jueves, marzo 31, 2016

Sobre el cielo imposible,
Santiago Montobbio, Libros de la Frontera.
 Colección El Bardo, 40. 2016

Santiago Montobbio (Barcelona, 1966) comenzó, en su juventud, una carrera poética quese auguraba brillante, pero que, en apariencia, dejó truncada. En 2009, tras 20 años sin escribir, rompió el dique de la contención poética y escribió, en muy poco tiempo, 942 poemas. Había sido tanto el silencio que sus versos fluyeron libres, como el agua que, al fin, encuentra el cauce y arrastra, a su paso, todo aquello que perturba su camino. El poeta ha decidido agrupar todos estos poemas en una tetralogía formada por La poesía es un fondo de agua marina, Los soles por las noches esparcidos, Hasta el final camina el canto y Sobre el cielo imposible, libro que se presentará en Barcelona el próximo 7 de abril y que vamos a tratar de reseñar en las próximas líneas.
La poesía en Montobbio es amplia, se construye con periodos sintácticos extensos y enlaza, verso a verso, las partes de una misma historia, la del propio poeta. Santiago Montobbio, instalado en una madurez espléndida, ya no quiere ni puede callar y necesita explicarse a sí mismo el mundo que lo rodea, sus propios sentimientos, las cicatriz que le ha ido dejando la vida y, sobre todo, necesita constatar que está vivo, que la vida, pese a todo, es lo más importante y vale la pena ser vivida, aunque sea a través de luces y sombras, aunque sea "sobre un cielo imposible".¿Acaso el cielo no es para todos? ¿Acaso es una ilusión que nos hemos creado? ¿Es el cielo el reflejo de otra realidad? Quizá el poeta sienta que, con sus armas, pacíficas y abstractas, no pueda conquistar el cielo, pero sí llegar a rozarlo. Algún día, el cielo, gracias a los poetas, será, al fin, posible. Mientras, nos debemos conformar, como en el mito de caverna, con los reflejos, con las sombras, con la imagen de lo que pudo haber sido y quizá nunca sea.
Montobbio facilita al lector la comprensión del poemario porque no solo los numera (del 697 al 942), sino que suele fecharlos, con lo cual se entiende que son poemas correlativos, que han ido surgiendo, uno detrás del otro y que el poeta no ha tratado ni de falsear ni de edulcorar. A veces, hasta duele el sufrimiento de quien escribe unos versos tratando de dar respuestas y encontrando, a su paso, muchas nuevas preguntas y, a menudo, imposibles de contestar.
Los conceptos, el oficio del poeta, el sentido del poema, la misión de los versos son temas recurrentes en el poemario; así como el amor, sobre todo el desamor y la herida que deja, que no cicatriza, que siempre supura. El poeta, preñado de palabras, trata de darles sentido, pero no siempre sabe si lo hace y acude a otros lectores, a amigos, a seres queridos que le dan la opinión. Una de sus amigas opina que, en realidad, lo que Motobbio quiere es escribir prosa porque sus versos son un puro acopio de palabras, de sentimientos, aunque, algo ahí, la prosa tiene unas convenciones y la poesía otras y, en el caso que nos ocupa, no es prosa lo que fluye, sino poesía, aunque no encorsetada ni siquiera medida, más bien libre, pero poesía siempre. En otro momento, alguien le comenta que, para escribir lo que escribe, "es una persona normal". ¿Dónde está la línea que cruza lo normal y la supera? ¿Alguien tiene la patente de normalidad? Un poeta es aquel capaz de ver la normalidad donde no la hay. Que cada uno saque sus consecuencias.
Resulta muy complicado poder unificar, en unas cuantas líneas maestras, el propósito de Sobre el cielo imposible, entre otros muchos aspectos porque ni el poeta tiene claro ese propósito. ¿Por qué empeñarnos en buscarlo? La idea es leer, dejar que te acompañen, en este viaje, las palabras, los escenarios (Barcelona, muy a menudo), los recuerdos, las emociones, las sensaciones y las premoniciones.
Montobbio busca siempre el futuro, el renacer, la vuelta al principio y, en ese punto, reconoce que los niños tienen en sus manos la clave del misterio de la vida porque:
"Los niños hacen andar el mundo.
Le dan cuerda debajo de las sombras".
Tiende el poeta, como un demiurgo, a separar las luces de las sombras porque:
"Se asoma la luna, se asoma el alba.
Qué vivir tendrá mañana, y será
para él el tiempo una ventana.
El hombre mira por ella siempre a la esperanza".
Y es que la poesía, una vez puesta en pie, nunca acaba:
"El poema pide más. Pide vida. Y no termina".
La magia de los versos y esa especial manera de ser de los poeta nos salen al paso:
"(...) El poeta
es nuevo y viejo, es el mismo,
y es otro en su yo más profundo
y puro, como la soledad
que digo. El poeta
siempre es hechicero".
¿Qué hay detrás de los versos? ¿Qué busca el poeta?:
"(...) Yo solo escribo
y así no digo, solo en el arte
cabalgo, lato, me deshago, y siento que todo
lo que pueda decir fuera de él
es un sinsentido. Los poemas
se explican a sí mismos , o no se explican 
en modo alguno."
Sea como sea:
"El arte es aire claro y  a la vez
es siempre enigma."
El vacío, el abismo también aparece en los poemas de Montobbio y ese deseo de darle nombre a lo que nadie ha podido nombras jamás.La vida y el paso del tiempo, implacable, que parece no ser, pero que hace su labor a conciencia:
"Es este tiempo herido y fiero y que no es
nada, como la nada que el poema canta".
Y si es nada, ¿por que escribir?. Más aún, como le pregunta su propia madre: ¿Sobre qué los haces?:
"(...) Creo que yas los hago 
sobre nada, le respondo. Y es sobre nada
que los hago, o sobre la vida que pasa,
el latido o el ritmo con que la siento
y en el verso la ausculto, y en el viento
que lo modela, como junto al mar
al pino, y la luz y la sombra y las dagas
en ellas escondidas."
No se oculta el poeta, es más se nos ofrece, en total sinceridad, sin evitarse el desasosiego y la contradicción que lo amenazan:
"Ante el dolor siempre estoy solo".
Le diríamos que no es cierto, pero él mismo se da una respuesta pocos poemas más adelante:
"El poema da nombrea este desierto".
Ojalá, se dice, no tuviera que haber escrito estos versos, de dolor y de desamor, aunque no ha sido así, y le agradecemos la transparencia:
"Por este amor que aun así
ha sido una vida. Una vida, claro,
estúpida, y perdida, solo
de soledad transida".
Ahora bien, nos quedamos, siempre, con sus últimos versos que constatan la fuerza que aún le queda al poeta:
"Porque / vivir quiero".
Y no hay más que la vida y el paso del tiempo y la soledad y el desamor y las palabras y el ansía de trascenderse. Y no hay más ni menos, podríamos decir.
Sobre el cielo imposible es, como los otros libros de la tetralogía que comentaremos en otro momento, un libro río, un libro padre, madre y pan. Recomendamos al lector que sea despacio el prólogo del propio Montobbio y esas reflexiones que va intercalando a lo largo del libro que son, por así decirlo, como faros en medio de un mar. El mar de las palabras. O como dice el poeta:
"El silencio. La bendición del silencio.
Quiero un campo de trigo dentro del cuerpo.
Para hacer pan muy verdadero,
y como poemas extenderlo por tu recuerdo,
o el mundo entero".



miércoles, marzo 30, 2016


Contes pera nens que s`adormen de seguida,
Pinto & Chinto, Kalandraka, 2016.

Escriure un conte no és gens fàcil, fins i tot és més complicat, de vegades, que escriure una novel·la. Si parlem de contes curts la dificultat augmenta. En el cas que ens ocupa (“Cuentos para niños que se duermen enseguida” o “Contes per a nens que s`adormen de seguida”, també en gallec, portuguès i italià) s`aconsegueix, no només escriure textos de qualitat literària, sinó sorprenents, textos que causen perplexitat i ens deixen, a grans i petits, amb la sensació de que hi ha alguna cosa que ens hem perdut, però que ens agradaria conèixer.
Les coses no són sempre com ens mostren els sentits que, de vegades, ens enganyen perquè hi ha una altra manera de veure el món que ens envolta i és amb els ulls de la imaginació, de la màgia, del nonsense. Comences a llegir una història que sembla tradicional (un pirata, una princesa, un castell, un gegant o un monstre) i veus que res és el que sembla. Així, el pirata acaba alimentant-se de la seva pròpia pota de pal que ens converteix en una pomera, la princesa acaba sent una granota, el rellotge pintat de l`Emma funciona perfectament, la bruixa sap com conquerir l`amor de la seva vida, el follet acaba venent el seu bolet, les cartes de la baralla mai estan d`acord i així successivament. Hi ha, molt sovint, moments d`absolut lirisme com pot ser el conte “Animals de paper” o “La sirena i l`humà”.
El pas del temps, els costums, els sentiments, les emocions, la felicitat, els desitjos són presents en aquests contes, breus i força concentrats, que ens contagien la joia de viure, la capacitat de pensar, de reflexionar, de jugar amb els mots, de crear una altra realitat a partir de les coses i personatges coneguts.
Pinto & Chinto són, en realitat, Carlos López, autor del text, i David Pintor, l`il·lustrador. Els dos, en perfecta harmonia, ens contagien de l joc i la il·lusió que traspuen aquests 28 contes. Cada conte va acompanyat de la seva il·lustració, amb la qual cosa s`ha fet un esforç per relacionar text i dibuix. Si el text ens porta fins a algun parany, cap a terrenys que semblen coneguts però que no ho són; la il·lustració ens permet la contemplació del detall, del color, del gest en un moment, del rostre, del matís i de l`instant. Cada imatge s`atura en un fragment del conte o el capta de forma global.
Aquests contes lluiten contra la monotonia i ens fan veure que tot és possible, que un pot sortir de la seva zona de confort i endinsar-se en espais no coneguts perquè la recompensa no és noment passar una bona estona, sinó descobrir que, a la vida, a cada una de les nostres vides, d`adults que vam ser nens i de nens que seran adults, podem posar el color, la sorpresa i el canvi inesperat perquè res encara està fet i tot és possible.
En definitiva, aquests contes garanteixen somnis en grans i petits. Quan acabem de llegir, realment, tindrem tots els colors de l`arc iris a les nostres mans.

domingo, marzo 27, 2016

El cuervo de Poe,
Rosa Ruiz Gisbert, Ediciones del Genal, 2016.

Escribir un libro de memorias no es tarea fácil porque, por un lado, se despiertan vivencias o recuerdos no siempre placenteros y, por el otro, corres dos riesgos. O bien puedes dañar a terceras personas con tus palabras o bien lo dulcificas demasiado. ¿Cómo lograr un equilibrio? ¿Cómo conseguir atrapar al lector desde el principio?
La escritora malagueña Rosa Ruiz Gisbert, con un amplio bagaje de publicaciones a sus espaldas, logra, gracias a su prosa sobria, bien trabada y rigurosa, ofrecernos un texto que se lee con emoción e interés.
Rosa Ruiz evita caer en dramatismos, en lugares comunes, en quejas, en saldar cuentas pendientes... Eso no cabe ni en su cabeza ni en su manera de ser y escribir. Lo que pretende es dejar testimonio de ella misma para que la podamos entender mejor, para que podamos saber cómo fue y pensó y acaso sepamos valorar que, para que se construya una personalidad, hacen falta muchos días, muchas experiencias, muchas reflexiones y mucha honestidad. Honestidad es lo que derrocha la escritora en estas páginas.
No solo encontraremos aspectos biográficos sino reflexiones profundas sobre el ser, la existencia, las relacines personales, el amor, las emociones y los sentimientos. Rosa Ruiz es una mujer que ha leído mucho y que se muestra humilde en sus conclusiones, aunque podría darnos lecciones a todos.
Este primer volumen comprende su nacimiento, infancia, adolescencia y juventud. Nos habla de sus padres, a los que perdona y, a la vez, se perdona a ella misma. Nos cuenta las penurias de una posguerra en blanco y negro, sin alicientes, en la que había que sobrevivir cada día.  Nuestra escritora es una mujer que se hizo a sí misma, con tenacidad y esfuerzo que fue, poco a poco, tomando conciencia de sus habilidades y dándose cuenta de cómo podía evolucionar como persona y laboralmente.
Son muchos los personajes que aparecen por las páginas de este volumen, algunos ya murieron, otros leerán el libro. Las descripciones que hace Rosa Ruiz son certeras y realistas. No esconde los inconvenientes, pero tampoco disfruta contemplándolos. Los explica y sigue avanzando.
El cuervo de Poe se caracteriza, como decíamos al principio, por una prosa amplia y precisa. No acude al diálogo, sino a la reflexión personal, a la propia explicación que se ensancha y nos muestra una parte de nuestra historia reciente en la que no había avances tecnológicos, pero sí el contacto personal, las ganas de vivir, el deseo de soñar.
Agradezco a Rosa este volumen que me ha permitido conocerla mejor y valorarla como hija, como mujer, como trabajadora. No obstante, el libro se puede leer de manera indepediente; esto es, sin necesidad de frecuentar a la autora. Y ese es el gran mérito del texto, que cale su forma de escribir, esa ironía sutil que maneja, sus reflexiones siempre honestas y la gran categoría humana de la persona que es Rosa Ruiz Gisbert. 

domingo, marzo 13, 2016





Todo es máscara,
Rosa Huertas.
Ilustraciones: Álex Fernández Villanueva,
Anaya, 2016.

La acción comienza en Madrid, en 1835, en un baile de máscaras. La máscara es un elemento recuerrente a lo largo del relato, no en balde da nombre a la obra y contiene una simbología que es clave para entender el relato. Nada es lo que parece, ni la ciudad, ni los personajes, ni las acciones.
En este Madrid romántico, preñado de acontecimientos políticos y de continuos sobresaltos, las gentes aprender a seguir viviendo y lo hacen, cómo no, tras una máscara.
Eugenia, una chica de clase social alta, desaparece misteriosamente en ese baile y su amiga Teresa intenta, por todos los medios, averiguar qué hay tras esta desaparición. No le resulta fácil por su condición de mujer, aunque, con la complicidad de su hermano Mateo, se oculta tras un disfraz de hombre que le permite entrar en los espacios prohibidos a las mujeres, el café Príncipe, por ejemplo, y otros escenarios. Le ayuda Lucas, un amigo de su hermano quien vive un momento de confusión y ofuscación sentimental que lo lleva a cometer alguna torpeza con Teresa o con Juan, su identidad fingida.
En el relato se mezclan personajes imaginarios con personajes reales, como es el caso de Larra quien está viviendo sus últimos años y muestra todo su dolor, a veces cinismo, frente a su relación con Dolores Armijo. No obstante, ayuda a Teresa y aprende a guardar su secrero. Larra es una pieza esencial en este puzzle de las máscaras porque él mismo se ocultaba tras una máscara de fingida indiferencia. El relato avanza hasta el fatídido 13 de febrero de 1837 en que el autor decidió quitarse la vida. Rosa Huertas recoge las reacciones de las gentes y nos permite asistir, doloridos, al final de una etapa.
Mientras, Teresa averigua el paradero de Eugenia, aunque eso ya no le importa porque ella misma está viviendo su propia peripecia sentimenal con Lucas. El lector los acompañará en las últimas páginas de una manera especialmente intensa.
Todo es máscara nos habla del papel de la mujer en el S. XIX y de las limitaciones que tenía. Teresa, en ese sentido, es una adelantada a su época que no duda en vestirse de hombre para conseguir sus objetivos, aunque termina congraciándose con su femineidad. La novela también alude a algunas costumbres o usos de la época, como puede ser el duelo e, incluso, a las diversiones comunes como son la corridas de toros. 
Rosa Huertas se pasea por el Madrid del s. XIX con toda naturalidad, por las tertulias literarias, por los mentideros, por las calles, por el teatro Real, por los hogares, por las cocinas y por los espacios más secretos. Logra un relato, así, muy vivo, en donde la ciudad es también protagonista.
Los personajes como Teresa o Lucas son seres que evolucionan conforme avanza la historia. Lo vemos a través de sus cartas, de sus diálogos. Teresa al final del relato ya no es la joven asustadiza y con baja estima que veíamos al principio, sino una mujer consciente de sus ideas, con vuluntad firme. Lucas, por su parte, ya no es el joven despreocupado del principio, algo frívolo, que se fijaba más en la belleza que en el interior, sino un hombre que ha pasado por situaciones límite, que ha estado al punto de perder la vida y que, sin saber muy bien qué le deparará su condición, aunque consciente del amor que le tiene a Teresa.
Todo es máscara es un relato espléndido que no solo interesará a los jóvenes lectores, sino a todo aquel que quiera conocer un poco más cómo fue un periodo tan interesante, como efímero, como es el Romanticismo español.
Las ilustraciones, por su parte, se centran en los espacios y en los personajes a los que retrata de manera estilizada en los principales escenarios que se describen en la novela. La portada, por ejemplo, muestra una escena femenina, interior, que queda superada con la ilustración final, de Teresa, madura y triste, rindiendo tributo a Larra.






Un esguince en el cerebro
Alfredo Gómez Cerdá.
Ilustraciones: Francesc Rovira,
Edebé, 2016.

Un esguince en el cerebro es una metáfora paródica de lo que puede suceder si seguimos confundiendo lo esencial con lo superfluo. Hay mucho de postureo en nuestra sociedad, en nuestra forma de vivir más pendiente del tener que del ser. No es la primera vez que Alfredo Gómez Cerdá nos da un toque de atención al respecto.
El protagonista del relato es un niño cuyos padres, pensando que lo quieren mucho, lo han rodeado, desde la cuna, de toda clase de objetos electrónicos. La visión humanista o humanizante se ha perdido y, en su lugar, hay consolas y televisores por doquier y ordenadores y móviles y todo armatoste que tenga teclas y pueda conectarse.
Piensan los padres de Godofredo que están criando a un ser superdotado y no entienden que en el colegio no lo sepan detectar.
Todo va bien hasta que la profesora del niño tiene una idea, diríamos que subversiva. Pretende que todos lean un libro. Los padres de Godofredo se indignan y ponen el grito en el cielo, aunque acaban comprándolo, pero con todas las precauciones. El niño lo lee casi como si estuviera haciendo algo prohibido y los padres lo observan como a un bicho raro. La ironía, fina y recurrente, aparece en todo momento en las distintas situaciones que se describen en la novela.
Un buen día, Godofredo siente dolores de cabeza y, tras muchas pruebas, a cual más extraña, se le detecta un esguince en el cerebro. Sí, en el cerebro. No en la rodilla o en la pierna o en el brazo,  que sería lo más común, sino en el cerebro. Los padres amenazan a la profesora y el niño, mientras, trata de encontrar soluciones. Y las encuentra, pero eso deberá averiguarlo el lector.
El caso es que el cerebro, si no se alimenta convenientemente, corre el riesgo de atrofiarse o de, como le ocurre al protagonista, sufrir un esguince. Eso sí, hay aún remedio, pero, como tardemos en aplicarlo, todos acabaremos con el cerebro enfermo. O, si no, al tiempo.
Un esguince en el cerebro está escrito en clave de humor, como hemos dicho, pero contiene una carga crítica que solo con humor e ironía se puede formular. Los personajes y las situaciones se exageran y rozan el esperpento, pero eso nos permite que nos distanciemos y observemos a los personajes con curiosidad y pasmo y, por qué no, cierto miedo ya que, de seguir así, como decíamos, habrá pronto muchos padres que, como los de Godofredo, prefieran la tecnología a los libros. Es más, y eso si no que da miedo, quizá ya los haya.
El relato se destina a niños a partir de 10 años, pero haremos bien en leerlo los mayores. Se estructura en 13 capítulos y se narra en tercera persona de una manera ágil y vivaz. Los diálogos son certeros y los pensamientos de los personajes nos permiten entender mucho mejor la historia. Las ilustraciones de Francesc Rovira, por su parte, humanizan a Godofredo y nos lo muestran como un niño normal, pese a la influencia de sus padres. 
En definitiva, un libro punzante, crítico, divertido y que da pie, sin decirlo expresamente, a muchos debates. Sea como sea, la lectura se salva y sobrevive a tanta tontería y sinrazón.

viernes, marzo 04, 2016

Mi vecino Cervantes,
Rosa Huertas. Ilustraciones: Beatriz Castro,
Anaya, 2016.

¿Os imagináis a Miguel de Cervantes en pleno S. XXI? ¿Cómo iría vestido? ¿A qué se dedicaría? Lucas, el protagonista del relato que firma Rosa Huertas, cree que su vecino es el autor del Quijote porque se le parece mucho y porque hay demasiadas coincidencias entre los dos. Tanto le emociona el descubrimiento que está al punto de meterse en más de un lío.
El vecino de Lucas, efectivamente, parece haber vivido una vida casi paralela a la del autor renacentista. Ambos han perdido el uso de la mano, ambos pasan estrecheces económicas, ambos son escritores. Por si fuera poco, el vecino le cuenta relatos a Lucas que son las propias obras de Cervantes.
 Mi vecino Cervantes es una novela con un planteamiento muy ingenioso porque trasvasa la circunstancia de Cervantes al Siglo XXI y lo hace a través de la mirada de un niño. Así se logra un relato directo, muy cercano y emocionante.
Los datos que se dan del autor son certeros, con lo cual el libro puede ayudar a los primeros lectores a entrar en el universo cervantino y a hacerlo de una manera cordial, muy a su altura, aunque sin perder rigor ni calidad literaria.
El lector, sea niño o mayor, asiste a la amistad entre un niño y un anciano y se siente como un observador de la misma. El vecino de Lucas no tiene mucha suerte, no cobra jubilación, aunque no ha perdido el humor ni la alegría. De ahí que mantenga una buena amistad con Lupe, la panadera del barrio. Eso ocasiona alguna confusión porque Lucas se entera de que Cervantes murió a causa de la diabetes y cree que, si come dulces, eso le perjudicará.
El diálogo en la novela es esencial, como lo es en el propio Don Quijote. Lucas va creciendo a medida que don Miguel le va abriendo los ojos de la imaginación y lo va invitando a ser una persona creativa y libre. Uno de los consejos que le da es impagable: "...con la palabra puedes aprender, convencer, soñar, viajar a mundos lejanos, imaginar, crear nuevas ideas, relacionarte con los demás... Sin la palabra nada de eso sería posible".
El lector se deja seducir por el juego metaliterario que nos propone Rosa Huertas. ¿Es verdad o mentira? De alguna manera, Lucas sí conoce a don Miguel de Cervantes que lo acompaña durante un trecho de su vida hasta que decide irse a vivir con su sobrina. Ahora bien, la sorpresa viene al final del libro. Entonces descubrimos la verdad y entendemos el papel o misión de Rosa Huertas.
Las ilustraciones, por su parte, son decisivas para situar en el contexto actual la acción que nos relata el texto. Gracias a las mismas, vemos a Miguel de Cervantes hoy en día y aceptamos, de buen grado, que asi sea. Son ilustraciones muy realistas, llenas de detalles y color.
Mi vecino Cervantes va destinado a lectores desde 8 años y será, sin duda, un descubrimiento para ellos porque aprenderán, sin grandilocuencias, quién era Cervantes y cuál es su vigencia actual.
El homenaje a Cervantes, en su 400 aniversario, que le brinda Rosa Huertas es, sin duda, un acierto por su amenidad, por su planteamiento y por su cercanía.

lunes, febrero 29, 2016

La història del Ferdinando,
Munro Leaf. Ilustraciones: Robert Lawson,
Kalandraka, 2016.

La història del Ferdinando és un llibre singular. Publicat al 1936, el podem considerar un clàssic del pacifisme i una història molt actual perquè, malgrat els anys passats des de la seva primera publicació, el pensament del Ferdinando ens fa reflexionar i ens commou.
En Ferdinando és un brau que, en principi, ha d`estar destinat a les curses de braus perquè és el seu destí, malauradament.  Ara bé, en Ferdinando, des de petit, és diferent, amb ell li agrada la tranquil·litat i admira les flors. És un animal contemplatiu. La seva mare pateix però el deixa seguir amb les seves inclinacions. Ferdinando, però, està al punt de caure en el parany per culpa d`un borinot que el fa córrer com si fos el més brau de tots. Fins i tot, acaba a la plaça de braus, però ell no té cap ganes de lluitar. No és aquesta la seva forma de ser.
La història del Ferdinando va ser prohibida a Espanya per considerar-la una crítica a la Guerra Civil i també va estar al punt de mira de Hitler, doncs no encaixava en les idees nazis i va ser cremat. Per això encara ens sembla un llibre més poderós perquè ha sabut superar tots els obstacles i arribar, amb calma, sense agressions, com el propi Ferdinando, als nostres dies. Fins i tot, sembla que era un dels llibres més estimats de Gandhi.
El relat, pel que sabem, va ser escrit en poc més d`una hora. Podríem dir que és un conte amb final feliç perquè en Ferdinando pot tornar a casa i seguir sent ell mateix. El llibre, cal remarcar-ho, no només és un al·legat pacifista, sinó que mostra que un ha de ser ell mateix, encara que vagi contracorrent. En Ferdinand i els altres braus no tenen res a veure, però ell no es posa en seu camí, els deixa que visquin com vulguin. 
Trobem també, amb certa ironia, una crítica a les curses de braus i a tota la parafernàlia que generen. Contrasta, a més, que el llibre fos publicat al mateix temps que Heminwgay publiqués la seva defensa de les curses de braus. Tots dos poden conviure, és evident, cal, només, ser respectuós. Sigui com sigui, en Ferdinando està en contra de la violència.
El text és senzill i directe. El narrador ens explica, en tercera persona, un conte a l`estil tradicional. L`emmarca en  un escenari (Espanya) i en un temps passat (temps era temps). Té també fórmula de tancada on el propi narrador, en primera persona, en treu una conclusió. D`alguna manera és un conte atemporal perquè acaba en present.  En Ferdinando, doncs,  va creixent i va fent-se, per fora, molt gran, però per dintre conserva la seva innocència d`un petit vedell. Aquí trobem un dels encants del llibre. Cal valorar, a més,   la traducció acurada de Francesc Parcerisas.
Les il·lustracions, de Robert Lawson, en blanc i negre, ofereixen els petis detalls del dia a dia d`en Ferdinando i l`acompanyen fins al final. Són imatges clares, realistes i plenes d`informació. Kalandraka ha volgut recuperar la primera versió del llibre. El llibre es presenta en català, en gallec i en portuguès.
A més, cal recordar que en 1938, Disney va adaptar el conte i va guanyar un Oscar al millor curtmetratge d`animació.
La història del Ferdinando pot ser llegida en clau metafòrica, depenent de l`edat del lector, però agradarà molt als petits, primers lectors,  perquè la figura del brau cau simpàtica, és tendra i amable.
En definitiva, un relat que convé tenir a mà per no oblidar-nos de que el camí és la pau. Així ens ho mostra en Ferdinando, que es nega a lluitar perquè ell el que vol és ser feliç al prat, olorant les flors i vivint a la seva manera.
El relat ha estat seleccionat per la Internacionale Jugend Bibliothek com un dels 10 clàssics per la pau i la tolerància.



domingo, febrero 28, 2016

El letrero secreto de Rosie,
Maurice Sendak, Kalandraka, 2016.

Hace muchos años, los niños y niñas podían jugar en las calles sin temor. Entraban y salían y el tiempo se alargaba como un chicle de fresa. Sendak recuerda con cariño esos días y parece inspirarse en una niña a la que conoció y observó porque, solo tras una observación tenaz, se puede escribir el libro que hoy estamos comentando.
Se sitúa en el barrio de Brooklyn, el propio del autor, muy lejos, insistimos, de los problemas de una gran ciudad. Muy lejos de la prisa, del tiempo, de las obligaciones y de las imposiciones que recaen, a menudo, sobre los niños.
En este espacio, Rosie se convierte en Alina, una gran cantante e inventa, para ella y sus amigos, un espectáculo, en donde la imaginación es la pieza indispensable. La rodean Kathy, que será una bailarina árabe, Lenny, que va disfrazado de bombero y varios más. Son todos niños y niñas que están creciendo y descubren cómo es la vida, los roles, las emociones, las singularidades de estar siempre en tránsito.
Sendak disecciona, con pluma hábil, los sentimientos de estos niños, de la infancia en general. No todo es alegría y juego, a veces sobrevienen las tristezas y las dudas e, incluso, los miedos. Los niños no son felices por decreto ley. Eso no debemos ignorarlo. Rosie, por ejemplo, se queda sola, en un momento del relato y se siente frustrada en su deseo de cantar, aunque decide hacerlo ella. Por ella y para ella. 
A veces el aburrimiento se instala en los corazones infantiles que sucumben al tedio, a la pereza y deben reinventarse y acudir de nuevo al juego, a la imaginación. Son momentos leves, que sirven de reflexión al lector y que le permiten vislumbrar su propia infancia.
Alina y sus amigos entran y salen, inventan juegos extraños, se convierten en petardos de colores y aprenden a conocerse un poco más y a sentirse parte de un grupo, de un todo.
En el relato, el personaje adulto es importante. Son las madres quienes se sitúan en un plano cercano al de sus hijos, las cómplices de sus juegos, las que les propician la imaginación y les permiten tener sueños. Son las madres las que los mandan a la calle, las que les dejan jugar en libertad y las que, de nuevo, siembran de nostalgia el alma del lector y del propio Sendak.
El relato, publicado en 1960, no llegó a España hasta 1984 y ha sufrido una suerte desigual. Se divide en cuatro capítulos y presenta unas ilustraciones cercanas, llenas de detalles. Son ilustraciones que hablan de hogares habitados, que presentan cómo son los niños, con qué juegan; cómo son las casas. Son ilustraciones que muestran a las madres en las ventanas o lavando los platos. Es más, recrean el mundo cotidiano, con el gato, con el mantel rojo que le sirve a Rosie para convertirse en Alina, con una toalla, un caballo de cartón o un globo.
No es un libro fácil ni predecible, porque requiere un esfuerzo, como todos los de Sendak, pero la recomensa es mil veces superior a otros cuentos más rectos y más planos. Kalandraka sigue apostando por Sendak para deleite de niños y grandes.


La noia de la mitjanit,
Gisela Pou, Edebé, 2015.

La noia de la mitjanit ens proposa un viatge fascinant que ens commou i ens fa pensar. Un drama s`amaga darrera del començament de la novel·la, perquè la Gisela Pou s´inspira en un fet històric: les tastadores de Hitler. A partir d`aquí, combinant història i ficció, ens regala una bonic relat on el present i el passat van de la mà.
Per una banda, una noia, la Sira Burg, jove i actual; per l`altra, una anciana, la Gertrud Grass, nonagenària, i una de las tastadores de Hitler. Ambdues històries tenen un punt en comú: l`àvia de la Sira. El lector anirà descobrint i cercant diferents aspectes que el captivaran, no en tenim dubte.
La Sira arriba a Berlín, després de trencar amb el seu nuvi, amb l`ànima confusa, amb la maleta perduda i sense diners. Va a la recerca d`un periodista, el qual va escriure sobre la Gertrud Grass, però no tot és fàcil a la vida. Un amic d`infància, el Vidal, l`ajuda i li fa canviar els plantejaments de la seva vida.
De tant en tant, en cursiva, ens surt a veure el passat de la Gertrud, que ens explica com va ser la seva vida, com va ser el seu patiment, les seves pors i la seva angoixa davant d`uns plats, ben cuinats i en aparença excel·lents, que li podien segar la vida. Els trets psicològics estan molt ben descrits i som capaços de posar-nos a la pell d`aquelles noies que es jugaven la vida cada dia, encara que no hagin passat a la història com a heroïnes, ho van ser.
A la novel·la trobem amor i desamor, les relacions familiars (la mare de la Sira és una actriu força egocèntrica), la memòria i el passat. Trobem un mosaic de sentiments que es barregen i que van, de mica en mica, perfilant el final del text.
Podem dir que és una novel·la iniciàtica perquè la Sira, després del seu viatge a Berlín, ja no tornarà a ser mai més una noia potser una mica frívola, potser una mica banal, sinó que creixerà com a persona i sabrá valorar el que té importància d`allò que no la té.
La noia de la mitjanit està escrita en primera i tercera persona i ofereix una estructura paral·lela, com ja hem dit. Potser ens crida més l`atenció el passat de la Gertrud, encara que la Sira se`ns presenta com una noia molt real i ben descrita.
En definitiva, un relat intens, amb un ritme creixent i un final  que sorprendrà.  

lunes, febrero 22, 2016


L´últim truc de màgia (El último truco de magia),
Maribel Romero Soler, Edebé, 2015, (Periscopi, 47).

L últim truc de màgia és una novel·la que parla dels somnis, de les superacions de les pors i de la superació dels obstacles. Per una banda, un vell mag, el Gran Price Magic, que tot ho va tenir i que tot ho va perdre; per l`altra el quadre magnífic de Sorolla "Passeig per vora el mar". I al mig, dos adolescents, en Tristany i la Núria, un jove psicòleg, en Carles, germà d`en Tristany, i una noia sortida del no res, la Paloma. Tot junt, dóna pas a una bonia història, d`amor i d`amistat.
El mag, en un darrer esforç,fa un número impossible. treu del quadre a una de les noies, la més jove, que apareix a la platja de València, passejant, perduda i feble. Els joves la veuen i l`ajuden, pensen que ha perdut la memòria. La Paloma és una noia bonica, afable, educada i que sap pintar, però no recorda que fa allà, encara que li agrada.
Hi ha dos escenaris importants, la mar, a València i el Museu de Sorolla, a Madrid, que és on fa l`últim truc el vell mag. Després queda molt debilitat i, com que no té res, acaba a una residència pública on coneix a en Carles, un jove psicòleg amb moltes ganes de treballar.
La història va en paral·lel durant uns capítols, fins que en Carles, volent ajudar el seu germà, coneix a la Paloma i queda meravellat per la noia. 
El quadre segueix al Museu, encara que sense la jove filla del pintor Sorolla que ha desaparegut misteriosament. Un amic d´en Carles treballa allà i li explica el que ell pensa: el quadre és l`autèntic, només que sense la Maria Clotilde que és com se deia la filla d`en Sorolla.
Finalment, els personatges acaben en un sol escenari i tornant al Museu. El mag fa un nou truc, segurament l`últim de veritat, i la noia acaba vivint una segona vida al Segle XXI i al costat d`en Carles.
L´últim truc de màgia s`estructura en 20 breus capítols que, amb intensitat creixent, ens van conduint fins a un final ple d`energia i de llum. El mar Mediterrani, d`alguna manera, és protagonista del relat i d`alguna manera encomana al lector les ganes de sentir i de viure que tenen tots els personatges. No diríem que és un relat de ciència ficció, perquè no ho és ni tampoc de fantasia, ni de misteri, sinó, com diu el títol, de màgia. 
Els personatges estan molt ben caracteritzats i la història resulta creïble i emocionant fins el final. Hi ha, com dèiem, amor, amistat, però també una reflexió sobre la vida i el pas del temps. De vegades, com passa aquí, hi ha una segona oportunitat. 
 Una novel·la per a joves que agradarà a tots els lectors. La llum de Sorolla ens espera.


 

Una fiesta sorpresa
Pat Hutchins, Kalandraka, 2016 (Libros para soñar)

Todos hemos jugado alguna vez al juego del teléfono y nos hemos reído con las ocurrencias que se escuchan al final de la cadena y que, habitualmente, no tienen nada que ver con el mensaje inicial. Esto puede provocar la risa si es un juego, pero puede ser causa de malos entendidos si se trata de la vida real. 
No siempre sabemos guardar los secretos y, lo que es peor, no siempre los entendemos.Es más, no siempre merecemos ser los depositarios de los mismos.  Es el caso del conejo que, entre susurros, le confía al búho un secreto: "Mañana daré una fiesta. Es una sorpresa". El búho no solo no lo entiende, sino que se dedica a difundirlo al siguiente animal, una ardilla y este a otro y así sucesivamente. El mensaje suena igual, porque mantiene la misma rima y la misma estructura sintáctica, pero ya no forma parte de la intención de nuestro amigo conejo. Unos entienden que dormirá la siesta, otros que viajará con su maleta, que volará en avioneta, que montará en una mofeta, que entrará en la caseta y, finalmente, la rana, entiende que quiere ser poeta. La coletilla "Es una sorpresa", milagrosamente, se mantiene en todos los intercambios. Acaso todo se habría solucionado si el conejo hubiera hablando más alto y claro y el búho hubiera mantenido el secreto.
Esta sería la primera parte del cuento. La segunda equivaldría al retorno, es decir, cuando conejo quiere desvelar su sorpresa y empieza por el último animal que recibió el aviso, la rana, pero esta no lo deja ni acabar, convencida de que no le gustarán sus poemas. Lo mismo pasa con el resto de animales. Cada uno le responde según lo que ha entendido; pero nadie deja que termine sus explicaciones. Así, conejo vuelve a ver al búho, confundido y extrañado, y dice, muy alto que celebra una fiesta. En esta ocasión, todos se enteran y añaden, para colmo: "¿Por qué no lo has dicho antes?". El contraste entre el susurro inicial y el grito final es evidente.
Una fiesta sorpresa es el libro ideal para los prelectores y los primeros lectores. Como ha quedado demostrado, se trata de un relato acumulativo y encadenado que va de un personaje a otro hasta que retorna, a la inversa, hasta el final. En clave de humor, el cuento nos habla de la comunicación y de los problemas que pueden presentarse, en un grupo, si dan crédito a los rumores o a las falsas informaciones. Por lo tanto, hay que saber muy bien qué decimos antes de decirlo. Esa es una buena enseñanza para todos y, en Una fiesta sorpresa, se plantea con humor y mucha diversión.
Las ilustraciones, muy coloristas y llenas de pequeños detalles, se centran en los animales protagonistas, en sus aspectos, en la textura de sus pieles o plumas, en los primeros planos. Finalmente, el conejo, el búho, el pato, la ardilla, el ratón y el zorro aparecen unidos, en medio de una vegetación espléndida, dispuestos, por fin, a celebrar la tan cacareada sorpresa. 
Una fiesta sorpresa es un texto directo, fácil de entender, con elementos recurrentes que propician la memorización y, por lo tanto, la dramatización en clase. Sin duda, una obra teatral basada en el libro sería un éxito en infantil e, incluso, en los primeros cursos de primaria.
Por encima del humor y de la fuerza de las imágenes destaca la importancia de la comunicación. Esta vez entre animales; pero, sin ningún problema, se podría aplicar a las personas. Para que el intercambio de información fluya debemos comprender muy bien qué nos quiere decir el emisor y, si no, le volvemos a preguntar. No nos vaya a pasar como al buen conejo que si se descuida se ve obligado a escribir poemas, a salir de viaje o a montar sobre una mofeta.

domingo, febrero 21, 2016

¿Quién compra un rinoceronte?
Shel Silverstein. Traducción: Miguel Azaola,
Kalandraka, 2016

Dicen que los niños que tienen una mascota crecen más sanos, aprenden a compartir, a interactuar, a ser más generosos y más responsables. Sin duda, al pensar en una mascota, se nos puede ocurrir un perro, un gato e, incluso, un conejo, por poner algunos ejemplos. Sí que es verdad que también hay muchos que optan por los animales exóticos, aunque es difícil interactuar con un camaleón o con una iguana. No obstante, para el narrador e ilustrador del libro que nos ocupa, no hay nada imposible y lanza una propuesta insólita y atrevida. Shel Silverstein propone que pongamos un rinoceronte en nuestras vidas. ¿Cómo? ¿Un rinoceronte? Exactamente y no solo eso, sino que lo vende y, para lograr que alguien lo compre, apela a todas las utilidades que puede tener un animal de semejante peso.
Y es que un rinoceronte tiene muchas utilidades. Puede servir de perchero, rascarte la espalda, hacer de lámpara, comerse las malas notas, jugar contigo y, de paso, ayudar a algún miembro de la familia. No tiene desperdicio: es capaz de abrir latas, ayuda a la abuela a hacer rosquillas o a la tía a hacer calceta. Son tantas y emocionantes las habilidades de un rinoceronte que, al acabar el libro, queda el poso de la ternura que despierta en aquel que lo tiene como mascota.
El contraste entre el niño, que cuenta la historia, y el rinoceronte es innegable, pero, sobre esta base antitética se tejen las paradojas del libro. El rinoceronte acepta regañinas, es amable y paciente, aunque, debido a su peso, se mete alguna vez en líos; por eso, tal vez, se vende, aunque, dudamos, al final, no solo del éxito de la venta sino de que el niño, de verdad, quiera desprenderse de él porque el texto es un canto a la amistad, a la superación de las diferencias, a las desigualdades que nos acercan, a la superación de estereotipos y tabús.
¿Quién compra un rinoceronte? se inscribe en la línea del nonsense. El autor, en tono serio, explica las situaciones más disparatadas y eso, sin duda, provoca la perplejidad, primero y la risa, después. El texto, no lo olviddemos, tiene más de 50 años, ya que se publicó en 1964, pero no ha perdido actualidad; más bien al contrario, la ha ganado.
El cuento está escrito en verso y su traductor al castellano, Miguel Alzaola, mantiene las rimas y logra un texto fresco, directo y muy apetecible para los primeros lectores, aunque los más mayores, incluso los adultos, no dejarán de pasar un rato hermoso en compañía de este rinoceronte especial.
Chocan las ilustraciones, en blanco y negro,  minimalistas que no despistan al lector, que se centran en aquello que quiere contar y que, sin duda, propician la fantasía y despiertan la imaginación. El único color que destaca es el rojo del lazo del rinoceronte en la portada. Es más, en esta edición, Kalandraka presenta el libro envuelto con un precioso lazo de este color. A ver quién se resiste así a poner un rinoceronte en casa. 
Es crucial rescatar a los autores, clásicos contemporáneos de la literatura infantil, y darles el sitio que merecen. Los niños de hoy no pueden prescindir de historias como la que estamos reseñando. ¿Quién compra un rinoceronte? es una historia divertida, cargada de humor, que huye de fórmulas manidas y apuesta por una visión distinta de la realidad. Bienvenido sea, pues, el rinoceronte a nuestras vidas, aunque se haga un lío con las puertas y deje huellas por todas partes.

domingo, febrero 07, 2016

El libro de las narices,
Pepe Serrano -David Guirao,
Ediciones Nalvay, 2015

Nunca un escritor y un ilustrador estuvieron más unidos que en el libro que presentamos porque El libro de las narices no se puede concebir de otra manera que como la que nos ofrecen sus autores. No sabríamos decir dónde acaba el trabajo de uno y empieza el del otro, tal es la perfección entre imagen y texto escrito.
¿Cómo describimos este libro diferente? ¿Es una enciclopedia o es un divertimento? ¿Es una humorada o es algo muy serio? ¿Nos hace reír o nos permite identificarnos? ¿Va en serio o es una broma? Sea lo que sea, no es un texto aburrido ni monótono, en abosluto, sino fresco y ágil, que enlaza unos aspectos con otros y ofrece, por narices, un compendio sabrosísimo de las curiosidades en torno al apéndice nasal.
Se divide el libro en cuatro bloques. El primero va dedicado a los tipos de nariz y allí encontramos desde la nariz del músico a la del espía, pasando por la del poeta o la del superhéroe. Al lado del tipo de nariz, aparece una ilustración y un breve texto que, con todo tipo de ocurrencias, comparaciones e imágenes, alude a cómo es la persona que ostenta esa nariz y cómo se la puede identificar. Y es que uno no puede esconder su nariz. Si no que se lo pregunten a los personajes de la segunda parte titulada Narices famosas. Aquí se repasan las grandes narices como la de Cyrano, el reno Rodolfo, Cleopatra o Pinocho, pero no es un repaso leve, para nada, más bien se trata de entradas, como si fuera una enciclopedia, a ese personaje. 
La tercera parte, y más ocurrente, son los accesorios para una nariz, con sus utilidades y el precio, por supuesto. Aquí, el lector podrá comprar lo que quiera, un dedo índice, una verruga, un pendiente o un beso. No podrían faltar las utilidades de la nariz, de ahí la cuarta parte titulada Cosas que se pueden hacer con una nariz. ¿No se nos ocurre? Pues a los autores sí, porque con una nariz se puede saludar a un amigo, hacer malabarismos, apagar un incencio y otras muchas cosas.
El libro de las narices nos permite, al fin, meter las narices entre las páginas y husmear a nuestro antojo sin que desentonemos. Cualquier lector, desde un niño a un adulto, encontrará momentos divertidos en el libro, guiños geniales (como la nariz de la gran Gloria Fuertes), alusiones literarias (que le pregunten a Quevedo a ver qué opina) y una serie de aspectos que, a cada lectura, se nos irán apareciendo para disfrute de todo tipo de narices. Aquí cabemos todos.
Un libro, insistimos, muy bien planteado, original y perfectamente estructurado. Como se lee en la introducción: "Adelante, respira hondo y pasa la página". La lectura, por fin, nos entra por narices.

lunes, enero 11, 2016

Mi bosque encantaba,
María García Esperón.
Ilustraciones: Marlén Mora,
Enlace Editorial, Colombia, 2014. (El tren dorado)

¿Dónde viven los sueños? ¿Dónde quedaron los personajes de los cuentos? ¿Duermen, se fueron, ya nadie los necesita? ¿A quién le importan las hadas? Son algunas preguntas que este poemario acaso pueda solucionar, aunque no de forma tradicional porque, más bien, proporciona nuevos motivos para soñar, alas a la imaginación, grandeza a la ilusión.
La magia nos acompaña, no es necesario, para convocarla, acudir a vistosos preparativos porque la magia es humilde como una flor y poderosa como una estrella. Está al lado de los que no han perdido ni la inocencia ni la emoción. Todos podemos tener, allí donde guardamos los tesoros más preciados, un bosque que encanta y que canta, en precioso calambur porque este bosque va con nosotros:
"Cuando despertaba,
mi bosque encantado
se iba a la escuela
conmigo a mi lado".
María García Esperón brinda homenaje a sus lecturas infantiles y les ofrece una nueva oportunidad, merced a sus poemas que proyectan personajes como el conde Aceituna, la bella Durmiente o el príncipe de los Mirlos. De alguna manera es ella misma, mayor con ojos de niña, quien se proyecta en cada uno de estos personajes, quien ansía su trascendencia.
El libro se organiza en torno a dos ejes temáticos; por un lado, los poemas dedicados a los personajes de los cuentos tradicionales, a la evocación, al hechizo de las leyendas y la cadencia suave de las rimas. Por otro lado, los poemas dedicados a las hadas -en hexasílabos-  que, juntas, bordan el tapiz de la infancia y el de los secretos nunca dichos en voz alta, pero siempre intuidos.
El hada del Verso, por ejemplo, ha de consolar a la rima porque ya nadie escribe poemas rimados. El hada del Sueño borda con plata "canciones de cuna", el hada del Tiempo "nunca tiene prisa"... Y así pasando por el hada Fue y el hada Será y el hada Trébol o el hada Tal Vez e, incluso, el hada Curiosa. Sin olvidar el hada Otoño, el hada Verás o el hada Siempre. Y, por supuesto, la aventura de amor con que culmina el libro entre el príncipe Lejos y el hada del Cerca. ¿Quiñén nos dirá que no existen las hadas?
Las imágenes poéticas que se asoman a estos versos tienen el rostro de la tradición, porque son poemas muy sonoros y propicios para ser recitados en voz alta. Su autora acude a la metáfora, al paralelismo, a la personificación, a la anáfora y a una serie de recursos poéticos basados en la fonética y en la semántica para escribir un ramillete de poemas ligeros, suaves como la brisa, tiernos como la mantequilla, dorados como el sol. Son poemas destinados a los niños desde los 9 años que, sin duda, les permitirán crecer sin renunciar a lo que es, fue y será.
Por otro lado, Marlén Mora ilustra estos textos de una forma sugerengte, con mucho color y atención en el rostro y en las miradas. Tanto las ilustraciones como los poemas son de alcance corto, hay que leerlos y verlos y paladearlos y sentirlos de tú a tú. ¿Te asomas a este bosque que encanta?

domingo, enero 10, 2016

Gregor Samsa frente a la ventana,
Francisco Álvarez Velasco ,
XXXI Premio Jaén de Poesía,
Hiperión, 2015.

Francisco Álvarez Velasco es un poeta que, en cada poemario, se nos da a manos llenas, derrochando lirismo y generosidad. Con justicia ha sido el merecedor de la pasada edición de los premio Jaén de poesía con este texto que estamos presentando, Gregor Samsa frente a la ventana.
Resulta muy difícil desvelar -y acertar- algunas de las claves poéticas de los 40 poemas que integran este libro intenso y hondo, tan hondo como las raíces castellanas del poeta de las que se nutre. 
Observamos a un yo lírico extrañado de lo que ve, preocupado por el presente y evocador del pasado. El campo frente a la ciudad. La infancia frente a la edad adulta. La vida frente a la muerte. La defensa del marginado frente a la prepotencia. El extrañamiendo de lo que se es frente a la solidez de lo que fue.
El poeta, sin olvidar su mirada de niño, ofrece algunos momentos de lúcida alegría frente a otros de crueldad gratuita y reflexiona, desde su ventana, como podría hacer Gregor Samsa, acerca del tiempo, de los sentimientos, de la dureza de la vida, de la ternura y de la memoria.
La acción de ofrenda, en unas manos que se abren, contrasta con la acción de negación en aquellos que nada ofrecen. Para Franscico Velasco las realidades importantes son aquellas que nos anclan a la tierra:
"Mano madre
que la hogaza cortaba
al empezar el día".
Esa misma mano, hecha de amor y de dulzura, se ve abocada al silencio cuando nada logra. Duro contraste de la vida.
"Y era triste la mano,
sin madre, amigo, amor,
hermano, padre".
El poeta observa su mundo infantil, hecho de campo, hecho de tierra, hecho de experiencias directas y valora ese mundo verdadero, sin doblez, rotundo de su niñez. Busca la luz, la esencia y acude a imágenes, hernandianas, podríamos decir para captar la esencia de su mundo:
"Mi mano te conduce
y en la cintura tienes
un valle hacia la vida
de almendros que se abren
con la luna",
Tampoco es ajeno el poeta a la crueldad que descubrió en sus primeros años, pero entiende que eso le permitió encontrar también la belleza, como vemos en sus dos poemas "Revelación 1 y 2":
"Conocía la ternura y el miedo
a la hora del milano
en el ala ahuecada y temblorosa
de las gallinas;
a la hora del trueno,
en el cirio encendido por mi madre."
Lo mejor y lo peor se dan la mano, las preguntas sin respuesta, los miedos propios y los impuestos, pero siempre la esperanza, la ilusión de la infancia aún no del todo perdida:
"Pecios de la botella
donde metió palabras algún niño
que se soñaba náufrago
en ínsulas extrañas". 
La sorpresa ante lo pequeño que, como por arte de magia, se convierte en algo importante y poderoso también se asoma a los versos del poeta, como cuando habla de los humildes adobes que:
"Hoy son muro y te ofrecen
contra la luz de julio
dónde apoyar la espalda
y el amor de la sombra".
Oficios muy cercanos a los orígenes, se describen como en un cuadro, porque así de lírica es la poesía de Francisco Álvarez. Uno ejemplo es cuando alude a los segadores de centeno:
"Vienen desde la alondra
y la última estrella
y llegan a la tarde".
Y, por supuesto, ese deseo de volver a lo que se tuvo y se perdió porque pensamos que no era importante. En el espléndido poema que da título al poemario llegamos, acaso, a la sublimación del mismo:
"¡Ay si tuviera ahora
solamente dos gotas
de aceite puro
para estas dos bisagras oxidadas,
para que el alba abriera
sus ventanas,
las cancelas de luz
                       y brisa tibia,
o dos lágrimas solas...!".
La madre, la infancia, los recuerdos, el amor, el paso del tiempo, la dureza de la vida, la ternura de algunos momentos, la grandeza de lo efímero, la soledad, el peso del mundo... son algunos de los temas con los que el poeta nos obsequia en su poemario que se cierra con otro poema rotundo, acaso el que supone mayor entrega:
"Ahora estás en la página esperando
el soplo de unos labios
y el dedo que camine los renglones
solo para vivir
unos instantes".
Francisco Álvarez Velasco brinda, por otra parte, su particular homenaje a los poetas de los que se nutre su obra y que tanto le han ayudado a crecer. Así, notamos elementos de Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, García Lorca o Miguel Hernández, entre otros. Con estas influencias y su propio poso, hecho de observaciones directas, de emociones, de ternuras, de tiempo y soledad, Gregor Samsa frente a la ventana es una joya hecha poesía que hay que leer muy despacio. Seguro que cada uno descubrirá otros caminos por los que adentrar su alma.








Tengo unos pies perfectos,
María Solar - Gusti,
Kalandraka, 2015.

Tengo unos pies perfectos es un libro distinto y singular. Su autora, María Solar, logra una muy buena combinación entre imaginación y erudición. A menudo, comentamos que los libros destinados al público infantil no han de tener, necesariamente, ningún valor formativo porque puede orientarse hacia lo lúdico, hacia el mero placer de leer. Pues bien, en Tengo unos pies perfectos no solo hay humor, juego e ironía sino que, además, aparece el apartado formativo, enciclopédico, podríamos decir y todo sin perder para nada el hilo narrativo ni la emoción de la lectura.
¿Cómo lo logra? Es una cuestión de pies, podríamos decir. Melchor Sabidillo es un niño muy listo, como indica su apellido; así que no duda en presentarse al concurso "En busca del niño más listo". Sus competidores son extraordinarios, como él, aunque Melchor tiene la autoestima muy alta hasta que ve el tema que le ha tocado: "Los pies". ¿Los pies?, se preguntará el lector. ¿Los pies?, se desespera Melchos. ¿Qué podemos decir de los pies? Más aún, ¿qué sabemos de los pies? Su madre es quien le ayuda a superar el desánimo cuando le entrega un libro que se titula, cómo no, Tengo unos pies perfectos. Y allí comienza la lectura apasionante, para Melchor y para el lector, acerca de los pies, de sus particularidades, sus tipos, su composición y, en suma, su gran importancia. Cuando se termina el libro, Melchor está en disposición de participar en el concurso que, por supuesto, gana, aunque él se muestra humilde porque dice que "hay que andar con los ojos muy abiertos para fijarse en todo lo que tenemos alrededor".
La lección que nos da Melchor está muy clara. A veces, nos fijamos en los grandes conceptos, en las grandes historias y dejamos de prestar atención a lo inmenidato y cotidiano que es, acaso, más importante para nosotros porque nos acompaña día a día.
El libro tiene una estructura muy bien elaborada porque hay un libro dentro del otro y no son solo palabras, sino que, tipográficamente, se observa este aspecto. Por un lado la historia de superación de Melchor y, por el otro, el libro acerca de los pies. Ahora bien, hay que decir que la erudición de este último está al alcance de todos porque no acude a términos aburridos ni solemnes, sino que explica, de manera clara y divertida, el fascinante mundo de los pies con lo cual se demuestra, una vez más, que se puede aprender de forma positiva. Eso no quiere decir, por supuesto, que la información que nos ofrece María Solar no esté bien documentada; al contrario, en este libro aparecen todos los secretos de los pies, por así decirlo, al descubierto.
Gusti, por su parte, ilustra el texto y se ajusta también a los dos libros. Así, recrea el mundo de Melchor, pero, cuando se centra en el libro, acude a imágenes más esquemáticas, más planas y con menos color, propias de un texto erudito, aunque son continuos los guiños al lector y las notas de humor.
Tengo unos pies perfectos es el libro ideal para mentes curiosas, niños o adultos, y para todos aquellos que creen que les queda mucho por descubrir. Acaso, es el libro ideal para todos. ¿Cómo son vuestros pies? ¿Os lo habéis mirado con atención? Pues venga, venga, ánimo, no perdáis tiempo que Melchor os va a prestar su libro, pero eso sí, hay que leerlo con los pies descalzos, experimentando en uno mismo.


El robo de la Gioconda
Ana Campoy, Edebé, 2015.
(Las aventuras de Alfred & Agatha, 8)


A menudo, la ficción es tan poderosa como la realidad e, incluso, más. Todo depende de la imaginación y de la creatividad que tengamos. ¿Qué nos impide creer que Agatha Chrostie y Alfred Hitchcock se conocieron? Coincidieron cronológicamente y, si hubiesen sido amigos, tal vez habrían vivido las aventuras que propone Ana Campoy o quizá su amistad se habría canalizado por otros derroteros. El caso es que Ana Campoy tuvo la feliz idea, hace algún tiempo, de unir a estos dos magos del suspense, pero no de adultos, sino de niños. La infancia es el terreno más fértil y es capaz, si recibe el abono necesario, de dar grandes frutos como la alianza entre estos dos niños, Alfred y Agatha que se unen y crean la alianza Miller & Jones con la que desvelan grandes misterios de la época.
En esta ocasión, ya en el número 8 de la colección, los dos personajes han crecido, han madurado y han alcanzado una sólida amistad porque se conoce muy bien y son capaces de superar sus propias limitaciones para ayudar al otro. No nos olvidemos de otro personaje importante, Morritos, la perrilla sabuesa que los acompaña.
El padre de Agatha viaja a París para tratar de mejorar su negocio relacionado con el arte, aunque acepta la compañía de su hija y del amigo de esta. Las descripciones del París de principios del S. XX son precisas y recrean muy bien la época de la bohemia. Ana Campoy complica más la acción cuando, aprovechando el escenario y el momento histórico, acude a otros dos grandes genios del momento, el cineasta G. Méliès y el pintor Pablo Picasso. El cineasta no está pasando por muy buen momento económico, aunque acoge con amabilidad a Alfred y, de nuevo, se establecen contactos entre el pionero en el cine y un gran director en potencia, como es A. Hitchcock quien ya demuestra estar muy interesado por el séptimo arte. Picasso, por su parte, es un joven pintor que malvive como puede, que aún no es reconocido y que hace gala de un humor bastante singular.
Por si fuera poco, la autora escoge el año 1911 que fue cuando se sustrajo el célebre cuadro de la Gioconda del Louvre y Picasso fue acusado del robo. Pues bien, Miller & Jones se van a encargar de solucionar ese caso y lo harán a base de deducciones, entrevistas a posible informadores y alguna que otra casualidad. Al final, nada es lo que parece y la solución señala hacia un personaje, en principio, impoluto e inocente, pero que sea el lector quien lo averigue.
La novela se estructura en 13 capítulos más un epílogo y, en tercera persona, va desgranando, despacio, con detalles, con pistas, con descripciones singulares y muchas notas de humor, un caso que gustará a los pequeños lectores pero también al lector adulto ya que nos sumerge en una época fascinante.
Para escribir El robo de la Gioconda, Ana Campoy ha realizado una notable labor de investigación puesto que, al lado de personajes de ficción, sitúa a seres reales, en su ambiente y en su época y les hace vivir situaciones verosímiles, muy bien ambientadas y respetuosas con la historia.
La novela puede leerse con independencia del resto de aventuras protagonizados por los dos niños, aunque, con seguridad, quien la lea y no conozca el resto querrá sumergirse en  toda la serie. 

domingo, diciembre 20, 2015







Maya Papaya, Ángeles González-Sinde
Ilustraciones. Laura Klamburg
Edebé, 2015.

Los primeros lectores están de enhorabuena ya que, estas Navidades, podrán recibir como regalo las nuevas aventuras de esta niña despierta y sensible que se llama Maya Papaya.
Maya Papaya es una pequeña muy observadora que aprende, poco a poco, a entender el mundo y a canalizar sus emociones. A menudo parte de una confusión, de una duda o de un deseo que, poco a poco, gracias a su entorno, va tomando forma y llegando a buen puerto.
En esta ocasión, por ejemplo, la encontramos enfuruñada porque su madre no la deja jugar, entre semana, con un juego de pantallas. Tanto porfía que su propia madre le propone que escoja otra madre que se ajuste más a sus deseos y, juntas, salen a la calle. Maya Papaya reconoce a otras madres que están en su barrio y que ella conoce (la frutera, la cartera, la policía...), pero descubre que, entre su madre y ella, hay un vínculo especial y decide, por supuesto, dejar de porfiar y ponerse a jugar con sus juguetes. Eso ocurre en Maya Papaya quiere cambiar de madre.
A Maya Papaya le sucede lo que a muchos niños: tiene miedo de la oscuridad. Su padre le cuenta cada noche los cuentos que ella quiere, pero, al final, hay que apagar la luz. En Maya Papaya mira debajo de la cama encontramos una solución imaginativa y luminosa para mitigar estos miedos. Resulta que no hay seres malos debajo de la cama, sino una ogresa que teje bufandas atrapasueños para que a los niños no se les "olviden los sueños más bonitos".
Los niños, como los adutos, han de aprender a desprenderse de aquello que o no sirve o se les ha quedado pequeño o, incluso, ya no es acorde con su edad. A Maya Papaya no le gustaría dejar ni un juguete cuando se van a mudar, en Maya Papaya está de mudanza, aunque esté roto. Le causa desazón pensar que debe desprenderse de cosas que a ella le gustaban, pero debe hacerlo. Además aquello que no sirve se recicla y se reconvierte, por ejemplo, en una casa para un pájaro, que es el regalo que está esperando a Maya Papaya en su nueva casa. Un pájaro al que la niña llama Futuro.
Los cuentos, escritos por Ángeles González-Sinde, se ajustan mucho al universo infantil y se adentran en aspectos cotidianos, en momentos propios de los niños y niñas que aprenden, despacio, a ser autónomos y a tener criterios propios. Sin didactismos ni valoraciones personales, la autora muestra la evolución de una niña que aprende a escoger y a entender que, en la vida, puede haber muchas respuestas a una sola pregunta. En los textos, escritos en tercera persona, son muy importantes los diálogos que propician un intercambio de sentimientos y una reflexión posterior a cargo de la protagonista.
Las ilustraciones, por su parte,  Laura Klamburg, se centran en los momentos puntuales, en los gestos, en las actitudes, en aquello que rodea a Maya Papaya y conforma su pequeño-gran universo. Son ilustraciones que ahondan en los detalles, que se centran en los pequeños objetos, en aquello que, de verdad, inquieta o alegra a un niño.
En definitiva, son historias muy apropiadas para los primeros lectores e, ideales, como decíamos al principio, como regalos estas Navidades... y siempre. Además, el formato es muy manejable y cómodo para las manos infantiles.


martes, diciembre 01, 2015



El niño bisiesto

José Luis Alonso de Santos.

Ilustraciones de Federico Delicado,

Kalandraka, 2015, (Siete Leguas)


Daniel es el narrador y protagonista de “El niño bisiesto”. Lo apodan así en el colegio porque nació un 29 de febrero. A Dani el detalle de haber nacido en año bisiesto no le hace ninguna gracia y se compara, por ejemplo, con Julio César y Augusto que crearon sus propios meses porque le gustaría ser como ellos. Además, nació en un montacargas y, por si fuera poco, es un niño dado a sufrir percances y fracturas que se pasa media vida en el hospital. Ahora bien, Dani es también un niño listo, divertido y crítico.
“El niño bisiesto” está estructurado en 11 capítulos que suponen una reflexión irónica y sagaz, en primera persona, de Dani quien, aconsejado por su madre, decide escribir su propia historia, hilando palabras, y se la dirige a un tú imaginario que es, en realidad, el lector. Se trata de un juego narrativo interesante y difícil porque el uso de la segunda persona es arriesgado y supone un dominio de los recursos literarios, por parte del autor, ciertamente notable.
Dani repasa su vida de niño de 10 años. Habla de sus hermanas, de sus padres y de la relación que tiene con ellos. Comenta los aspectos propios de la escuela, con los típicos matones de clase; sus primeros amores, las dudas y vacilaciones propias de su edad. Nos habla de sus miedos, de sus torpezas, del temor al ridículo y, sobre todo, nos transmite una mirada fresca, directa, no contaminada, de la infancia y sus problemas porque, no nos engañemos, ser niño no es tampoco una tarea fácil. Son muchos los frentes abiertos que tiene Dani y muchas sus preguntas, aunque aún sean pocas las respuestas.
A menudo se alude a ejemplos literarios, pero sin afán enciclopédico ni didáctico, solo como referencia. Así, aparecen el Quijote y Sancho, el pueblo de Fuenteovejuna, "Platero y yo", "La historia interminable" o "Robison Crusoea", por poner unos ejemplos. De alguna manera su autor, José Luis Alonso de Santos, brinda un homenaje a la literatura clásica y a sus propias raíces culturales y profesionales, porque son muchas las alusiones a las letras, a las palabras, a los libros e, incluso, al teatro. Recordemos que José Luis Alonso de Santos es uno de los autores teatrales más reconocidos de nuestra letras en la actualidad. Además, hay aspectos biográficos en el relato que le permiten al autor esa mirada, ya comentada, limpia y directa.
“El niño bisiesto” es un libro divertido y ocurrente protagonizado por un antihéroe ya que Dani es algo torpe, algo desgarbado, no tiene éxito con las niñas; aunque sí sabe cómo jugar con las palabras y convertirlas en sus aliadas.
El relato va destinado a los lectores desde 7 años, pero pensamos que gustará mucho a los pre-adolescentes, la edad en donde está instalado Dani y, sin duda, al lector adulto, a aquel que no ha olvidado qué es ser niño y quiere seguir siéndolo e, incluso, al que lo ha olvidado y necesita que se lo refresquen.
Dani, por último, nos cuenta que está aprendiendo a escribir poesía y que ha decidido copiar algunos versos al principio de cada capítulo, lo cual nos parece una prueba más de diversión, de juego, porque son poemas jugosos y cercanos al nonsense.
Federico Delicado, por su parte, ilustra el libro con aportaciones llenas de color, de luz y muy centradas en aquellos episodios imaginativos, como puede ser el cuello espectacular de su amigo Carlos que le crece de un día para otro o el episodio del alacrán que el lector descubrirá en el capítulo "La granja".
Daniel no es un niño problemático aunque, en el colegio, un psicólogo se empeña en diagnosticarle transtorno de déficit de atención. Ahí el autor lanza una crítica contra las etiquetas con las que, a menudo, se marca a los niños para clasificarlos o justificar errores de los propios adultos. En el caso de Daniel, la nueva psicóloga desbarata el transtorno y lo se molesta en observar a Dani y entender sus intereses. Así, a él no le gusta el fútbol y prefiere el ajedrez y no por eso ha de ser catalogado como un niño raro.
En definitiva, un relato divertido, con mucha ironía y cierta crítica que permitirá que los lectores se oxigenen.

lunes, noviembre 23, 2015

A quien corresponda,
Teresa Martín Taffarel,
Barcelona, Ediciones Carena, 2015

A quien corresponda es un poemario de una sobriedad exquisita que contiene 45 poemas destinados, como bien dice el título, "A quien corresponda". Porque... ¿quién es el destinatario de lo que la poeta escribe? ¿Quién recogerá sus versos y los hará suyos? ¿Quién acompasará su lectura a los sentimientos de quien escribe? La poesía como enigma, como carta hacia un destino dispar, heterogéneo; extraño, a veces; ajeno, otras. 
Teresa Martín Taffarel sabe de presencias, atesora ausencias, añora momentos, intuye reacciones, aguarda gestos y caras. La poeta se busca y no siempre se reconoce, pero se refleja en el que pasa, en el que no se quedó, en el que aguarda, en el que pasó de largo, en el desconocido, en el que no está... en ella misma y en sus propios duendes. Teresa Martín planta cara a la incerteza de no saber quién está al otro lado del espejo y lo busca y recrea en cada uno de los poemas de A quien corresponda.
Su poesía, ya lo dijimos, es sobria y contenida. No derrocha adjetivos, prefiere la constancia del nombre y del pronombre. ¿Qué se oculta tras el pronombre? La identidad que busca la autora y que se le esconde, como en juego de sombras y de nieblas. 
Así, inicia su camino, porque camino es el poemario, con un imperativo "Espera. No te vayas". Busca la complicidad en el otro, busca trascender la soledad:"Y yo sigo esperando". En sus poemas hay muchas paradojas y contrastes: "Porque él debiera ser tú / y yo lo sé/ y tú/ o él/ no lo sabe.../ y nunca la sobrás". 
La poesía como contraste, como alivio, como superación de la ausencia, como plano del tesoro de los emociones: "Y te devuelvo al olvido, / de nuevo/ y para siempre". La palabra no siempre sirve para expresar aquello que uno quiere decir: " y solo me queda entre las manos / un puñado de palabras mudas". ¿Por qué mudas? De nuevo la paradoja. La palabra que no sirve para la comunicación, sino al contrario, para la desazón.
 La poeta solo quiere seguir su camino, sin los lastres que la frenen. Ni obliga ni quiere que la obliguen. Da libertad a cada uno: "sin impedirte ser tú mismo / y que me dejes decidir mi pena o mi esperanza". 
Y de nuevo la palabra, que no llega a tiempo: "cuando faltaba un solo instante / para escribir la última palabra". Intuye que, en algún lugar, está ese "quien la espera", pero presiente que no lo reconocerá: "Será necesario que me llame por mi nombre, / que yo sepa entender esa llamada, / que no me rinda antes de tiempo...".
Como estamos viendo, el nombre, el vocablo es uno de los temas recurrentes en la poesía de Teresa Martín. Une, a menudo, palabra y tiempo en una especie de bucle que nos recuerda el eterno retorno: "A veces me consuelo / pensando que lo succedido alguna vez / sigue sucediendo siempre".
Son muchos los versos que podríamos recoger que aluden a ese mundo interior, a las sombras, al paisaje anímico, a las dudas, a los contrastes de la vida, al desasiego. Múltiples son las perspectivas como múltiples los puntos de vista: "Y en cada uno de los nombres / era uno y diverso".
En ese juego de espejos que es la vida y también la poesía, Teresa Martín sabe de su otredad, de ese otro que está fuera y que podría ser uno mismo. "Porque ese poeta / acaso inexistente / no es más que una transparencia /  de mi propio silencio".
Y, al fin, llegamos al final de trayecto y nos acercamos a la propia autora quien se dedica a sí misma el último poema. Aparece el desasosiego ante el paso del tiempo, la idea de ser "ayer" y no "mañana", como si ya fueran muchos los recuerdos. Poco a poco, acepta su realidad "para hacerme mañana cada día / y escuchar otras voces / y sentirme crecer en los espejos".
Como muy bien dice el poeta Carlos Skliar en el prólogo: "Una poesía como un caracol en la pared, que sube o desciende lentamente, y que crea un rastro de sonidos apenas audibles en una travesía despareja y desatenta; una poesía que, en vez de britar, nos recuerde aquello que nunca deberíamos haber perdido de vista: la atención, el cuerpo, el tiempo, el lenguaje".
A quien corresponda atañe a cualquier lector porque todos somos compañeros de viaje, todos compartimos un destino, todos nos buscamos entre las sombras. Teresa Martín Taffarel tiene el coraje y la lucidez suficientes como para invocar a esos compañeros de travesía e invocarse a sí misma en esta singladura que es, al fin y al cabo, la vida.
Poesía sobria, elegante, contenida, llena de presagios; poesía que plantea enigmas, que remueve heridas, que abre capítulos y cierra episodios; poesía que seduce y que inquieta a la vez porque... ese quien también puedo ser yo. A quien corresponda.