, entre nostálgica y melancólica, que, a los seis años, mientras su madre trabajaba en el campo o en casa, ella llevaba siempre en brazos a su hermano, al que ahora adora, pero buscaba cualquier excusa para irse a jugar porque... era una niña y los niños, no lo olvidemos, como no lo olvida Sendak, tienen unos intereses distintos a los de los adultos y necesitan jugar.
Aida convierte su propia vida en ese juego que tanto anhela y, siguiendo muy de cerca los cuentos de hadas, logra vencerse a sí misma y protagonizar una aventura digna de la mejor heroína.
Sendak no renuncia a ser fiel consigo mismo, no busca soluciones fáciles, no es edulcorado ni toma al niño por inútil, al contrario. Sus ilustraciones son espectaculares. Uno no se cansaría nunca de conteplarlas. Se nota la influencia de los pintores románticos alemanes en las mismas. Los vestidos, los detalles, la luz que se advierte, esa especial atmósfera en la que Aida se mueve son piezas fundamentales en el libros. Por otro lado, hay distintos símbolos, el cuerno mágico que Aida siempre toca para entretener a la niña a la  que no mira nunca, el bebé que se convierte en un bebé de hielo, la pérgola, la carta y la voz de su padre, la capa amarilla de su madre, el arroyo, la música, el mar...
Al otro lado no es un relato fácil, pero es rotundo y hermoso en su conjunto. Es un relato que merece una lectura atenta y que hará pensar mucho a los adultos y permitirá a los niños sumergirse en un mundo mágico, cercano a los cuentos y a sus propios sentimientos. 
Nos parece un acierto retomar este álbum ilustrado, escrito en 1981, y ofrecerlo a los pequeños lectores, desde 8 años, del S. XXI. Al otro lado sigue habiendo monstruos para cualquier niño, pero es posible vencerlos. En este caso, son duendes bebés, que, como una pesadilla, invaden la vida de Aida, pero ella, igual que el niño de Dónde viven los monstruos, logra superar y, lo que es más, importante, engañar para alcanzar y reconocer el cariño real que siente por su hermana.

martes, mayo 05, 2015

Napoleón puede esperar,
Ana Alcolea,
Pearson, 2012.


Napoleón puede esperar es un relato de ilusiones compartidas que se truncan, de confesiones a media voz, de dolor, de ausencia, de amor y de amistad. Ana Alcolea mantiene una estructura que comienza a ser una seña propia de indentidad narrativa, ya que ofrece dos historias y dos acciones que, de alguna manera, se dan la mano.
En el pasado, a principios del S. XVIII, conocemos al teniente de las tropas napoleónicas, Gerard Lacombe, quien ha sufrido la campaña de Egipto y no comparte las ansias de expasión del pequeño corso, como se llama, a menudo, a Napoleón. Para Gerard es muy difícil volver a la normalidad, después de tanto sufrimiento y dolor, aunque lo logra gracias al amor de si vida, Elisabet. No obstante, sabe que es un tiempo prestado porque ha de retornar a la lucha. Esta vez en la campaña española, en plena guerra de la Independencia.
En el presente, Pablo e Isabel, dos jóvenes unidos por el dolor. El padre de Pablo y el hermano de Isabel han muerto en Afganistán. El funeral se oficia en la Iglesia de San Fernando, de Zaragoza, lugar emblemático para dos de los personajes, Gerard y el padre de Pablo.
Con buen pulso, Ana Alcolea va centrando las acciones. Pablo e Isabel acaban unidos frente a la adversidad y surge, entre ellos, el amor. Gerard vive el segundo sitio de Zaragoza y se horroriza ante los desastres de la guerra.
La escritora ofrece un retrato conmovedor y realista del sitio de Zaragoza. El hambre, la miseria, la falta de humanidad se dan la mano. Personajes reales e imaginarios conviven y, juntos, ayudan al lector a captar, al menos un poco, la sinrazón humana.
Un nombre une ambas historias, Goya. Tres lienzos de Goya, que estaban en San Fernando, desaparecen en la guerra y Ana Alcolea imagina un posible itinerario para uno de ellos, el que Santa Isabel. Gerard, sensible al arte, salva los lienzos y solo ese perdura. El lienzo une pasado y presente y es indispensable para entender la novela.
El nombre de Isabel es importante en el relato, en ambos tiempos, ya que siempre hay una joven de nombre Isabel o Elisabet. El milagro de Santa Isabel, además, que convirtió los panes en rosas es una metáfora de la inutilidad de la guerra.
Hay muchas pistas que ofrece la narradora. Lo cotidiano y lo épico se dan la mano en la novela. Por un lado, la madre de Pablo que siempre se siente mejor con una taza de té, por el otro Isabel que huele tan bien o Elisabet cuya fragancia acompaña a su marido en la campaña española. Los olores limpios y puros, al lado de la podredumbre propia de los momentos bélicos.
Podríamos decir que hay un personaje global,  impactante , que s la ciudad de Zaragoza, una ciudad que en la Guerra de la Indepencia sufrió como ninguna y, pese a los que la gobernaron, salió adelante. Una ciudad que tuvo grandes heroínas quienes, con su valor, trataron de solucionar los entuertos masculinos.
Hay también otros aspectos narrativos interesantes que podemos comentar. Pablo escribe en primera persona. Las vicisitudes de Gerard se cuentan en tercera persona, pero es un narrador omnisciente quien lo hace. Eso sí, se transcriben sus cartas que son un elemento que une, como verá el lector, ambas historias.
Zaragoza y París se muestran como dos escenarios importantes. El río Ebro y el río Sena, símbolo de lo que fluye y pasa, pero siempre ahí, permanentes.
Pese a la dureza de algunas descripciones, el mensaje de Ana Alcolea es esperanzador y son frecuentes las notas lírica en su relato. La piedad, la ternura, el afecto y la caridad siguen entre las personas. Y, en suma, siempre se puede ver la vida desde el otro lado porque las casualidades a veces existen. Y como dice la profesora de literatura de Isabel, "hay que darle la vuelta" a los acontecimientos.
En suma, Napoleón puede esperar es una novela muy bien construida, que ahonda en la psicología de los personajes y que sabe captar, desde el principio, la atención del lector.
Suponemos que no habrá sido una novela fácil para la escritora ya que, seguramente, en el proceso de documentación y escritura del relato, muchos sentimientos y emociones se le habrán despertado porque Ana Alcolea conoce muy bien Zaragoza, ya que es donde ha nacido, y el Canal Imperial, escenario importante también en la vida de los personajes.

domingo, mayo 03, 2015


47 trocitos,Cristina Sánchez-Andrade. Ilustraciones: Raúl Nieto Guridi
Edebé, 2015. (Tucán, 24).

¿Nos hemos preguntado cómo se sienten los niños al tener un hermano diferente? ¿No? Pues Cristina Sánchez-Andrade ofrece una respuesta que conmueve y emociona a partes iguales.
Pussy tiene una hermana, Manuelita, con la que se lo pasa muy bien, aunque no sea como ella. Manuelita es una niña distinta y especial, con los ojos rasgados y una evolución  personal y diferente. Eso a Pussy al principio le parece lo normal, pero ya se encargan algunos niños, a los que en el relato se califica de "niños cuervos", de hacerle sembrar dudas y miedos.
Manuelita es la hermana mayor y tiene síndroeme de Down, pero la única diferencia con los demás niños está en esos 47 trocitos, porque ella, en lugar de 46 cromosomas, tiene 47. Esa respuesta a Pussy no le vale y, poco a poco, su corazón se llena de resquemor: "También estaba harta de que su hermana le destrozara los juegos, de que otros niños no la dejaran jugar por su culpa y de tener que explicar que Manuelita ya tenía nueve años cuando en realidad parecía que tenía seis e incluso tres". Pussy actúa de forma dura con su hermana, pero no lo hace por maldad, sino porque no sabe cómo gestionar las diferencias. Después de distintos sucesos y, cuando Manuelita decide escaparse de casa, Pussy descubre que debe proteger a su hermana, que ella, aunque sea la pequeña, ha de actuar y estar a su lado y ese día, de verdad, comienza el camino hacia el afecto y la ternura entre hermanas. Cuando, al fin, las diferencias no son un obstáculo, cuando a Pussy ya no le importa lo que digan los demás, entonces, comienza a crecer.
47 trocitos  se estructura en 10 capítulos, tantos como años acaba cumpliendo Manolita. Está escrito en tercera persona, pero, en todo momento, nos parece escuchar el pensamiento de Pussy. El relato recrea muy bien, con sentido del humor y mucha frescura, las particularidades de Manolita, a quien no le pasa nada, no está enferma; simplemente es especial, como le ocurre al abuelo, a quien también consideran "raro". Es el abuelo, sabio y excéntrico, quien, ante las angustias se su familia, da con la solución cuando dice: "Los niños necesitan ser amados, pero también un poquitín desatendidos". Cuando a Manolita se la deje seguir su propia evolución, sin compararla con nadie, en ese momento será aceptada como es, sin fisuras.
El relato está dirigido a lectores desde 8 años y muestra, con humor, cariño y respeto, las situaciones cotidianas que se pueden vivir con un niño síndrome de Down. En ese sentido, los diálogos y reflexiones de Pussy son esenciales.
Las ilustraciones, de colores vivos, nos hablan de los aspectos simbólicos del relato, del paraguas, de los niños cuervo, del abuelo y de la propia Manolita, feliz e inocente. La portada, en ese sentido, es también una metáfora del amor entre las hermanas.
47 trocitos es un relato espléndido, luminoso y directo a los sentimientos. Un libro emocionante y necesario en esta sociedad nuestra en la que, a menudo, se arrincona a los diferentes. Y es que para amar hay que conocer.

sábado, mayo 02, 2015






Cómplices,
Lydia Carreras. Ilustraciones: Claudia Legnazzi,
La brujita de papel: Córdoba, 2008.
Edición especial para el Ministerio de Educación, 2014.

Cómplices es, sin duda, un libro valiente, de esos que no permiten concesiones y van directos a lo más hondo, al corazón. Hay palabras enormes como muerte, entierro o duelo que no se sabe muy bien cómo manejar con los niños. Lydia Carreras ofrece una respuesta: hay que escuchar más a los pequeños y ofrecerles lo que necesitan, no aspectos materiales, si no, realmente, lo que importa.
En este caso, el protagonista es un niño que, en primera persona, enhebra sus recuerdos, vivencias y dudas en torno a la muerte de su abuela y, sobre todo, a lo que ocurrió después. No es habitual encontrar en la literatura infantil la alusión tan clara al entierro o a los pormenores de las herencias.
El pequeño asiste, como en una película que no entiende, a las peleas familiares, a las luchas mezquinas por lo que era de la abuela y a esa falta de sensibilidad que a menudo adoptan los adultos cuando se trata de hablar de dinero o bienes materiales.
Hay, eso sí, algún aspecto positivo que anima al niño. Su madre y su tío, que no se hablaban, vuelven a hacerlo ante la muerte de su madre, la abuela. También, hay que agradecer a la abuela, que toda la familia se reúna en torno a la mesa y permita, al pequeño, disfrutar de sus primos y de una normalidad que, por distintos motivos, se perdió.
Varios personajes se asoman a las páginas del libro. La madre del narrador, su hermano, que es bien travieso, el tío Agustín y la tía Elba, que siempre está enfadada y es bastante egoísta. Por encima de todos planea la sombra amorosa de la abuela que llevaba mucho tiempo enferma, que parecía estorbar a veces a los mayores, aunque nunca a los niños; la sombra amorosa de la abuela que compartió un último secreto con su nieto. Ese secreto, que buscan los mayores desesperadamente, es el que nunca dirá el narrador porque, gracias a su desconcimiento, la familia parece haberse unido de nuevo. Mejor que sigan buscando el tesoro de la abuela, porque, mientras lo hagan, estarán juntos.
Cómplices es un relato escrito desde la perspectiva infantil, mantiene el tono oral en todo momento y los signos de puntuación se disponen de tal manera que, mientras leemos, nos parece escuchar la voz del pequeño.
Es un relato que no debería ofrecer al lector sin acompañamiento porque, quizá, no acabaría de entenderlo y le ocasionaría dudas. En cambio, si el padre, madre o educador comparte la lectura del libro con los niños y los va acompañando en los misterios de la vida, el niño crecerá de forma armónica y entenderá aspectos que, muy a menudo, se le hurtan.
Sea como sea, el recuerdo de la abuela ilumina el relato- La abuela les forraba los libros, les preparaba la leche y les contaba cuentos. "La extraño un poquito. Un poquito bastante, pero no lloro porque ella me dijo antes de irse que yo tenía que ser fuerte como el Capitán Escarlata", piensa el narrador. El niño vive, de esta manera, su ausencia con normalidad; son los demás los que se confunden, los que crean dramas fuera de lugar, los que generan la atmósfera de angustia. Con eso queremos decir que los niños son capaces de entender la realidad si, eso sí, se les explica bien.
Las ilustraciones de Cómplices acompañan, con su planteamiento, el tono realista del relato y muestran, sin miedo, las escenas del duelo o de las disputas, pero también presentan a la familia reunida y, entonces, los colores son luminosos y alegres. La portada resume el secreto de la abuela y, si el lector sabe mirar, entenderá que la abuela no se ha ido del todo, porque su secreto, tan bien guardado, los ha puesto, al fin, de acuerdo.

domingo, abril 26, 2015





Cuentos de la abuela Amelia,
Ana Alcolea,
Edelvives, 2009, (Ala Delta, 74)

A veces, los adultos ignoramos la opinión de los niños y de los ancianos sencillamente porque nos creemos en posesión de la verdad. ¿Un niño qué sabe de la vida?, nos preguntamos. En cuanto a los ancianos, esta sociedad nuestra, tan avanzada, ha olvidado, demasiado a menudo, que la experiencia es básica y que en las voces de nuestros mayores se halla recogido el rumor de los tiempos, la verdadera historia. Y eso Ana Alcolea, que es adulta, pero tiene memoria y sensibilidad, lo recoge en Cuentos de la abuela Amelia. No creamos que es un texto aburrido ni con afán pedagógico, en absoluto, pero, si sabemos leer bien y despacio, entenderemos los valores que se asoman a las páginas del libro.
Nina acaba de cumplir 10 años. Vive en un pueblo aragonés de los Pirineos de Huesca. En cambio, su abuela paterna, Amelia, vive en una casa soleada, en un pueblo de Sevilla, con un patio fresco y muchos recuerdos acumulados. Las familias se ven poco debido a la distancia, pero, un buen día, emprenden un viaje que a Nina le extraña. Dicen que la abuela está enferma y que hay que llevarla a una residencia. Magdalena, la madre de Nina, es una mujer de carácter enérgico y algo prepotente; Eduardo, el padre, es médico y suele actuar de forma más reposada. Ese sería el punto de partida del relato. Ahora bien, ni la abuela Amelia es una mujer indefensa, ni Nina una niña apocada, ni Magdalena tiene siempre razón ni Eduardo ha pensado bien en las consecuencias de ese viaje.
Cuando llegan al pueblo, ante Nina se abre un mundo que ella tenía olvidado y que la colma de magia, de ilusión y de fantasía. Y es que la pequeña es una niña muy imaginativa y observadora. La abuela y ella refuerzan el vínculo emocional que las une desde el nacimiento de Nina. La abuela, poco a poco, desgrana ante ella un ramillete de relatos que la llevan a lugares exóticos, que la acercan a sus ancestros, que le permiten ser pirata, princesa o flor de azahar. Nina descubre que la abuela no está tan enferma como dicen sus padres. Ellos opinan que se despista, que pierde la memoria, que no puede vivir sola, pero Nina entiende que, en la cabeza y el corazón de Amelia, hay todo un universo que debe seguir fluyendo.
Amelia es una mujer de carácter, aunque también dulce y cariñosa. Tiene algún despiste, pero aún sabe muy bien qué quiere y cómo lo quiere. A Nina le transmite, en forma de cuentos, parte de su saber, atesorado de generación en generación. Y lo hace de tal manera que el lector se olvida de la autora y se sumerge en la narración, cuajada de preguntas, con las interrupciones propias de la oralidad. Una narración que se va haciendo poco a poco, con puntadas finas, mientras la abuela recuerda o improvisa o busca otra respuesta. Todo lo que Nina es y será está en los labios de la abuela.
Además, para la chiquilla, estar en el cortijo, rodeada de naturaleza, es también una novedad. Aprende a ver las pequeñas cosas e, incluso, descubre que el amor empieza a rondarla. Es, de alguna manera, un viaje iniciático.
Finalmente, Eduardo lee los escritos de Nina, en donde ha depositado los cuentos de la abuela, y entiende que, de momento, no hay que llevarla a Madrid a ninguna residencia, que lo bueno para Amelia es seguir en su casa, en su entorno, con sus recuerdos y su vida real.
Cuentos de la abuela Amelia es un libro para niños, a partir de 10 años, que deben leer los adultos, sin ninguda duda.
Las ilustraciones de Violeta Lópiz se centran en las figuras centrales, la abuela y la nieta y las presentan compartiendo momentos de felicidad, llenos de detalles y de esas pequeñas cosas efímeras de la vida que son, al final, las más importantes. La portada, sin ir más lejos, así lo muestra. La figura de la abuela, grande y protectora, y la de la niña, pequeña, confiada y atenta.
Ana Alcolea estructura el texto en 13 capítulos en los que se siguen dos líneas narrativas. Por un lado, el viaje de la familia y la estancia en el pueblo, con los aspectos cotidianos de la vida y, por el otro, el mundo mágico, cuya puerta abre la llave que tiene en su memoria la abuela Amelia. Ambos mundos acaban confluyendo y generando nuevas posibilidades. Como dice Nina: "Las historias reales deberían ser tan hermosas como las leyendas, ¿no te parece, abuela?".
La lectura de Cuentos de la abuela Amelia nos hace reflexionar y nos permite crecer, como lectores y como personas, aunqu, a los adultos,  nos deja un regusto de nostalgia en el corazón cuando cerramos el libro. Nina ha crecido y entiende que, en la vida, hay claros y oscuros, pero tiene un secreto, gracias a su abuela y a sus sabias palabras: "Porque a veces los ojos de la realidad y los de la imaginación pueden ver las cosas que no existen. Como en un juego de magia".


domingo, abril 19, 2015






Ratones de casa,
Xosé Manuel González "Oli".
Natalia Colombo,
kalandraka, 2015


Un buen día, una familia de ratones decidió emprender un viaje hacia una casa para buscar comida y pasarlo bien, aunque no contaba con un inconveniente: la presencia del gato. Ese viaje ocurrente, luminoso y excéntrico es lo que, en forma de coplas, nos cuenta "Oli", su autor. Es un viaje que dura un día, desde la mañana hasta la otra mañana y que nos trae imágenes muy delicadas ("La montaña, / con hijo muy fino, / subiendo y bajando / dibuja el camino", al lado de juegos cercanos a la poesía oral ("Los ratones, / aquí y en la China, / cuando tienen hambre / van a la cocina") o situaciones divertidas ("La señora / dice muy bajito: / Abajo hay ladrones, ¡Despierta, marido!").
Lo importante de Ratones en casa no es la llegada a la casa, sino todo lo que envuelve ese viaje especial. A menudo, en la vida, lo que que importa no es llegar, sino caminar y crecer mientras se hace el camino. Esa es la verdadera meta.
Los ratones se instalan en la cocina, el gato se alarma, la señora llama al marido y el marido hace levantar a su hijo. Por fin, el gallo canta y todo vuelve a su origen. Por lo tanto, se trata de una estructura encadenada que facilitará a los más pequeños la comprensión del relato y les permitirá comenzar a extraer sus propias consecuencias porque, con Ratones en casa, el niño o la niña, disfrutará dando nombre a las cosas, acompañando a estos ratones y comprobando que, por suerte, no les pasa nada al final, aunque se les erice un poco el pelo porque, eso sí, antes, se han pegado el gran festín.
Las imágenes que emplea "Oli" son directas, como ya hemos dicho, fáciles de entender, aunque de alcance poético puesto que abunda la personificación y eso enriquece mucho el relato: "La mañana / trae el primer rayo, / y al salir el sol / quien canta es el gallo". Se sigue, por lo tanto, una estructura cíclica, el relato acaba y empieza en la mañana, pero ha pasado todo un día y, con seguridad, los ratones ya no son los mismos ni el niño ni siquiera el gato.
Las ilustraciones de Natalia Colombo son bellísimas. Con sus ceras y lápices de colores consigue contagiarnos la alegría de vivir porque son dibujos llenos de colores, de matices, de vida. Son dibujos que van de lo cotidiano a lo mágico, de lo real a lo imaginario, del juego a la seriedad, de la magia a la ilusión. Realmente, son ilustraciones potentes, cargadas de matices que encantarán a los lectores.
En definitiva un álbum divertido, bien construido, con una historia cercana a la oralidad y con unas ilustraciones riquísimas. ¿Quién no se montaría en el autobús con estos ratones? A ver... que levante la mano.




Castillos en el aire,
Ana Alcolea. Ilustración: Mercè López,
Anaya, 2015. (El Duende Verde, 200).

La abuela de Marcos le está contando una historia y, precisamente, es la misma que el lector está leyendo. De esta manera, siguiendo una estructura muy conocida en la literatura popular, Ana Alcolea nos conduce por los caminos riquísimos de la oralidad y nos devuelve el placer de escuchar porque ella, como narradora, desaparece y cede el lugar a la abuela quien, a su vez, logra también mimetizarse con los personajs verdaderamente protagonistas, Santiago, Zenón y Rosa.
Santiago era un niño al que le gustaba mucho dibujar en la arena de la playa, aunque eso impedía que sus obras permanecieran, Santiago vivía en un faro, lejos de otras personas, en compañía de sus padres y de una extraña mascota, adquirida casi como capricho por su padre, un pavo real. Zenón. La figura del pavo real es decisiva para la evolución personal del niño porque él observa cómo Zenón se acerca a sus dibujos y se enamora del que hace de una pava, hasta el punto de que es capaz de confundir realidad y fantasía y extender, como en un cortejo, sus bellas plumas. Zenón desaparece un buen día en busca de su amada imaginaria.
Santiago, cuando es mayor, va a ver mundo y llega a un lugar donde se está construyendo un castillo. Trabaja una temporada en sus obras y decide quedarse cerca de él. Su destino lo está buscando porque la hija del dueño del castillo, Rosana, sin que su padre lo sepa, sale del castillo, por el laberinto secreto, y conoce a Santiago. Para Santiago es un descubrimiento saber que hay una manera de apresar las palabras y los dibujos, que existen los libros y que no es necesario pintar en la arena. Rosana comparte con él su pasión hasta que desaparece y eso a Santiago le hace despertar el ingenio. Descubre cómo acceder al castillo y descubre que Rosana está muy enferma y solo él tiene el antídoto para que se recupere: un libro, las Metamorfosis, de Ovidio.
Castillos en el aire es un homenaje a la palabra, capaz de crear obras más duraderas que los propios castillos. Gracias a la lectura, que finalmente Santiago maneja, descubre que "su mundo se había hecho más grande". Y no solo lo descubre Santiago, sino Marcos a quien su abuela le hace ver que esos personajes "están dentro de ti y vivirán siempre que tú quieras". Y Marcos es cualquier lector que, en estos momentos, se disponga a abrir un libro y a dejarse seducir por sus palabras.
En este libro, Ana Alcolea demuestra algo que ella siempre defiende con vehemencia cuando habla con sus lectores. Ana Alcolea demuestra que un libro lo empieza a escribir su autor, el escritor, pero lo acaba el lector, porque es el lector quien se imagina a Marcos, a la abuela, a Zenón, a Santiago y a Rosana. Nadie más que el lector tiene la llave para decidir acerca de estos personajes. Además, el diálogo, presente entre Rosana y Santiago, es crucial para permitir que ambos jóvenes maduren.
En Castillos en el aire, su autora retoma temas que le son queridos, como es la ambientación inicial en un faro o el recurso de la abuela que cuenta historias a su nieto, por poner dos ejemplos. El libro se estructura en 21 capítulos breves y, poco a poco, va implicando al lector porque Santiago es un niño que crece, que se hace joven y adulto (le sale barba) y que, al fin, halla su destino, ese que Zenón salió a buscar un día en forma de dibujo efímero y que Santiago encuentra para siempre. Hay tanmbién elementos simbólicos como el laberinto del castillo o las plumas de Zenón que son como ojos abiertos que luego se pueden identificar con los personajes que a Rosana tanto le gustan, de Las metamorfosis.
El relato está escrito con sensibilidad porque son muchas las imágenes que emplea la autora, metáforas, comparaciones, para hacer entender a los lectores qué sentía Santiago y cómo lo sentía.  Además nos habla de un tiempo pasado, que queda difuminado, a la manera de los cuentos clásicos, pero que nos permite dar rienda suelta a la imaginación. Es un tiempo donde escribir salía muy caro porque se hacía en pergaminos, donde las clases menos pudientes no sabían leer y donde los dueños de castillos se creían superiores. 
En Castillos en el aire se plantea un viaje iniciático. Santiago comienza a abrir los ojos en el faro, con sus dibujos. Observa a Zenón y siente que detrás del dibujo puede haber algo más. Piensa que el mascarón de proa en forma de sirena que llega un día a sus pies, es una puerta a la imaginación. Y se sabe llamado a otras empresas que no sean las de seguir el oficio de su padre. Santiago es un espíritu inquieto, libre y vital que siente que hay algo más detrás de las apariencias de su propio mundo.
El libro está ilustrado por Mercé López quien, de forma sutil y poética, muestra algunos de los momentos clave de la historia (la cola de Zenón, Santiago en la arena dibujando, Rosana y ese castillo inmenso, envuelto entre nieblas, que no parece tener cimientos, que ilustra la portada). Gracias a Ana Alcolea y a Mercè López los lectores, desde 10 años en adelante, aprenderán que, efectivamente, ellos pueden ser magos gracias a las palabras y a los dibujos.
Como escribe la propia autora en la presentación: "...los lectores y los escritores somos magos: a través de las palabras creamos un mundo en nuestra imaginación".

domingo, abril 12, 2015






Donde hace la noche,
Laura Forchetti - María Elina,
kalandraka, 2015.
Premio de Poesía para niños Ciudad de Orihuela, 2014.

Laura Forchetti, la autora de este poemario, sabe  que las palabras, bien engarzadas, son el más mágico de los conjuros contra el miedo y la soledad. Y, así, poco a poco, casi como en un susurro, con respeto y reverencia, dos personajes, Violeta y Vittorio, entran en el misterio de la noche. Gracias al diálogo florece esta poesía que nos lleva a cualquier espacio amplio, en donde no haya llegado aún la contaminación, donde las estrellas sean faros en la noche, donde sea posible escuchar las voces de las pequeñas criaturas nocturnas y en donde se respire libertad y sosiego.
La poesía de Laura Forchetti se remansa, establece un camino que nos conduce a la luna, al mar, a los planetas, a la espuma, a los caracoles y a los escarabajos. Es una poesía que traza el plano de un tesoro: el de la noche. Para conocerlo no hace falta ser pirata, sino persona sensible, que sepa escuchar y observar. Solo así se nos concederá el deseo de ver como teje la araña su tela de rocío, la tela del cometa o el lecho plateado de los peces.
La rima asonante, los versos muy breves al lado del verso libre, las metáforas visuales se combinan para encandilar al lector.
La ingenuidad, la dulzura de la niñez, donde todo es sorpresa y magia, no abandonan los versos de Donde nace la noche, más bien los acompañan hasta el final y dejan en el corazón un poso de ternura, de nostalgia también: "Vamos a esperar / una estrella / que caiga." Y ahora, como Violeta y Vittorio, vamos a pedir tres deseos, pero eso sí: "Los deseos son secretos. No te lo digo".
Y así, despacio, va acabando la noche y llegando el día, aunque los niños se resisten a abandonar a su nueva amiga: "Un ratito más / hasta que se peine / la mañana". No hay que tener miedo a la noche porque la noche trae muchos regalos, si sabemos buscar, si seguimos las pistas de Laura Forchetii.
Donde nace la noche es un poemario que significa también un homenaje a la poesía de Emily Dickinson quien encontró en la naturaleza su fuente de inspiración. Es un libro destinado a los niños desde los 9 años que enamora y emociona, pero, ojo, hay que leerlo despacito, paladeando las palabras, dejándose empapar por el escenario de la noche.
Las ilustraciones de María Elina Méndez son realmente hermosas, senciullas y delicadas, como los propios versos. Nos llevan, igual que el poema, desde la noche al día porque, poco a poco, se va imponiendo la claridad.
Donde nace la noche es un regalo muy oportuno porque nuestro mundo está hecho de prisa y de desasosiego y la propuesta de la autora es, justamente,  la contraria. Nos invita a que abramos los ojos, también los del corazón, y a que veamos que las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos. ¿Quién empieza el viaje hacia la noche? Veremos sirenas, veremos estrellas, veremos ilusión, nos veremos a nosotros mismos.






 

El pasado mes de marzo supe que este blog, “Voces de las dos orillas”, había recibido el premio One Lovely Blog gracias a Cinco ovejas negras. "Cinco ovejas negras"  es un blog de Literatura Infantil y Juvenil que llevan cinco mujeres comprometidas con las letras y activas al máximo. Recomiendo desde aquí el blog y agradezco que me hayan tenido en cuenta.
Este Premio es un reconocimiento entre blogs, para hacerlos más visibles y ayudarlos a conseguir un poco más de difusión. Si entre los blogs nominados está el tuyo tienes que:
  • Agradecer el premio a quien te lo concede y hacerte seguidor de su blog.
  • Responder a las once preguntas que te hace.
  • Conceder el premio a once blogs que acaben de empezar o que tengan menos de doscientos seguidores y que te gusten.
  • Hacer once nuevas preguntas a los blogs premiados.
  • Informar del premio a cada uno de los blogs.
  • Visitar los blogs que han sido premiados junto con el tuyo.
Las preguntas que debo contestar son:
  • ¿Cuál es tu música? Cualquier música que me haga sentir emociones.
  • ¿Tu ciudad preferida? Me gusta mucho Tarragona, mi ciudad, pero estoy enamorada de Cuenca también y me encanta Madrid.
  • ¿Tu espacio? Mi casa.
  • ¿Tu postre? Tiramisú
  • ¿El rasgo que más admiras? La fuerza de voluntad.
  • ¿Tu película? “Lo que el viento se llevó”
  • ¿Tus lecturas? Cualquiera que me enganche. Me encanta la novela histórica.
  • ¿Colacao o Nesquik? Ninguno de los dos. Leche sola o con café.
  • ¿Cómo te gusta el café? Cortado.
  • ¿Nocilla o Nutella? Ninguna de las dos. Muy empalagosas.

Y estas son las preguntas que hago yo a los blogs que premio:

  • ¿Cómo definirías tu blog?
  • ¿Cuál es tu intención al escribir?
  • ¿Prefieres mar o montaña?
  • ¿Qué es el  tiempo?
  • ¿Qué desayunas?
  • ¿Cuál es tu momento del día favorito?
  • ¿Pechuga o muslo?
  • ¿Cuál es el último libro que has leído?
  • .Qué es la infancia?
  • ¿Qué admiras en las personas?
Los 11 blogs que yo admiro y quiero premiar son:


  • Manos de tiza   (blog de pensamiento, poesía, docencia y mucho más)
  • Fotos poemas (blog de la escritora Rosario Bersabé Montes)


miércoles, abril 01, 2015






Foro Rinascimiento,
María García Esperón,
Libros & Libros, 2014.

Foro Rinascimiento es una historia que retrata muy bien el pensamiento y las reflexiones personales de la propia autora, la mexicana María García Esperón. Si repasamos su obra, ya amplia, veremos que son varios los temas que mueven y conmueven a la escritora, pero es en Foro Rinascimiento que, de una manera fluida, aparecen para deleite del lector que acaso sabe -o debe- leer entre líneas. Así, la historia o el pensamiento de la humanidad que solo se han transformado, aunque mantienen íntegra la raíz y la esencia. Por otro lado, las nuevas tecnologías, internet, que han logrado un acercamiento entre las personas, pero también tienen sus peligros, como se advirtiera en El disco del tiempo. Son varios los motivos que nos recuerdan otras novelas de María García Esperón, como la obsesión por la sibila élfica que mantiene uno de los personajes, que ya leímos en Sibila o las referencias al cuerpo de Alejandro Magno, obsesión desde la antigüedad, como ya leímos en Soma.
Foro Rinascimiento se estructura en tres frentes que se van intercalando. Para empezar, en primera persona,  las intervenciones en el foro que lleva el mismo título y que, poco a poco, va desvelando enigmas del Renacimiento. Son intervenciones directas, que crean, en el lector, la ilusión del presente. Son intervenciones que adoptan nombres renacencistas para ocultar las verdareras personalidades.  Las cartas de Miguel Ángel, el artista renacentista por excelencia, nos sitúan en el pasado.   Y, por último, la intervención de un narrador en 3ª persona, permite que tomemos distancia y conozcamos algo mejor a los personajes y, sobre todo, sus obsesiones y tormentos.
Una joven diseñadora mexicana, Alicia (fiorezna, en internet), descubre un secreto en las pupilas de la sibila, en la Capilla Sixtina. Es un secreto enorme que hace peligrar, incluso, las creencias y que relaciona, al fin, todas las religiones y cultos. Hay un paso entre Apolo y el Dios verdadero y ese paso lo dio Miguel Ángel, en el corazón de la cristiandad. Semejante hallazgo ocasiona que se pase de lo virtual a lo real. Un coleccionista italiano, un erudito inglés y un alto funcionario del Vaticano darían lo que fuera por conseguir desvelar el misterio de Miguel Ángel. El amor y la muerte, como en otras novelas de María García Esperón, están a un paso, esa es la verdad. No hay amor más grande que el que siente Miguel Ángel frente a un bloque de piedra a punto de convertirse en arte, en belleza. Por conseguir esa belleza, en estado puro, tan cercana a las ideas de Platón, se puede morir y se puede vivir.
La confusión de estos personajes, tan metidos en su mundo, cultos, poderosos, pero también solitarios empernidos, poco acostumbrados a las contrariedades, hace que cuando se cruza en sus vidas una presencia femenina, joven, capaz, valiente y arriesgada, confundan la obra de arte con la propia vida. Se creen dioses jugando con las personas, aunque, al fin, el tiempo los pone en su sitio y les demuestra que son finitos e insignificantes.
Foro Rinascimiento es un libro enigmático, que nos conmueve y emociona, que nos hace dudar de nuestras propias capacidades, que nos sumerge en una época ya pasada, el Renacimiento, con la que seguimos guardando relación porque, como cree la escritora, la historia, la historia grande, la enorme, no se hace de una vez, sino despacio, con trocitos pequeños. Es como si un inmenso caleidoscopio se hubiera roto y, poco a poco, se vayan recuperando las piezas. Por eso, no es de extrañar que entre la Alicia del S. XXI y una joven momia muy bien conservada haya tantas relaciones,  como entre Venus y otras divinidades o como entre la Sibilia y el propio Miguel Ángel.
La novela mantiene un ritmo narrativo intenso y queda, de alguna manera, abierta porque el final es tan enigmático como la propia peripecia que se narra. Que cada lector extraiga sus propias ideas y que cada lector reflexione.
Sea como sea, como leemos hacia el final del libro, "El único asesino de Giuliano, el único asesino de Alejandro y de Apolo y de todos los dioses que en el mundo han sido, es el tiempo. Y la muerte libera de las ataduras del tiempo, a través del Día y la Noche, a esos gigantes recostados, artífices de la liberación, de la resurrección, del Rinascimiento...".
Gran conocecora de la cultura clásica, María García Esperón, nos ofrece una novela, envuelta en los ropajes de las nuevas teconologías, que demuestra que entre el pasado y el presente, a veces, solo hay un soplo. Un leve soplo del tiempo. 

lunes, marzo 30, 2015

Las bolsitas de la Señora T,
Paula Merlán - Mar Blanco,
Amigos de Papel, 2015.

El "tiempo" es un concepto relativo, que no vivimos con la misma intensidad. Todos coincidimos que no es lo mismo una hora de alegría que una de dolor, que parece que, en el primer caso, los minutos vuelen y, en el segundo, se eternicen. Filósofos y escritores se han centrado en el tiempo y han reflexionado acerca del mismo. Quizá los poetas sean los que han dado más en el clavo a la hora de transmitir los sentimientos y sensaciones que provoca el paso del tiempo. Ya Machado definía su poesía como "palabra en el tiempo",
Estamos hechos de pasado, pendemos de un presente efímero y nos vemos abocados al futuro incierto, esa es la verdad. Hemos acuñado muchas expresiones relativas al hecho temporal. Así, se puede ganar, perder, malbaratar, robar o perder el tiempo. Lo que no podemos es recuperarlo; eso ya no nos corresponde a los mortales.
La señora T, la protagonista del relato de Paula Merlán, está aburrida o triste y el tiempo le pasa muy despacio. Por eso se le ocurren tres ideas peregrinas que la conducen a almacenar el tiempo, su propio tiempo. Guarda en tres bolsitas los segundos, los minutos y las horas que le sobran porque quiere que el día pase rápido. Cuando lo consigue, descubre que hay otras personas necesitadas de tiempo y accede a repartirlo con los demás; aunque eso la deja sin tiempo para ella misma. Cada lector puede hacer su propia interpretación, eso sí. El caso es que la señora T ya no tiene tiempo que recuperar y echa de menos no haber disfrutado más de las pequeñas cosas de la vida que, ahora, le son vedadas. Podría parecer triste, pero no lo es porque, gracias a una sorpresa luminosa de la escritora, la señora T, al fin, tiene toda la eternidad por delante y se encuentra con el señor T.
Podríamos pensar que la señora T es algo excéntrica, quizá, más bien, es una mujer mayor, viuda, que atraviesa por momentos de soledad y no sabe cómo llenarlos, por eso se le ocurre esa idea bizantina de guardar el tiempo. Ese tiempo que a ella le pesa como una losa, ayuda a los demás y ahí la señora T hace un ejercicio de generosidad inmenso.
El relato va destinado a los más pequeños, que quizá no entiendan todos los recovecos del mismo, aunque sí podrán ver que cada uno ha de vivir su propio tiempo y que vale la pena hacerlo.
La experiencia lectora la he realizado con niños de seis años y si bien a todos les ha interesado, solo algunos han ido más lejos y me han preguntado si la señora T se había muerto e, incluso, alguna ha afirmado que T significa tiempo. Es un camino sembrado de preguntas y de crecimiento.
Por lo tanto, es bueno ofrecer a los niños relatos con una buena carga reflexiva que ganan a cada lectura y que les permiten situarse en su propio mundo y establecer su autonomía personal.
Paula Merlán escribe un texto metafórico, lleno de colores y de luz. La señora T no se sentía feliz en su vida, por eso quería acortarla y, cuando lo logró, tuvo un momento para arrepentirse, aunque no hizo falta porque le aguardaba, como ya se ha dicho, "la eternidad".
En el libro también se reflexiona acerca de la prisa cotidiana. Las madres necesitarían que el día fuera mucho más largo para pdoer hacerlo todo. El panadero también va apurado. La maestra lo necesita para corregir y así, sucesivamente. Quizás sería mejor que nos ajustásemos a nuestra propia realidad y aprediéramos a vivir con lo que tenemos, sin pedir más tiempo y sin renegar de él.
Las ilustracions de Mar Blanco son cercanas y harán que el niño capte el matiz metafórico porque aparece la señora T cargada de tiempo y aparecen los segundos, los minutos y las horas personificados. Son ilustraciones cargadas de detalles, con mucho color y que se cierran con la recreación de lo que podríamos identificar como un soberbio paraíso, cargado de vegetación y de posibilidades.
Además, la tipografía juega con las letras y los colores y permite una lectura más cercana y atenta.
En definitiva, un libro para los más pequeños hecho para que los mayores reflexionemos y seamos capaces de decidir que hacemos con nuestro tiempo: ¿lo perseguimos o lo vivimos?

domingo, marzo 22, 2015








Antoni Gaudí,
Dàlia Adillon Marsó,
Kalandraka, 2015.

Antoni Gaudí és un àlbum il·lustrat adreçat als nens i nenes a partir de 4 anys, que els explica, d`una forma senzilla i molt poètica, la història del gran arquitecte Antoni Gaudí.
Gaudí va néixer a Riudoms i era el petit de cinc germans. Li agradava jugar a les construccions i passejar pel camp on mirava la natura i aprenia d`ella. De petit va passar moltes estones malalt. De gran va estudiar arquitectura i va treballar molts anys en molts projectes emblemàtics com són el Parc Güell, la Casa Milà o la Sagrada Família.
La Dàlia Adillon ens parla, com si fos un conte, d`una persona que va ser molt important, que va tenir molta voluntat per tirar endavant, però que, com tothom, va ser nen i és aquest aspecte el que agradarà als petits lectors, perquè Antoni Gaudí era un nen llest, que "s`avorria a l`escola" i que aprenia molt de la natura. Ens mostra que a l`infantesa estan les llavors que ens faran ser com serem a l`edat adulta. En Gaudí va trobar la seva font d`inspiració a la natura i ho veiem en les seves obres que va fer de gran.
El text, clar i directe, està fusionat amb les il·lustracions que no només ens presenten al personatge real, sinó que, de forma metafòrica, ens fan entendre com relacionava les seves obres amb la natura. Així el veiem podant unes rames de la Pedrera, o plantant les llavors i tenint-ne cura, del que seria la Sagrada Família.
Finalment, l`autora ens parlar de que es va dedicar a treballar fins la seva mort en els seus projectes i no en parla de com va ser, però sí queda el dibuix d`un tramvia, com el que el va atropellar.
La Dàlia Adillon ens mostra a Gaudí a totes les etapes de la seva vida, de nen, de jove, d`adult i de vell, però sempre amb una mateixa voluntat i un projecte ferm. És un bon exemple per a tots.
El llibre recrea part dels escenaris importants de la ruta de Gaudí i evoca, a la portada, alguns dels seus símbols, com ara el drac.
Antoni Gaudí acosta als més petits als món de l`arquitectura i la cultura en general amb una presentació atractiva i molt ben cuidada. El podem llegir també en castellà, gallec i anglès.
La bruja del pan pringao,
Pilar Mateos, Algar, (Calcetín, 102), 2014.

Pilar Mateos es una veterana escritora que sabe muy bien cómo encandilar a los lectores más pequeños. No es la primera vez que escoge a una brujita como personaje de sus obras, ya lo vimos, por ejemplo, en La bruja Mon.
En esta ocasión la protagonista de las estampas que conforman La bruja del pan pringao es una niña muy bonita, que viste con una capucha y que, en apariencia, no es una bruja. La pequeña, no obstante, vive con su hermana bruja y está aprendiendo a hacer algunos cortilegios y hechizos, pero nadie la toma en serio ya que es una niña dulce y hermosa. Es más, la llaman "la bruja del pan pringao" de una manera humorística, que a ella no le hace ninguna grancia.
Pilar Mateos, en nueve capítulos, recoge nueve situaciones en las que la pequeña demuestra sus incipientes poderes, aunque nadie sospecha que ha sido ella, así nadie ni la riñe ni le da las gracias y eso es frustrante, la verdad. El libro recoge momentos hilarantes que harán que el pequeño lector se divierta al imaginar los cambios que esa brujita, en apariencia inocente, está haciendo.
Hay, eso sí, unos animalitos que siempre la acompañan y que dan fe de su condición de bruja, las arañas, aunque son tan pequeñas como ella y nadie las ve.
La bruja del pan pringao, ilustrada por Horacio Elena, es un libro alegre, que rompe con la imagen tradicional de las brujas, que apuesta por la infancia de las mismas y que de demuestra que, a veces, tras los sucesos extraños de nuestras vidas, puede haber alguna brujilla escondida. Miremos, miremos a ver si la encontramos.
Mientras, la pequeña, sigue con su secreto a cuestas y ha encontrado una manera de ser feliz. Se ha comprado una careta de bruja en la feria y eso le da seguridad, aunque los demás sigan ignorándola. El mensaje es claro: no importa lo que piensen los demás, sino lo que cada uno crea y sienta. Igual que a esya brujita le ha brotado "una sonrisa recién nacida en el corazón", a los lectores, a partir de 8 años, les pasará lo mismo cuando aprendan a valorarse ellos mismos.
Un libro, en suma, ideal para potenciar la autoestima y para que los niños se aficionen a la lectura ya que son capítulos breves que encierran, cada uno, una historia diferente con la que pasar, eso sí, un buen momento.

Mentira,Care Santos, Edebé, 2015.

Mentira, Premio Edebé de Literatura Juvenil, aborda un tema incómodo y poco presente en la literatura para jóvenes. Care Santos se interna en el mundo de la delicuencia juvenil y, sobre todo, en los aspectos psicológicos de la misma y en la reinserción en la sociedad por parte de estos chicos y chicas, menores, que se encuentran en un centro tutelado por el estado que no se llama cárcel, pero que lo es.
En esta ocasión, la novela mantiene dos voces principales, la de Xenia y la de Éric. Xenia es hija única, cursa bachillerato y obtiene buenas notas. Vive en un mundo cómodo, muy pautado por sus padres, con poca libertad, pero tranquilo. Xenia es una buena lectora y ese el nexo de unión entre los dos protagonistas. El primer nexo de unión, al menos. A raíz de la lectura del libro de Salinger, Xenia entra en un foro y allí encuentra la opinión de otro lector. Poco a poco, ambos establecerán una relación extraña, pero intensa. El joven lector y Xenia comienzan en enviarse correos electrónicos que a ninguno de los dos dejarán indiferentes. La muchacha desea conocer al chico y, como este le pone largas, decide investigar por su cuenta. Su desengaño no tarda en llegar cuando Xenia descubre que todos los datos que le dio el supuesto Marcelo son falsos. Xenia se ha enamorado de un fantasma y decide cortar con él. Ya le han hecho bastante daño.
Mientras, recibe, en su instituto, un sobre que contiene una novela. La novela de Éric. Éric es el nombre real del chico con el que ha estado carteando y que ha decidido contarle su terrible historia. Éric ha sido acusado de asesinato y está cumpliendo condena, por así decirlo. Aunque, detrás de unas cifras frías, se esconde la peripecia de un adolescente sensible, inteligente y maltratado por la sociedad.
Xenia y el lector descubren a la vez, en forma de larga carta dividida en capítulos, la verdad de Éric quien lo cuenta con resignación, pero con una fuerza que atrapa desde el primer momento. Éric, si hubiera nacido en otra familia, habría sido como Xenia, en cambio le tocó la peor parte y le tocó asumir un asesinato que él no había cometido para salvar al único amigo que tuvo nunca, Ben.
El libro se estructura en dos bloques principales que ofrecen las dos caras de una misma historia. La narración de Xenia y la carta de Éric. Ambas historias se cruzan y confluyen en un final esperanzador.
El relato ahonda en cuestiones psicológicas, porque bucea en las mentes de ambos jóvenes, en especial la de Éric, un joven callado que se desahoga escribiendo.
Los personajes no son, en absoluto planos, sino que se van definiendo ellos mismos ya que no hay un narrador paternal que nos ofrezca respuestas, sino dos jóvenes que están creciendo, como el personaje de Salinger, que tanto les impacta. De hecho Mentira es, en otros muchos aspectos, un homenaje al Guardián entre el centeno y a las buenas lecturas, esas que dejan huella y que permiten que el lector, en este caso en formación, siga creciendo y madurando.
La novela, en definitiva, es espléndida. Care Santos es capaz de escribir con luz, con energía positiva acerca de una temática con la cual es difícil lidiar, como ya decíamos al principio, sin caer en las moralinas huecas. Como dice la propia escritora en su nota a los lectores su novela "lanza más preguntas, nada fáciles de contestar, sobre las que vale la pena detenerse un segundo a pensar". Un segundo y todo el tiempo que sea necesario.
No sabemos qué ocurrirá entre Xenia y Éric a partir de ese momento, solo sabemos que su amistad va a ser profunda porque se sienten unidos desde la emoción, el respeto y los sentimientos.
Hay que leer la novela porque el universo literario y humano que contiene sobrepasa las líneas de una reseña. El lector encontrará personajes, situaciones y temas que, insistimos, le permitirán madurar y, a la vez, disfrutar con la lectura. Eso sí, lectura sin edad.

domingo, marzo 15, 2015





13 perros,
Fernando Lalana,
Bambú, 2013.

13 perros es una novela que crea adicción desde la portada, a cargo de Francesc Punsola.
La trama, muy lalaniana, por decirlo así, puesto que Fernando Lalana es un autor que imprime su personal estilo en cada una de sus obras, nos lleva de lo cotidiano a lo extravagante, de lo real a lo extraño, de lo cómico a lo serio.
El teniente Felipe Manley, del Centro Nacional de Inteligencia, descubre que el Meteosat está en peligro porque, en cuatro días, si no se resuelve el misterio, otro satélite, el Cuencasat, se autodestruirá y dañará al satélite europeo.  Ya al leer el nombre del Cuencasat, el lector se desequilibra y sigue haciéndolo al descubrir qué descabellado proyecto se esconde tras su puesta a punto.
Mientras, una maestra en paro, Elvira Ballesteros, decide sacarse el título de detective provado y logra, por casualidad, su primer caso. Tiene que descubrir la extraña desaparición de un galgo persa. Félix, su hijo de 15 años, va ayudarla; es más, será casi quien tome las riendas en el asunto.
Parece que es un caso sencillo. ¿Parece? Nos estamos equivocando al prejuzgar porque, detrás de esa y otras desapariciones, se oculta la respuesta al caso que atormenta a Manley.
La novela se desarrolla en Zaragoza, en unos escenarios reales, en donde Félix y sus amigos, en especial Cuca, progresivamente, van atando cabos y descubriendo que la venganza, es cierto, se sirve en un plato frío, más bien helado y, si no, que se lo pregunten a don Vicente, uno de los artífices del Cuencasat.
13 perros es, en principio, un relato de detectives, pero supera el género gracias a la comicidad. Las situaciones son hilarantes, pero los comportamientos de los personajes son realistas; por lo tanto se produce un contraste que hace que el lector vaya de un registro a otro, si saber si reír o preocuparse.
Por otro lado, se incluyen otros temas en el relato, como es el amor, la recuperación de la memoria, la importancia de saber mantener la palabra, el respeto a los ancianos, el valor de la palabra, la amistad o la superación de las propias limitaciones.
En cuanto al aspecto temporal, es una novela muy bien trabada, que se divide en seis capítulos y que transcurre en unos pocos días, de lunes a viernes; aunque haya referencias al pasado que nos aclaran la situación del presente. De ahí que el ritmo sea ágil y en continua expansión.
Por otro lado, los personajes, trazados con gracia y desparpajo, logran que 13 perros sea también una novela que fomenta la lectura. En especial, los jóvenes lectores se sentirán identificados con Félix, que es un muchacho con un humor especial. Cabe señalar, por supuesto, que Félix cuenta en primera persona todo el relato, por eso, su desarrollo psicólogico es notable. Es Félix también quien nos habla del resto de los personajes; de ahí que el autor desaparezca y se convierta, casi, en un espectador divertido y alborozado ante su propia obra.
13 perros es una novela destinada a un lector juvenil, pero que no desgradará a cualquier lector aficionado a la novela de detectives y al cine negro.

domingo, marzo 08, 2015


Dido para Eneas,
María García Esperón,
Ediciones El Naranjo, México, 2014.



Dos personajes eternos como Dido y Eneas cobran protagonismo de la mano de María García Esperón. La autora mexicana entiende, como ya es característico en ella, que las épocas históricas están unidas, de una manera sutil, y que esa historia (la grande o la pequeña) tiende a repetirse con variaciones en un lugar y en otro, aunque estén separados por tanta distancia como pueden ser, en apariencia, solo en apariencia, la cultura maya y la fenicia.
En el Cantar IV de La Eneida, Virgilio nos relata, en tono solemne, el encuentro entre Dido y Eneas. Un encuentro apasionante que a la reina le supuso dolor y soledad.
María García Esperón cede el protagonismo a Dido y le permite que, en primera persona, sea ella misma quien relate su peripecia, desde que era una joven soltera hasta que se desposó con Siqueo, el sacerdote de Tiro. En Dido se establece una contradicción terrible entre lo que comienza a sentir por su marido y lo que este representa ya que, como sacerdote, ofrece, cada cierto tiempo, víctimas humanas (niños y niñas) en el templo de Melkart. Dido no entiende que una dedidad exija sangre humana para ayudar a los mortales y siente una angustia terrible cuando se obligada a contemplar los rituales. Tanto es así que, cuando su esposo muere y obligada por su propio hermano Pigmalión quien solo busca saciar su sed de poder, Dido, siguiendo los propios deseos de su esposo, se embarca en una gran aventura, la de fundar una nueva ciudad. Con ella viajan los jóvenes tiros y su hermana Ana. Esta ciudad es, ni más ni menos, Cártago. Allí, con una estratagema, burla al rey Jarbas y logra un territorio amplio para sus fines. No obstante, Dido no es feliz porque, en sueños, en el fondo de su alma, ve que algo va a suceder. Con la llegada de Eneas y todos los que van con él, Dido siente que su destino se ha cumplido. Le ofrece todo al héroe troyano y llega a desposarse con él; pero Eneas, no lo olvidemos, es un héroe y está marcado por otros designios. Ha de partir y Dido, desconsolada, se autoinmola. Esta es la desgraciada historia de la reina fenicia, pero muchos más son los detalles que podemos observar.
María García Esperón divide la historia en XXI capítulos. El primero y el último son los que nos sitúan en un tiempo presente, el que vive Dido tras la partida de Eneas. Son dos capítulos primodiales, escritos en presente, que permiten que el lector no solo sea eso, lector, sino testigo de lo que va a suceder y que sienta, de alguna manera, el dolor que le causa a la propia Dido hacerlo y la impotencia de no poder impedirlo, porque está escrito en su destino, que Dido moriría joven.
La figura de Eneas recupera su humanidad en el relato. Un hombre con un dolor a cuestas, podríamos decir. Marcado por la muerte de su esposa y la de su propio padre. Eneas se ve obligado a mantener un juramento que él, estamos seguros, quisiera romper. Para Eneas sería más dulce establecerse con Dido y, juntos, gobernar, pero su padre le sigue exigiendo, aun después de muerto, que siga su destino. Perdonamos a Eneas, pero maldecimos que la palabra dada sea motivo de tanto pesar.
Dido es una mujer aparentemente delicada, pero que sabe ser astuta cuando le conviene, que sabe ser leal a los suyos y sumisa si así se necesita, pero que oculta una determinación férrea y que ni duda morir cuando se siente vacía. No es la princesa de cuento que muere por amor, no, es mucho más que eso. Es la joven hija de reyes, exiliada de su tierra, fundadora de otro reino que nunca descansó, que nunca fue feliz y que, cuando cree hacer alcanzado un destello de esa felicidad (reservada, ay, a los dioses) descubre que, en sus manos, es ceniza. Por eso se suicida, porque quiere acabar con ese destino y con una vida de soledad.Es una mujer que no cree demasiado en los designios de los dioses ni en la capacidad de los humanos de saber entenerlos.
María García Esperón retrata muy bien el alma femenina, pulsa con dedos de plata ese sentir, esa especial capacidad de mostrarse ante la vida y esas frustraciones que Dido, como mujer, también tiene. Porque, pese a su poder, a su belleza, a su esplendor, Dido sigue llorando por sus no hijos. Ella nunca será madre y el mejor padre de esos hijos no nacidos, Eneas, la ha dejado siguiendo su estela de héroe inmortal.
El libro está escrito de manera cercana, pero con ese tono propio de las gestas; aunque, eso sí, Dido siente como cualquier mujer.
Gracias al relato, nos sentimos atrapados en la brisa de Cártado, nos paseamos por sus viñedos, incluso creemos ver cómo arribar Eneas y los suyos; es más, también nos llegan los perfumes de Tiro y ese olor de un tiempo que ya no es, pero que sigue y vuelve y nos empapa.
Omar Urbano, por su parte, ilustra el relato, con distintos momentos del itinerario vital de Dido. Sus dibujos no invanden el relato, lo acompañan y se fijan en detalles, en la pira de Dido, recreada con dramatismo, en la situación espacial desde Tiro a Cártago o en la atalaya desde que Dido contempla el pequeño-gran mundo que ha creado.
Dido para Eneas es un libro hermoso, lleno de poesía, muy bien documentado y que recrea una historia apasionante.





Hágase según arte,
Mireia Farriol Gil ,
Edicions Carena, 2015.

La expresión "Hágase según arte" proviene, como es sabido, de latín, "fiat secundum artem". Se refiere a la habilidad en el arte farmacéutica para combinar los distintos elementos (mineral, animal y vegetal) y obtener una solución que sirva para calmar o paliar algunas dolencias.
En principio podría parecer que un término científico como este se encuentra muy alejado de la poesía pero, si lo miramos bien y, si seguimos el itinerario que nos traza Mireia Farriol, encontraremos que, además de los tres Reinos mencionados -mineral, animal y vegetal- tenemos otro, no menos importante, que es el espiritual. Probado está que la actitud del enfermo es vital para su recuperación y la Dra. Farriol entiende, mejor que nadie, dada su profesión, que ciencia y poesía van de la mano. Como debe ser.
El poemario que estamos comentando es un trabajo casi de orfebrería porque, a partir de los elementos más pequeños que conforman nuestra vida, de objetos cotidianos, de sensaciones, de vivencias mínimas, Mireia Farriol conforma un universo poético donde nada nos es ajeno, donde el amor, la soledad, el paso del tiempo y la palabra siempre están ahí. Ahí. A la vuelta de la esquina. Teresa Martín Taffarel, quien prologa el libro, lo califica de "medicina poética" y es verdad, aunque una medicina que no nos conforma, que a menudo inquieta y que nos arroja, de nuevo, a la vida y a sus quimeras para que, al fin, lidiemos solos en la arena de nuestra existencia.
Divide el poemario en cuatro partes:
-Amor. Escoge el amor como orrigen de todo porque así es, aunque es un amor capaz de traspasar el tiempo: "Las voces de los muertos, /jazmines en las dunas, / neblina de la memoria". Es el sentimiento que nos cura: "No necesito ir al médico / ni píldoras, ni medicamentos". No obstante, a veces también nos provoca cierta orfandad: "Nunca se encontrarán las manos / en los bolsillos de otra gabardina". El amor es, en suma, constatar el paso del tiempo y tratar de detenerlo: "tal vez conjugues en presente / este verbo postergado".
-Espacios: Mireia Farriol traza las líneas invisibles que nos separan del otro y de nosotros mismos. Acaso una rama, el aliento, el sueño que nos separa del otro o esa especial manera de sentirse en el mundo: "El enigma es estar solo; / el misterio, estar contigo". A menudo, la poeta se asoma a los versos y los mira con ojos cansados, con ojos que parecen volver de un largo viaje: "La estela de mi barca / dibuja las aguas heladas". La añoranza, el mar, el otoño, el lago y las aguas que van y vienen, que dejan y cogen y que nos ignoran: "Agua que no puede mojar / las aguas del mar".
-Tiempo: Entramos en la eterna cuestión del tiempo, en el enigma del que nos nutrimos y que nos mata día a día: "Hoy, / casi nada de nada". Las horas mueren sin remedio y nos engañamos a nosotros mismos con una trampa: "No tengo tiempo. / palabras de ficción / bien exprimidas". La memoria, el reloj, los latidos, el tañido de la campana, el final del tiempo o esa sensación del enfermo en la UCI: "Allí donde no existen los recuerdos / ni los días que pasan/ ni horas en el corredor verde acuoso / ni la voz del viento entre los árboles". Y esa sensación de impotencia, "Este camino tan largo..."  en donde "Todo huele a tiempo seco".
-Otros remedios: En esta parte del poemario, la final, es donde encontramos esos remedios a la soledad, a la melancolía, a la desazón de vivir. Los encontramos en un "té frío de menta", en un sorbo de café, en el verdor del jardín, en una limonada que nos endulza las noticias diarias. También encuentra remedios Mireia Farriol en las canciones, en algún bolero, en el swing... o en elementos más sencillos como es una brisa, el murmullo del mar y esa especial necesidad de detener la mente y dejarla en blanco que nos preserva del caos. La conclusión, sea como sea, la encontramos en el último verso, donde nos deja la gran verdad de la vida: "quieres volar / libre/ siempre/sola".
Hay un poema en el tercer apartado, titulado "Epílogo" que recoge, de alguna manera, la sensación dura que provoca en paso del tiempo en nosotros y como, para no perderlo en obstinaciones inútiles, deberíamos ser conscientes de que, aunque no lo queramos:
"Sí era cierto: / la vida es cuestión de horas / amarillas / agrestes, / imposibles./ Tragicomedia en tres actos / y un epílogo. / Cae el telón... / El argumento de la obra / se ha olvidado".
Para que no se nos olvide nuestro propio argumento, la Dra. Farriol nos regala este poemario bilingüe, en catalán y castellano (traducido por ella misma) y nos lo sirve en vaso alto, con palabras que huelen a menta, que saben a café, a nostalgia, a pasado y a paresente. Mireia Farriol, mujer firme y conocedora del alma y el cuerpo, entiende que la vida no es eso que nos han contado que es, sino lo que cada uno vive y atesora en su memoria.
Como bien dice la prologuista. "La poesía, remedio para aliviar esperas y dolores, sueños y ausencias; para curar recuerdos enfermos y tonificar vivencias dichosas, para fortalecernos ante las buenas o malas noticias que nos trae cada día que pasa". La poesía. Bendita poesía.

Presentación del poemario