martes, febrero 07, 2012

En el bicentenario de Charles Dickens

Hoy 7 de febrero de 2012 se cumplen 200 años del aniversario del nacimiento de Charles Dickens; uno de los autores ingleses realistas más reconocidos.


Líneas biográficas y narrativas

Charles Jonh Huffam Dickens nació en Portsmouth, Inglaterra, el 7 de febrero de 1812. Murió en Gads Hill Place, también Inglaterra, el 9 de junio de 1870. Se le considera el autor más importante de la era victoriana. Ocasionalmente empleó el seudónimo de Boz.
 Imprimió a sus obras narrativas un especial sentido del humor no exento de crítica social. Dickens es un maestro de la descripción humana.
Dickens tuvo una infancia muy difícil, lo cual se refleja en sus obras, ya que, a menudo, se centra en niños y niñas huérfanos o maltratados por la vida.
Se trata de niños que han sufrido en su casa y en la escuela, niños que viven en orfelinatos,  niños víctimas de una sociedad injusta y, demasiado a menudo, cruel.  Dickens insiste en estos ambientes y en la denuncia social, aunque de una manera suave y emotiva. Oliver Twist, David Copperfield o La pequeña Dorrit son títulos protagonizados por personajes que han sufrido una infancia muy triste, semejante a la del autor. No obstante, son niños que, afortunadamente, logran triunfar en la vida.
Y es que Dickens muestra un sentimiento humanitario a favor de los seres humildes y desvalidos, maltratados por la impiedad de los poderosos.
Dickens, en su obra, aparte de niños, también retrata una galería de ladrones, asesinos y mendigos para hacer una crítica social y luchar contra la miseria infantil. Un ejemplo, sin duda, sería Grandes Esperanzas.
En el aspecto literario, Dickens se dedica a escribir novelas por entregas que tuvieron una gran acogida entre el público.
 Dickens no escribía para niños, sino para adultos. Sus personajes fueron famosísimos entre los lectores.
“Así –en palabras de Martín de Riquer y José María Valverde- se llegaba a crear una sostenida expectación: cuando algún barco inglés amarraba en Nueva York, ya le preguntaban a gritos desde el muelle qué pasaba con la pequeña Dorrit [...]. Y, sobre todo, el público y los amigos piden al autor que los personajes simpáticos acaben siendo felices: la pequeña Dorrit iba a terminar mal, pero Bulwer –Lytton –y el clamor popular- impusieron a Dickens la ley del “final feliz”.
La obra de Charles Dickens se distingue por dos rasgos principales: la viveza de estilo y el humorismo bondadoso. El autor inglés siente especial ternura por los seres humildes.       
Dickens relata fielmente una realidad que le es familiar y describe con claridad y transparencia personajes y costumbres de los barrios londinenses. Su estilo, por otra parte, está lleno de vivacidad y riqueza expresivas.
Las obras de Dickens, después de mil avatares –y, a veces, por exigencias del público o editores- el final es feliz. Sus novelas fueron muy leídas en su tiempo. Hoy en día también se siguen leyendo con gusto y desazón, ya que, en muchos casos, el lector se siente impotente ante las penalidades que  nos narra.
Dickens es autor de obras tan emblemáticas, además de las citadas,  como Cuento de Navidad –imprescindible e inevitable en las fechas navideñas-, Los papeles del Club Pickwick, Tiempos difíciles, Historia de dos ciudades o El grillo del hogar.
Como dato curioso, cabe añadir que Dickens coincidió en tiempo cronológico y en amistad con otro gran autor: Hans Christian Andersen (1812-1875). Como se observa, los dos autores  nacieron en fechas muy próximas. Además, se conocieron y mantuvieron una amistad continuada, aunque uno fuera inglés y el otro danés.
Ambos vivieron una infancia muy difícil que los marcó para siempre, ambos se dedicaron a realizar grandes viajes y ambos, en definitiva, han logrado renombre y fama universal.
Dickens, en suma, trata de mostrar que, pese a las dificultades, se puede escapar de la miseria con tenacidad.

Grandes Esperanzas

Una de las obras emblemáticas de Charles Dickens es Grandes Esperanzas (Great Expectations, en el original). Se trata de un relato que se inserta en la corriente realista y un título fundamental no solo en la literatura inglesa, sino en la universal. Grandes Esperanzas es una novela de madurez. Fue  publicada en 1861 y es, por lo tanto, la penúltima obra de autor inglés.
Nos cuenta las andanzas del pequeño Pip, Philip Pirrip, aprendiz de herrero que, de la noche a la mañana, merced a un benefactor anónimo, se convierte en un caballero. De esta manera parte a Londres en busca de sus grandes esperanzas. Su orfandad y su pobreza quedan atrás, pero también la alegría de la niñez.
Pip lleva una vida elegante y, de alguna manera, se avergüenza de sus orígenes y desdeña a Joe, el herrero casado con su hermana que fue y es el único que de verdad le ha dado cariño.
Vale la pena leer o releer este clásico que ofrece una construcción sin fisuras y un buen ejemplo del pensamiento de Dickens. Aporta un análisis psicológico notable y una ironía sutil y finísima que comienza con el título de la novela. Esas “grandes esperanzas” se desvanecen cuando Pip conoce a su benefactor y cuando, por circunstancias de la vida, ha de regresar con Joe y se da cuenta de quien es su verdadero amigo.
Grandes esperanzas es un libro de autoaprendizaje en el que Pip aprende a valorar que no es la riqueza lo que más importa, sino el afecto y el sentimiento, que no todo puede pagarse con dinero.
Las reflexiones morales, unidas al buen conocimiento que Dickens tiene del alma y la psicología humanas hacen de esta novela un texto lleno de vida, de humanidad y de buena literatura.          
Por las páginas de Grandes Esperanzas  desfilan personajes magistralmente retratados con sus personales historias como la señorita Havisham, por la que el lector siente piedad. También se hallan personajes antipáticos como el señor Pomblochook, o personajes que acaban cayendo muy bien bien como Estella, aunque al principio es realmente perversa. Mención aparte merecen otros personajes como Herbert, el amigo de Pip en Londres, su amigo real o Wenmick, otra figura excéntrica y singular o el tutor de Pip, el señor Jaggers, personaje difícil de definir porque resulta impenetrable, o Provis, el preso fugado que resulta ser el benefactor... En suma, todos ellos, al lado de Pip harán que el lector o lectora pasen un buen rato y reflexionen también acerca de las relaciones humanas.
Leer a Dickens es siempre un placer y una fuente de conocimiento de la Inglaterra del S. XIX que él vivió. Autor realista se muestra siempre a favor de los más desprotegidos; sobre todo de los niños que se veían obligados a dejar atrás su niñez sin haber empezado ni a vivirla ya que trabajaban como los propios adultos. Títulos como David Copperfield, La pequeña Dorrit o Canción de Navidad, entre otros, son una perfecta compañía para los lectores de cualquier edad.
La mayoría de sus obras fueron escritas por entregas y los lectores de entonces leían con avidez los capítulos y esperaban al siguiente con auténtica expectación. Muchas de sus obras se han difundido gracias a las versiones cinematográficas o televisivas.
De la mayoría hay adaptaciones hechas para el público juvenil, aunque siempre es mejor leer la obra tal cual la escribió el autor, en su integridad, aunque, por supuesto, hay buenas adaptaciones que suponen una iniciación a la obra de Dickens.





















lunes, febrero 06, 2012

La mirada de Pablo,
Antonio Ventura, ilustraciones Judit Morales y Adrià Gòdia.
Siruela, 2002.

La mirada de Pablo, de Antonio Ventura, es un relato intimista que recrea un universo cotidiano a través de los ojos de un niño de 9 años, Pablo. Pablo sueña. Pablo juega. Pablo observa. Pablo espera. Pablo vive. Pablo crece.
Pablo añora su país, añora la playa que dejó atrás, su casa, sus juguetes, añora su reciente pasado. Vive ahora con su madre, siempre triste, y su hermana pequeña Clara, siempre enferma, en una casa gris y oscura, en donde no hay luz y en donde los sueños son solo eso, sueños. Pablo añora a su amiga Lucía y echa de menos a su padre. Ahora bien, progresivamente, se nota cómo se va adaptando y como en su universo aparecen nuevas personas, nuevas sensaciones y otros sueños. Pablo, poco a poco, como todos los niños, aun sin darse cuenta, crece y aprende.
En la novela hay muchas referencias al deseo de atesorar, al deseo de guardar objetos para recrearse con ellos. Es lo que hace Pablo, quien colecciona cromos de ciudades con mucho mimo. Es lo que hace Clara quien juega con su puzzle viejo y se alegra cuando su madre le compra uno nuevo. Es lo que hace Inés que guarda hojas de árboles prensadas entre un libro. Es lo que hace el narrador quien nos ofrece, en breves capítulos, momentos de la vida de un niño que, unos al lado de otros, configuran un paisaje humano especial, cargado de emoción y de ternura.
Antonio Vertura escribe de una manera sencilla y transparente, aunque dota a su prosa de una impronta poética importante. El relato no es un texto con un principio ni un final, no es un texto que conduzca a ninguna parte, no, es más bien, la recreación de una atmósfera sutil, la recreación de la infancia. De la infancia de Pablo. De todas las infancias. Porque todo aquel que haya sido niño, se reconocerá en Pablo, en su manera de saltar las escaleras, en el apego que siente por su oso de peluche, en su capacidad de observar, en su mirada inocente. Para Pablo todo es aún posible, porque para él el tiempo se diluye y se estira.
Los padres de Pablo viven separados, quizá por motivos económicos. No lo sabemos, sí sabemos que eso a la madre, a Luisa, le produce malestar y a Pablo también. Sí sabemos que los niños esperan encontrar a su padre y son felices cuando lo hacen. Luisa, por su parte, es una mujer que lucha por salir adelante, que anda preocupada porque Clara no mejora, que no tiene dinero, pero que aún es capaz de reírse ante las ocurrencias de Pablo.
En el relato hay varios elementos simbólicos, como es el afán coleccionista, que ya hemos comentado y la afición de Pablo por el dibujo. Esta afición, además, une a los dos hermanos porque Clara siempre le pide nuevos dibujos, como si quisiera tener en sus manos el paraíso soñado. Otro símbolo es el conejo de juguete que toca el tambor y que evoca en Pablo a su padre y todos los buenos momentos que pasaron. La vaca o los naipes e, incluso, el poyete que Pablo no logra saltar solo son también elementos importantes en el relato.
La mirada de Pablo alude también a cuestiones importantes como son las dificultades que viven los inmigrantes (la añoranza hacia la cultura que dejaron, los problemas económicos y de relación…), personificados en la familia de Pablo, o como es la enfermedad de Clara, quien, poco a poco, va recobrando la salud.
Como muy bien comenta el propio autor, “La mirada de Pablo es mi primera novela, digamos, para niños también. Digo esto por que no creo que se trata de un libro específicamente infantil. Es una crónica, pretendidamente poética, de la mirada de un niño de los años 50 sobre el mundo: un mundo que observa con asombro y ternura. Espero que emocione a unos cuantos lectores, con ello, me sentiría satisfecho.” La emoción está garantizada y la buena literatura también. Las ilustraciones, en blanco y negro, son parcas y precisas y contribuyen a crear esta atmósfera intimista que envuelve todo el relato.

domingo, febrero 05, 2012



El espíritu del último verano,
Barcelona, Edebé, 2011.



Fran sueña con su abuela y ese sueño tan perturbador remueve su alma. Tanto es así que decide volver al escenario de su infancia, a la Casa del Árbol, aunque seis años son muchos años y, a menudo, lo mejor del pasado está, precisamente, en la memoria.
El espíritu del último verano, premio Edebé de Literatura juvenil 2011,  juega con los valores simbólicos, pero de una manera realista porque, a menudo, la verdadera magia se esconde en lo cotidiano. Todos los años, durante el verano, la familia de Fran se trasladaba a la casa de los abuelos, a la Casa del Árbol y allí Fran, el niño y el adolescente que fue –y que sigue siendo en el recuerdo- se sentía libre y feliz. Nada hacía presagiar que, las últimas vacaciones serían distintas y, sin embargo, lo fueron, de ahí el título del libro.
La novela puede calificarse de novela iniciática e intimista, aunque es mucho más que eso, porque Susana Vallejo le añade elementos de novela de intriga lo cual hace que se lea de una manera rápida, a un ritmo casi trepidante. Se describen las aventuras típicas de los jóvenes, con paseos en bicicletas, con excursiones familiares, con primeros amores –y amores al margen de las convenciones sociales-, aunque la autora se apoya en bases mucho más sólidas como son el recuerdo y el paso del tiempo. Así, la novela presenta una doble línea temporal, por un lado, el Fran adulto, el Fran actual que vuelve al escenario de su infancia y, por el otro, lo vivido durante aquel extraño verano en que murió su abuela Flor.
Ese último verano la familia de Fran siguió mostrándose tan excéntrica como siempre y siguió funcionando del mismo modo. Su abuela, incluso, presidió una sesión de espiritismo, a las que tan aficionada era, en la que se anticipó la muerte de alguien de la familia, de alguien cuyo nombre empezaba por “F”. Muchos eran los candidatos, pocos los elegidos.
Por otra parte, en el relato se cuenta una aventura tan extraordinaria como es el hallazgo de un documento que los lleva a la pista, a la pista del tesoro de la Reina Mora. Los jóvenes, Fran, Alba y Feli, se entregan en cuerpo y alma, secundados por los adultos, a ese misterio y están al punto de descubrirlo. Al punto. En realidad, los abuelos, Ricard y la propia Flori, han sido los hacedores de la aventura y se lo han pasado muy bien haciendo que los chicos vivieran apasionadamente ese verano. El último.
Susana Vallejo escribe con garra, con fuerza, lleva al lector del remanso emotivo a la aventura en esta puro, de la realidad a la Edad Media, de la magia a la cotidianeidad. La novela se lee sabiendo el final, pero ignorando cuál es el secreto de la Reina Mora. Solo Fran averigua, tras 6 años, en una casa que va a ser demolida, cuál fue ese secreto y cuál fue el mensaje de la abuela. Solo él lo ha entendido.
La Casa del Árbol, según cuenta la autora, existió. También existen los lugares que se describen en el texto y el castillo de San Iscle se puede visitar en Barcelona. Ahora bien, la autora los reviste de esa aureola entre mágica y legendaria que hace que parezcan lugares inventados y, en parte, lo son porque en el relato aparecen tamizados por el subjetivismo del narrador.
El espíritu del último verano, en suma, es una novela conmovedora que tiene el don de unir a lectores de todas las edades porque, todos, en algún momento, se sentirán identificados con ciertos personajes. Es un relato limpio, escrito en primera persona, que traza una especie de círculo temporal en el que Fran es el destinatario. Fran que ya no es un adolescente, Fran que ha madurado, siente la necesidad de volver a su infancia y encuentra muchas respuestas. Su Arcadia va a desaparecer físicamente, no su espíritu… ése inunda todas las páginas del libro, sacude al lector y hace revivir –que es vivir dos veces- a Fran.

sábado, febrero 04, 2012

VERANEO EN SANTÍBAL,
De Mercedes Neuschäfer-Carlón,
 Ediciones Palabra, 2007,
(La Mochilla de Astor, 27)

            La escritora ovetense, afincada en Alemania, Mercedes Neuschäfer-Carlón escribe historias que siempre contienen valores positivos y que saben conectar muy bien con los pequeños lectores, en este caso, a partir de diez años. Aparte es una escritora muy atenta a su tiempo y al mundo que la rodea y no deja escapar la ocasión para criticar aquello que no le gusta. En este caso, cuestiona que unas vacaciones caras y en un lugar exótico tengan que ser las mejores vacaciones del mundo. A veces a los niños se los ofrecen muchas cosas, pero pocas esenciales.

            Marta y Roberto son dos mellizos que terminan el curso escolar y se encuentran con el problema de que no podrán ir de vacaciones porque su padre está en el paro. En cambio sus compañeros de escuela sí irán a sitios fantásticos, lo cual les crea inseguridad y angustia. No obstante, a Roberto se le ocurre la idea de su vida: ha decidido que harán el mejor viaje de todos puesto que el viaje de la fantasía e irán a la lejana isla de Santíbal.

            Los padres de Marta y Roberto han de ausentarse parte del verano porque tienen la ocasión de participar en unos cursos de verano y tal vez eso sea la puerta para que termine el paro. No obstante, no saben con quién dejar a sus hijos. Al final, ellos se quedan en casa y una vecina, doña Clemen, mujer singular y escritora de novelas plociacas, les echará un vistazo de vez en cuando y hará que todo vaya bien. Para Marta y Roberto empieza así la aventura más singular de su vida. Decoran el comedor y poco a poco realmente están en Santíbal porque se rodean de todos los elementos necesarios para creerlo. A esa aventura se suman Raúl, un compañero de clase muy rico, pero que se siente solo y Purita, la prima de una compañera de clase de Marta que resulta ser una buena compañera de viaje.

            “Veraneo en Santíbal” está muy bien escrita y, paulatinamente, permite que el lector siga los preparativos para ese viaje y, sin perder de vista, que están en el salón de su casa, todos acabamos creyendo que bien pudiera ser Santíbal y que para ser feliz no hacen falta grandes lujos porque veranear en Madrid, que es donde viven los chicos, es tan apasionante como veranear en cualquier otra parte.

            Los perfiles psicológicos de los chicos están muy bien trazados y la novela se lee con mucho interés. Es más, acaba convirtiéndose en materia literaria porque los chicos escriben esta historia para presentarla a un concurso que no sabemos si ganan o no, pero sí sabemos que estamos leyendo en tiempo real lo que ocurre. Es más, al final, al padre le empiezan a ir bien las cosas y para el próximo curso le han ofrecido una plaza en la Universidad de Heidelberg.

            Daniel Cruz ilustra la historia con dibujos muy realistas que nos acercan a la peripecia estival de estos dos chicos quienes, a lo largo de ese verano, descubren su potencial, la amistad, la solidaridad y quizás también algo parecido al amor.

domingo, enero 29, 2012

Cuentos y poemas para un mes cualquiera,
Jordi Sierra i Fabra. Antonio García Teijeiro.
Ilustraciones: Raquel Aparicio
Oxford, 2011. (El árbol de la lectura, 16).


Cuentos y poemas para un mes cualquiera es un libro singular puesto que une a dos autores, Jordi Sierra i Fabra y Antonio García Teijeiro, de una forma singular. No es que la editorial haya decidido publicar unos relatos de Sierra i Fabra y unos poemas de García Teijeiro, no, en absoluto; es algo mucho más complicado y, a la vez, emocionante. Los dos escritores, reconocidos y valorados, cada uno en su estilo, decidieron, de una manera casual, sumar esfuerzos y crear (¿a cuatro manos o a dos mentes?) este precioso libro que contiene 31 cuentos y 31 relatos. Por lo tanto, es uno de esos libros que favorece la lectura porque presenta, para cada día del mes, una propuesta distinta.
Ahora bien, cabe matizar un poco más el alcance de la colaboración entre los dos escritores. Ni Jordi Sierra i Fabra ni Antonio García Teijeiero han hecho trampa con los lectores. Decimos eso porque el proceso de elaboración de Cuentos y poemas para un mes cualquiera es un ejemplo de colaboración perfecta. Cada texto, por así decirlo, es el espejo donde se mira el otro. El poema se refleja en el cuento y viceversa. En algunos casos es el poeta quien escribe primero y el prosista el que le contesta y, en otros, es el cuento lo primero y el poema su reflejo. De cualquier manera, pues, no se trata de textos acumulados, sino de textos encadenados y muy pensados.
Jordi Sierra i Fabra no suele escribir cuentos tan breves, aunque aquí ha hecho un esfuerzo de contención y ha limitado sus palabras, aunque no su contenido ni su estilo. Se trata de cuentos llenos de humor, que sorprenden por su final, en algunos casos, que abordan cuestiones delicadas, en otros, que muestran la magia de los relatos populares y que invitan a una lectura reposada. Y es que, a menudo, en los textos más breves se encuentran promesas de grandes historias como las que nos presenta aquí este autor, que nunca dejará de sorprendernos. Suelen ser cuentos originales, aunque el escritor acude también, en algún momento, a la cuentística tradicional.
Antonio García Teijeiro, por su parte, pone la nota más emotiva y musical. Sus poemas, en arte mayor y con rimas variadas, aunque abundan los finales en aguda, nos muestran un mundo en donde la realidad, a menudo, es solo una quimera de la verdad. La verdadera esencia de las cosas, nos dice el poeta, no está en lo que ven los ojos, sino en lo que sienten. Paralelismos, anáforas, repeticiones, juegos de palabras y metáforas hacen que estos versos estén llenos de ritmo y vibren.
Los sueños, la naturaleza, el paso del tiempo, el humor, los ideales, la vejez, la duda, el amor, el coraje, el paso del tiempo… tantos temas y sentimientos que, con sabiduría casi de viejos maestros, estos dos escritores nos van brindando, nos regalan para que reflexionemos acerca del presente, del futuro, acerca de la vida que se abre, entera, a cada paso.
Cuentos y poemas para un mes cualquiera está ilustrado por Raquel Aparicio con ilustraciones en blanco y negro que captan, en un instante fugaz, lo mejor de cada texto. Hay que señalar la portada, luminoso y alegórica, buena portada para la colección en la que se publica el libro, “El árbol de la lectura”.
Para que leamos sin cansarnos nunca, para que volvamos mes a mes a estos textos, para que sepamos observar el reflejo de la prosa en el verso y, al revés, para todo ello y mucho más Jordi Sierra i Fabra y Antonio García Teijeiro han sumado esfuerzos y, por cierto, ha valido la pena. El lector sabrá agradecerlo.

Cuaderno lector

viernes, enero 27, 2012

Fantasmas de Luz,
Agustín Fernández Paz. Ilustraciones: Miguelanxo Prado
Anaya, 2011.


Agustín Fernández Paz aborda, con hondura y emoción, un problema vigente, por desgracia, en nuestra sociedad: el de la exclusión o “invisibilidad” de algunas personas, que, por distintos motivos, quedan apartadas del grupo. En este caso, la pareja protagonista, Damián y Marga, son dos personas maduras que, de repente, ven sus vidas golpeadas por el paro. Marga se ha tenido que prejubilar y Damián, que lleva 35 años como montador de cine, recibe una carta de su jefe que lo lleva al despido. No hay más.
Damián reflexiona acerca de su vida, llena de referencias cinematográficas, puesto que su existencia ha ido paralela a la de la gran pantalla y hay muchas frases emblemáticas que él ha hecho suyas y que pertenecen a Films. El autor aprovecha, por lo tanto, para homenajear el séptimo arte y demostrar que, a través de la gran pantalla, se pueden vivir otras vidas y, sobre todo, se puede soñar y ser feliz.
En Fantasmas de luz la metáfora es un elemento clave, ya que Marga y Damián, cuando son inútiles para la sociedad capitalista en la que viven, comienzan a hacerse invisibles. No es que desaparezcan, no, sino que nadie los ve, ni ellos mismos lo consiguen. De ahí que acudan a distintas estratagemas (como el maquillaje, la ropa, las bufandas…) para llevar, al principio, una vida semiformal; aunque, con el tiempo, también la ropa pierde color y, ahí, comienza su desesperanza total. Marga y Damián son un pareja que se casó muy enamorada, que tienen un hijo que está estudiando y que, poco a poco, han ido perdiendo la chispa de ese amor. Los dos reflexionan sobre ello y se dan cuenta de lo mucho que aún se necesitan y aman, de lo mucho que han callado y de lo mucho que aún les queda por decir.
Un día, por azar, Damián encuentra a otro “invisible” que le lleva a una asociación llamada Rosa Parks, la cual está formada por personas como Damián y Marga que, juntas, recuperan la apariencia porque, juntas, adquieren importancia y pueden transformar el mundo. Estas personas trabajan para que la vida, con o sin trabajo, siga mereciendo la pena.
Agustín Fernández Paz, en Fantasmas de luz, escribe una gran novela destinada a todo tipo de lectores y muy adecuada para el momento de crisis moral que estamos viviendo. Nuestra sociedad, como la que describe el autor gallego, está enferma y ha perdido los valores. Gracias a personas invisibles, a la fuerza de muchos, quizá logre curarse. Ése es el gran mensaje. Ésa la gran apuesta personal del autor.
La novela está escrita en tercera persona y organizada en torno a breves capítulos que van trazando una historia importante porque es la historia de dos vidas, tan anónimas como se quiera, pero vidas al fin: Marga y Damián. Además, como ya hemos dicho, es un texto brillante porque mezcla la narración literaria con otro tipo de narración, la cinematográfica y logra hermanarlas porque, al fin y al cabo, tanto la imagen como el texto pretenden dar dignidad al ser humano y, sobre todo, le prestan la voz.
Miguelanxo Prado ilustra el relato y lo enriquece porque añade otro tipo de narración, la narración visual. Así, Fantasmas de luz se convierte en un mosaico, en un fino tejido que apuesta por una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Ni más ni menos.


martes, enero 24, 2012

Pinto & Chinto
Kalandraka, 2011.



“Esta era una cigarra que estaba en una rama, entonando la típica canción de las cigarras, monótona e insulsa. La cigarra dijo para sí. “Si sigo practicando, un día llegaré a cantar como el grillo”. Y así hasta 111 breves historias protagonizadas por animales. Animales grandes y pequeños, del mar y de la tierra, insectos y mamíferos. El elefante. La cabra. La luciérnaga. El delfín. La cotorra. Todos son importantes porque a todos les ocurren cosas fascinantes o, si no, que le pregunten a la garza, que tenía las patas tan largas que: “Un día puso un huevo, y antes de llegar el huevo al suelo ya había nacido el polluelo”.
Los personajes de Minimalario son animales que se enfrentan a todo tipo de situaciones, más o menos cercanas al humano, más o menos surrealistas, más o menos disparatadas, pero siempre siempre con una gran dosis de humor e imaginación, porque el libro es un buen ejemplo del nonsense. ¿Cómo explicar si no el drama de la vaca que da leche de cabra o el del loro que no entiende a los demás loros porque siempre ha vivido con humanos? ¿Cómo explicar la gracia de la cabra que recibe un diploma y que se lo come porque a las cabras les gusta mucho el papel? ¿O cómo abordar el caso de una mosca que cayó en un plato de sopa y que salió de él a fuerza de comer? ¿O el erizo que siempre jugaba solo? En fin, son tantos los ejemplos que solo hay que abrir el libro por cualquier página y surge el asombro, el relato brillante y breve.
Pinto & Chinto escriben e ilustran el texto. Cada página está ocupada por un animal y una ilustración. El texto es, como acabamos de decir, breve, conciso, directo y certero. Un texto hiperbreve, incluso, que, en pocas líneas –no más de seis- organiza toda una historia. De alguna manera, podemos emparentarlo con Monterroso por esa capacidad de ir al grano y sugerir continuamente.
 La ilustración, por su parte, resulta juguetona y recoge alguno de los momentos más ocurrentes que narra el texto. La avispa que pierde su cintura por comer dulce. El perro junto al hueso que ha brotado de un árbol de huesos. El tucán que no necesita moverse para comer porque tiene un pico muy largo. El lirón que ronca tanto que no deja dormir a su familia.  Y así todas las historias. Y así todas las ilustraciones.
Las imágenes retóricas son frecuentes en estos textos. La paradoja, la metáfora, la concatenación, la personificación, la hipérbole y varias más hacen que los relatos se conviertan no solo en textos ocurrentes, sino muy bien escritos y pensados porque, por encima de todo, son textos ocurrentes. Es más, se podrían calificar de conceptistas porque van al ingenio, porque van al intelecto, porque buscan el concepto y lo trabajan hasta que queda perfecto.
Minimalario, en principio, va destinado a los lectores desde 7 años que, sin duda, lo pasarán muy bien con estos relatos, pero también lo pasarán bien aquellos lectores que siguen teniendo alma de niño y disfrutan con las sorpresas, con los juegos de humor y con el ingenio en estado puro. La caricatura y el humor más inteligente son ingredientes esenciales de Minimalario.  No en balde el texto, en su versión gallega, obtuvo el premio Merlín de Literatura Infantil 2007.
El libro, editado cuidadosamente por Kalandraka, se presenta en formato de álbum y cuenta con una portada muy llamativa y directa.

lunes, enero 23, 2012

Ana Alcolea,
Oxford, Madrid, 2010.
(El árbol de la lectura, 6)




La escritora Ana Alcolea imprime su sello propio en cada uno de los libros que presenta. Su obra es ya lo suficientemente amplia como para observar algunos elementos o temas constantes que, de alguna manera, señalan y acotan el universo narrativo de la autora.
En La sonrisa perdida de Paolo Malatesta aparecen, por lo tanto, algunos de estos aspectos. Para empezar es una novela iniciática, que marca la evolución hacia la madurez de sus dos protagonistas, Carolina y Valentín. Por otro lado, se inicia con un viaje que, partiendo de España, concretamente de la patria chica de Ana Alcolea, Zaragoza, lleva a la joven, Carolina, a Zúrich, a pasar el verano con una tía y su familia. A ello se añade que Carolina no está pasando muy buen momento, por la separación de sus padres y necesita un cambio para darse cuenta de quién es y adónde va, lo cual, insistimos, es característico de los personajes adolescentes de Ana Alcolea. Además, en la trama aparece la figura de una anciana que, con su memoria y sus recuerdos, pone el punto de la experiencia, que la autora tanto valora. Hay, también, descripciones de la naturaleza llenas de fuerza que suelen aparecen en las obras de la escritora aragonesa. La naturaleza en estado puro frente al mundo retocado por el hombre. No olvida las pinceladas de culturas y esas reflexiones especiales que hacen sus personajes a la hora de encarar le vida y sus misterios.
La sonrisa perdida de Paolo Malatesta no es, sin embargo, una novela tópica ni repetitiva. Carolina es la joven que viaja a Zúrich y conoce a Valentín, un joven remero, con el que congenia enseguida y, con el que tiene su primera experiencia amorosa.
En la novela hay amor, viaje iniciático y suspense, puesto que se aborda el robo de varias obras de arte, una de las cuales, una cabeza de Paolo Malatesta –de ahí el título- aparece en el fondo del lago en el que Valentín suele remar. Por casualidad, los jóvenes encuentran la cabeza y, poco a poco, se va desgranando una trama llena de intriga y muy bien resuelta. Otros personajes aparecen para ayudar a la pareja protagonista, el comisario de policía Marius Schroeder, que emplea unos métodos especiales para lograr resultados, la vieja actriz Adine, quien guarda en su pasado una vieja historia que hace que las emociones de todos se remuevan y, en fin, los padres de Valentín, que sin estar separados lo parecen o los tíos de Carolina, una pareja bien avenida –cuya hija pequeña aún no habla- o el sobrino de Frau Adine, Gerard. No hay que olvidar al perro de la dama, Rolando.  Todos acompañan el devenir de Carolina y Valentín, dos jóvenes que se conocen y se reconocen, que comparten mucho más que una aventura y que muestran, cobre todo Valentín, una sensibilidad muy marcada. Ana Alcolea se fija en los pequeños detalles y los analiza de una manera cercana y, a la vez, llena de sensibilidad.
Otros elementos juegan un papel simbólico en el relato, como los aromas. Valentín apenas tiene olfato, mientras que a Carolina le encanta el olor de las flores y pretende apresarlo a cada instante y la dama Adine emplea el perfume de los lirios del valle, como su fragancia definitoria. El comisario de policía, por su parte, escoge un perfume distinto en cada momento.
La gastronomía es también interesante, sobre todo la repostería. Adine prepara una mermelada de mirtilos que es una delicia y hace que los dos jóvenes vayan a recogerlos para que disfruten de ese momento especial. El café Odeón de Zúrich es una referencia importante para Carolina y Valentín, sobre todo el pastel de ruibarbo.
Enlazando con lo anterior, la propia ciudad de Zúrich se convierte en un personaje más que parece tener vida y sentir como los humanos. Ana Alcolea se recrea en describirla y en dotarla de alma y hacerla, así, más cercana.
El elemento cultural es importante en el relato. Así el título alude a la relación entre Malatesta y Francesca de Riminí que tanto tuvieron que penar por un beso. Una de las obras desaparecidas, precisamente, se atribuye a Rodin quien esculpió ese beso eterno y lo situó en las llamadas “puertas del infierno” de Zúrich. Y es que el propio Dante se dolió del final de la pareja de enamorados que se convierten en símbolo del amor frustrado. Otro beso, esta vez real, es el que se dan Carolina y Valentín que hace que su vida cambie y se transforme. Las vidrieras de Chagall, con su luminosidad, son el contrapunto positivo frente a las “puertas del infierno”.
En La sonrisa perdida de Paolo Malatesta la memoria y el pasado son también referencias importantes, motivo de respeto y de reflexión. Como dice el comisario de policía: “Uno se pasa la vida guardando cosas, comprándolas, disfrutándolas; luego se muere y los herederos lo venden todo sin piedad. Triste”.
La novela, en definitiva, está llena de momentos vividos, de frases reposadas y de mucha emoción. No obstante, también es una novela muy entretenida de leer ya que presenta una estructura bien trabada. Al principio, los capítulos son reposados y casi descriptivos y, poco a poco, las coordenadas temporales se imponen y hacen que la trama se precipite hacia un final sorprendente para el lector.

domingo, enero 22, 2012



Hoy leer no se lleva. No está de moda. Ningún famosillo se fotografiaría con un libro en la mano. Si nos detenemos a contemplar a nuestro alrededor parece que lo que domine es la incultura y la ignorancia. Cuanto más incultos seamos, menos libertad tendremos a la hora de escoger porque no sabremos hacerlo; pero el mensaje que se nos vende es otro: tendremos éxito social, seremos alguien. Guays. Muy Guays. ¿Seguro? Más bien ocurrirá lo contrario.  Nos engañarán. Nos mentirán y nosotros tan contentos en nuestro mundo vacío, sin valores. Porque parece claro… eso de leer está pasado. Más pasado que la polca. ¿Quién va a desperdiciar unas horas viviendo vidas de papel? ¡O está loco o muy hecho polvo! Escuchemos. Escuchemos la consigna: ¿Qué haces leyendo, tronco (o tronca)? ¡Pirado, que estás pirado! El pillado en falta tiene dos opciones: o hacer caso omiso o cerrar el libro si quiere congraciarse con sus amigos. Y punto.
El panorama es desolador o eso parece. No obstante, siempre ha habido disidentes, siempre ha habido personas que han nadado contra corriente y han hecho prosperar a la humanidad. Esas personas que no se dejan gobernar, que no se dejan engañar…leen. Y leen lo que caiga en sus manos. Porque la lectura se está convirtiendo en un acto de rebeldía, en una forma de plantarle cara a esta sociedad del vacío, del usar y tirar, de la inmortalidad, de la belleza externa. Leer es el signo de la resistencia. No nos queda otra opción que leer si queremos seguir vivos. Lo demás… quizá sea solo humo y pajas. Apariencias.
Ahora bien, ni hay que ser prepotentes ni catastrofistas, sino solo tener juicio propio y capacidad de elección. En una época de pantallas en que el ordenador parece haberse convertido en el rey de la casa, hay que aprender a llegar a un entendimiento entre el libro tradicional y la lectura a través de Internet.
Tal vez el mayor reto al que se someten los docentes, entre los que me encuentro,  y todos los que trabajan a favor de la lectura sea cómo combinar modernidad y tradición.
 Si se navega por la red con cierto espíritu crítico, se puede llegar a la conclusión de que haría falta un tutor que guiara al niño y al joven en esta maraña de páginas y recursos, pero también se observa que el fomento de la lectura se puede alcanzar con la ayuda de Internet puesto que son muchos los blogs que ofrecen textos interesantes, en verso y en prosa.
Detrás de un lector voraz hay una persona que observa, que escudriña los signos de los tiempos, que sigue teniendo esperanza en la humanidad, que no se doblega. No hay tesoro más importante que la biblioteca personal, aquellos libros que se han leído y que, sin casi saberlo, nos han dejado un poso profundo en el alma y en la inteligencia.
El bagaje de lecturas propio es un asunto muy personal, cuestión de gustos y de afinidades; pero no cabe rechazar a los clásicos ni a los autores contemporáneos. Poco a poco,  cada uno encontrará el estilo que más le gusta y aprenderá, de paso, a valorar a los escritores y a estimarlos en sus obras.
Leer no requiere ninguna inversión. Es gratis y produce adicción desde la primera línea. Engancha, es verdad y quien sucumbe a esa droga positiva… ya nunca será igual porque habrá aprendido a vivir, a crecer, a soñar, a imaginar… porque habrá aprendido a ser mejor. Y eso ya no tiene vuelta atrás.
Sería una quimera y una pretensión por nuestra parte ofrecer una nómina de libros y autores como canon, como textos que hay que leer. No obstante, sí cabe enumerar algunos nombres que no deben faltar en las lecturas personales, al menos de los hispanohablantes: Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Cervantes, Garcilaso, Fernando de Rojas... y, más cercanos, Antonio Machado, Federico García Lorca, Pío Baroja ... y contemporáneos  Camilo José Cela, Miguel Delibes, Ana Mª Matute, Carmen Martín Gaite, Gabriel García Márquez, Isabel Allende y un sinfín de autores y obras realmente estimulantes. Y la nómina sería casi infinita.
Queda, pues,  la invitación abierta a entrar en una biblioteca y dejar que los libros nos seduzcan  con sus títulos o, si se prefiere, está la opción de las librerías en donde se puede hojear a placer, dejar que pase el tiempo en compañía de los libros y, por supuesto, escuchar la opinión y el consejo del librero. Y oler el libro. Olerlo y coquetear con él. Dejarnos seducir por la portada, por la promesa de una buena historia.
En suma, la lectura puede entenderse como fuente de satisfacción personal, como puerta abierta a la imaginación, como manera de vivir otras experiencias, como oferta lúdica  que no tiene por qué desaparecer, aunque sí ha de aprender a convivir con las nuevas tecnologías.
Leer no está de moda…o eso se dicen los que no leen. Que sigan engañados. Peor para ellos.


viernes, enero 20, 2012

Arroz, agua y maíz.
Berta Piñán. Ilustraciones Elena Fernández
Oviedo, Pintar Pintar, 2010.


Arroz, agua y maíz es un poemario que ofrece el lector múltiples visiones de la realidad, como si de un caleidoscopio se tratara. Niños de diversas procedencias geográficas, desde Sierra Leona a México, desde Chernóbil a El Sahara, desde Japón a Manila, desde Madrid a Almería, desde Bagdad a Damasco… se asoman a las páginas de este libro para contarnos sus anhelos, sus realidades y, sobre todo, para tendernos una mano, porque, en todos los poemas, se encierra el deseo de conocer al otro, de no estar encerrado en el yo, sino de trascender al “tú”. No es el pronombre “conmigo” el más importante, sino el “contigo”.
En los poemas hay también elementos que se repiten y que dan unidad al poemario. Así, son frecuentes las antítesis o contrastes que se aprecian en los versos para describir una doble realidad, la del país de donde procede el niño y la del país al que quiere llegar o que imagina en sus versos. El “aquí” y el “allí” se cogen del brazo y bailan juntos una hermosa canción. Y es que la música es otra presencia importante en los versos de Arroz, agua y maíz, como lo es el ritmo y las imágenes evocadoras, sobre todo la metáfora.
Hay otras realidades que aparecen en los poemas, como la emigración y la dureza de la misma o los deseos de mejorar de vida (ahí la fuente o el pozo son símbolos importantes), pero también la belleza de la propia realidad, con su fauna especial y sus olores y sabores; sobre todo sus sabores. Arroz, agua y maíz recoge en tres palabras todo el universo ya que alude a dos alimentos básicos y a otro esencial, como el agua. La vida en todas sus variantes, pues, se ofrece al lector.
El juego poético va más allá, ya que los versos se extienden o adelgazan según sea su procedencia, tienen unas cadencias u otras. Así, por ejemplo el poema que alude a Habana sabe a canela y el que tiene que ver con Sierra Leona rezuma dolor y guerra, porque el libro no evita la denuncia y, de una manera indirecta, los poemas dejan ver algunas realidades infantiles muy duras como son los niños de la guerra.
El arte mayor y el menor se unen, las rimas agudas con los versículos, el haiku con el poema-canción, la luz con las sombras… para ofrecer a los niños, a los que van dirigido el poemario, un mundo distinto, pero a la vez cercano, porque, como dice el niño del Nepal, en su poema, “A mil millones de kilómetros de aquí, / hay niños y niñas  que juegan en los patios / y se tiran la pelota / y se esconden y se asustan / y se ríen. / Exactamente como aquí”.
Berta Piñán es la autora de tan hermoso conjunto de poemas y es la creadora, por lo tanto, de esa ficción que el lector tiene como cierta, ya que, de verdad parece que los poemas sean escritos por niños y no por lo autora, dada la gracia, las frescura y la disparidad de registros que maneja. No en balde fue Premio de Literatura Infantil y Juvenil María Josefa Cabellada 2008.
No hay que olvidar, por supuesto, a la ilustradora, Elena Fernández, quien ajusta sus pinceles al poema; es más, da la luz exacta y el tono al texto. Con ello queremos decir que no son ilustraciones sin más, sino ilustraciones que recogen el alma del poema, su especial temperatura por así decirlo. Elena Fernández fue Diploma Premios Visual 2009 de Diseño Editorial con estas muestras plásticas.
Arroz, agua y maíz es un libro coral, para todas las edades, que nos permite conocer muchos lugares y, sobre todo, a muchas personas, que nos permite crecer y tener una visión más amplia y global del mundo. La casa de todos. Aquí y allí.


martes, enero 17, 2012

                                      Primera máquina de escribir de Jordi Sierra i Fabra



El próximo día 23 de enero, en la Librería Excellence, Barcelona, tendrá lugar un diálogo-debate entre  JORDI SIERRA I FABRA (autor), ISABEL MARTÍ (agente literaria), REINA DUARTE (directora editorial del GRUPO EDEBÉ), JOAN VIVES D’ ARUMÍ (director editorial ÀNIMA DE LLIBRES) CELIA FERNÁNDEZ (distribución, Enlaces editoriales) y OBLIT BASEIRIA (librería Casa Anita) especializados en LIJ, ante un público de estudiantes de másters de edición, escuelas de escritores, lectores, prensa y público en general.

Habrá sistema de vídeo conferencia para facilitar la participación de los estudiantes, lectores y periodistas a través de España.

  ¿Por qué se celebra este debate? Porque, según las cifras de la Federación de Gremios de Editores de España, la literatura infantil y juvenil es el único sector editorial que ha aumentado su facturación en los últimos 5 años, por tanto es la parte del mercado que ha sentido menos la crisis. Se dice que ha crecido tanto en volumen de facturación como en valor, con una cuota de mercado de 11,3%, que son 12,112 nuevos títulos, para un total de 54.8 millones de ejemplares, o sea una facturación anual de 350,47  millones de euros.

Librería Excellence, C/ Balmes, 191, Barcelona (93) 317 06 80, a las 19 h. El encuentro será gratuito.

Datos facilitados por: 
María Reina De la Puebla
IMC AGENCIA LITERARIA 



domingo, enero 15, 2012


Ana Fernández-Abascal. Ilustraciones Flavio Morais
Kalandraka, 2011.



El señor don Nicanor, de Ana Fernández-Abascal, con ilustraciones de Flavio Morais, es un texto, escrito en verso, que presenta una estructura circular y encadenada. A la manera de las cajas chinas, un cuento se encuentra dentro del otro para acabar, al final, en el principio. A base de versos –en los que la terminación en aguda es dominante- se pondera el valor de la lectura frente al de la televisión. Son tres los personajes que prefieren leer a ver un programa televisivo: don Nicanor, el lagarto Gedeón y un bigotudo ratón. Cada uno, a su vez, enlaza con el siguiente, hasta que el ratón acaba leyendo “ El cuento / del señor don Nicanor / que estaba solo en su casa / viendo la televisión” y añade, como coletilla final, la autora: “Y si yo no me equivoco / este cuento / lo he leído hace muy poco”.
El cuento de El señor don Nicanor, por su aparente facilidad y su verso claro, va destinado a los primeros lectores e incluso pre-lectores, dado que su lectura en voz alta está llena de ritmo y de musicalidad. No obstante, el juego textual que emplea la autora ha de gustar a todos los lectores puesto que la historia de alguien que ve en la televisión un mal programa y que decide leer un cuento es infinita y puede estar sucediendo en este momento.
El libro está editado en formato de álbum, con las esquinas redondeadas, Un formato muy atractivo que sirve para realzar aún más las ilustraciones de Flavio Morais. El ilustrador emplea colores muy llamativos y acude a un dibujo esquemático, que, de alguna manera, simboliza la simplicidad de algunos programas televisivos, aunque, en este caso, no son simples ilustraciones, sino verdaderas obras de arte, muy modernas y cercanas a la estética “pop”. Es, por ejemplo, muy explícita, la primera ilustración que presenta a don Nicanor, en su casa, entre las cuatro paredes, rodeado de todas sus cosas, pero de una manera plana, como si todo sucediera a la vez.
El señor don Nicanor es, en suma, un álbum vivaz, que presenta una estructura ya clásica, pero siempre sugerente, que gustará a todos los lectores.

sábado, enero 14, 2012

Arturo.
Oli. Ilustraciones Marc Taeger,
Kalandraka, 2011.



El pollito Arturo estaba muy a gusto en su cascarón y no quería salir, pero crecía y crecía y, allí dentro, ya no había espacio. Se sentía incómodo. Así que empezó a picar su cáscara, al principio tímidamente, con el pico, con las patas… hasta que sacó todo el cuerpo. Arturo se encontró en un mundo nuevo, que nada tenía que ver con el suyo, hecho de calma y tranquilidad. Y se asustó porque no conocía a nadie. Tuvo miedo de una sombra que lo rodeaba, aunque se sintió extrañamente confortado. Esa sombra… era la de su madre.
Este libro, Arturo, editado por Kalandraka en formato de álbum con tapas duras, va destinado a los pre-lectores y a los primeros lectores. Es un relato ideal para que el niño se identifique con otro ser frágil y dependiente como es un pollito. El texto, sencillo y poético a la vez, aborda, precisamente, esa indefensión de los recién nacidos, pero, a la vez, ofrece respuestas porque, sea como sea, hay que crecer y ser autónomos, como Arturo, que, finalmente, decidió salir de su cáscara.
Xosé Manuel González, “Oli” es el autor de este libro, inicialmente escrito en gallego, aunque traducido a varios idiomas. Tiene la gracia de provocar ternura con su relato en los lectores adultos quienes sentirán esos deseos de protección que siente la propia madre gallina. El símil es acertadísimo porque, las madres, a menudo, actúan como las cluecas. Como la madre de Arturo.
Las ilustraciones de Marc Taeger destacan por sus trazos decididos y enérgicos. Destacan porque el fondo es blanco y porque los colores son vivos y muy puros. Es más, las ilustraciones en las que se muestra a Arturo en el huevo o saliendo de él se acercan, nos atreveríamos de decir, a la estética cubista y son muy bien recibidos por los niños quienes entienden, perfectamente, los trazos del artista.
El libro, decíamos, es ideal para los pre-lectores, en especial la franja de edad de los 3 años, en que el niño ya no es un bebé y se inicia en su primera infancia. Para el pequeño, que ya siente que ha dejado atrás una etapa de su vida y empieza a gozar de cierta autonomía, Arturo será como un igual ya que, en él, verá los deseos de ser independiente, pero, a la vez, el sentido de apego hacia la figura materna.
Un cuento ideal para contarse por las noches y para permitir que el niño participe de la historia ya que, al ser un relato breve y directo, sin duda, se lo aprenderá y él mismo podrá contarlo con las variaciones que considere oportunas.










viernes, enero 13, 2012






La noticia de la muerte de José Luis Martín Vigil nos llega con casi un año de retraso. Martín Vigil fue un autor polémico, aunque, en sus años de esplendor, tuvo muchísimo éxito. Para algunos fue un cura moderno, para otros un escritor maldito, para unos cuantos un autor prescindible y obsoleto, para toda una generación una especie de oráculo. Sin entrar a juzgar sus acciones personales ni su trayectoria vital,  sí quisiéramos recordar su literatura y algunos de sus títulos.
Nacido el 28 de octubre de 1919 en Oviedo, en el seno de una familia acomodada, José Luis Martín Vigil siguió estudios de Ingeniería Naval, Humanidades y Teología tras realizar el bachillerato en el Colegio Superior de los Padres Jesuitas. Participó en la Guerra Civil, como combatiente desde la zona nacional. En 1953 fue ordenado sacerdote de la Compañía de Jesús. Fue, además, capellán de varios colegios mayores y el director de organizaciones católicas en la universidad.
A principios de los 60 abandonó la orden definitivamente y se volcó en la escritura de libros para jóvenes que tuvieron un éxito sin precedentes. José Luis Martín Vigil, además, era una cara frecuente de la pequeña pantalla. Fue el autor de una serie titulada Bajo el mismo techo.
Martín Vigil durante más de 40 años se dedicó a escribir y lo hizo teniendo en cuenta los gustos de los lectores jóvenes de la posguerra y, por supuesto, las tendencias morales de la época, aunque, sin ser un disidente total, sí se atrevió a levantar la voz y a denunciar injusticias sociales como la marginación o la parcialidad de la justicia. Muchos de sus títulos se convirtieron en libros de cabecera de toda una generación, la generación que fue adolescente en los 60 y en los 70 y aún en los 80, porque el eco de Martín Vigil ha llegado hasta nuestros días porque fue Premio Gran Angular en 1985 por Habla mi viejo.
Circulan muchos comentarios por Internet acerca de su persona y de sus ideas o tendencias morales y personales. Tal vez lo que haya que hacer, ahora, con su muerte, es leerlo no con la finalidad de imponer sus libros en los centros escolares, sino para entender toda una época en que no se podía hablar claro, en que las verdades siempre eran a medias y en que la censura lo tiñó todo de gris. Por eso, a Martín Vigil hay que concederle que, en la medida en que pudo o quiso, levantó la voz y el dedo y se atrevió a hurgar en las heridas o, al menos, a mostrar que había dudas y problemas y zozobras. Su literatura es directa y clara. Suele plantear conflictos propios de la novela iniciática y se acerca a las diferencias de clases que él conoció muy bien.
Títulos tan emblemáticos como Una chabola en Bilbao, Cierto olor a podrido, Primer amor primer dolor, Sexta galería, Un sexo llamado débil o ¿Y ahora qué, señor fiscal? forman parte de una amplia obra, de más de 60 títulos, en la que el aspecto religioso tuvo su importancia, no hay que soslayarlo, pero también el emotivo y el sentimental.
La vida sale al encuentro (1960) es su obra más carismática, sin duda. Reeditada en múltiples ocasiones por la editorial Juventud, puede entenderse en la actualidad como una obra de formación del carácter. Escrita en primera persona por el adolescente Ignacio, habla de su vida y de las relaciones con su amigo Pancho. Ambos, poco a poco, van madurando y aprendido los sinsabores de la vida. Ocupa un año decisivo en la vida de los jóvenes, el de los 15 años, el paso de la adolescencia a la juventud y el inicio de su madurez.
El amor y la muerte son elementos importantes en la novela. En el relato destaca un personaje, el padre Úrcola que es el guía espiritual de los protagonistas. La presencia de un guía es muy importante en la novelística del autor ovetense y viene a ser como el trasunto de su propia persona.
Es, en suma, una novela que se lee con emoción contenida y que podríamos calificar de sentimental y, por supuesto, como ya dijimos, de iniciática. Nos gustarán más o menos los comportamientos y las actitudes de los personajes y las consignas morales que se desprenden de las mismas, pero, lo que no hay que negar, es que el libro está bien escrito y que, como otras obras del autor, puede merecer una revisión para que las nuevas generaciones lo lean y, al menos, entiendan un momento de nuestra historia no tan pasada.
José Luis Martín Vigil es el ejemplo del poder devastador del tiempo. Tuvo la fama en sus manos, el prestigio, miles de fans (él, incluso, ponía su dirección en los libros) y la admiración de muchos. Trató de adaptarse a los nuevos tiempos (se hizo internauta), pero su nombre quedó ya en el olvido y hoy son pocos los que le recuerden, un puñado de nostálgicos y otro de detractores. Sin más.
Quizá sea el momento de que la lectura pausada y objetiva tome las riendas y calibre con cuidado y rigor las obras de este hombre controvertido para ponerlo en el sitio que debería ocupar en la literatura. Ni encumbrarlo como si fuera el mejor de los clásicos, ni rebajarlo como si lo que escribió no fueran más que consignas panfletarias. Y para ello… nada mejor que leerlo y formarse la propia opinión. Después hablaremos.



lunes, enero 09, 2012

Virginia Read Escobal.
Ilustraciones Lucia Sforza
Pintar Pintar 2011



La pequeña Yaniris va a viajar a su pueblo, en la República Dominicana. Está deseando hacerlo porque lleva tres años sin ver si a sus amigos ni a parte de su familia. Yaniris vive en España con su madre y es una niña que se ha adaptado muy bien, aunque, como es lógico, siente nostalgia de lo que dejó atrás y, cuando su madre, tras tres años, ha logrado ahorrar para el viaje se siente tan feliz que quiere llevar el mejor de los regalos, un regalo que sirva para siempre, que se pueda reutilizar, que guste y ayude por igual, que haga compañía y que sea algo permanente. Y lo encuentra. Vaya que sí.
Virginia Read Escobal es la promotora de esta iniciativa cultural que se titula como el libro, “Lleva un libro en la maleta”, y que persigue, ni más ni menos, que llenar las estanterías de las Bibliotecas dominicanas con libros. De ahí que Yaniris, con su ternura e ingenuidad infantil, dé en el clavo cuando encuentra el mejor de los regalos: un libro.
Y es que, como dice la narradora, llena de entusiasmo, el mismo entusiasmo de Yaniris. “¡Un libro vale para todo! Con los libros viajas, con los libros sueñas, los libros te protegen, te acompañan… Tienen cobertura en todas partes, no necesitan pilas ni enchufes, ni wi-fi… Los puedes leer en cualquier sitio… y muchos niños los pueden aprovechar, ya que no se gastan por leerlos”.
Lleva el libro en la maleta es un relato hermoso y conmovedor. Está escrito de una manera diáfana, en tercera persona, aunque recoge de cerca los pensamientos de esta niña dominicana afincada en nuestro país con la que, en algún momento, todos nos hemos podido cruzar, aunque no le hayamos prestado atención. Virginia Read nos habla de las dificultades de los inmigrantes a la hora de adaptarse al nuevo país, pero también de la esperanza y de la capacidad que tenemos los humanos para tender puentes, en especial los niños. Yaniris siente alegría ante la vuelta a su país, a su pueblo, pero también tiene dudas porque lleva muchos años fuera y piensa que igual no la recuerdan. Estas dudas se disipan pronto y Yaniris se sabe querida en su pueblo, pero también en su nuevo país. Uno de los secretos para lograr la adaptación, para sentirse arropado y protegido, Virginia Read –y Yaniris- lo encuentra en el libro. En el libro como elemento de unión, como metáfora de progreso, como vehículo que acaba con las barreras. Es ese libro, el libro abierto, el libro como mano tendida, el que Yaniris lleva en su maleta y el primero de una biblioteca muy especial: La biblioteca de la maleta.
Lleva un libro en la maleta, por lo tanto, no es solo un relato hermoso y lleno de luz, sino que es la explicación de un proyecto que, cada vez, va cogiendo mayor envergadura porque, las palabras han de servir para enlazar pueblos y Yaniris personifica el ideal de la autora que va y viene de su país a éste trayendo esperanzas, recogiendo libros, trayendo ilusiones, recogiendo más y más palabras.
No hay que olvidar, por supuesto, las ilustraciones de Lucia Sforza, que se recrean en el universo personal de Yaniris, en su manera especial de sentir la lectura y en ese trasvase que solo una niña pueda hacer entre dos países. Son dibujos llenos de fuerza y colorido, que hacen del libro el eje principal y del pelo trenzado de Yaniris, un icono de unión.
Sin duda, tras leer el libro, grandes y pequeños, apoyarán el proyecto de Virginia Read y entenderán que, por supuesto, lo mejor que podemos llevar en las maletas es… un libro o, mejor aún, docenas de libros.