martes, enero 22, 2013



 

Al otro lado de la esfera,
Consuelo Jiménez de Cisneros,
Luis Vives, 2011. Alandar, 78.

Al otro lado de la esfera, de Concuslo Jiménez de Cisneros, es una novela emocionante. A simple vista se podría decir que, por el tema, es una novela histórica, aunque, como veremos, va mucho más allá.
El relato, estructurado en varios capítulos y escrito en tercera persona, escoge como personaje a Pedro, un joven niño, de Castilla que, al quedarse huérfano de padre, ha de ir a La Rábida con un pariente y allí completará su educación. Pedro es un muchacho despierto, muy observador y discreto que vivirá la aventura de su vida, ya que será uno de los grumetes que acompañe a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América.
Ahora bien, que ningún lector piense que la novela es aburrida ni predecible, en absoluto. No aburre porque la autora sabe meterse en el alma de los personajes, en su trastienda por así decirlo. Parte de unos hechos históricos documentados, pero sabe cómo ahondar en las emociones y en los sentimientos.
Los personajes están hábilmente trazados y parece que el propio Colón sea también un ser de ficción o que los de ficción sean reales, tal es la simbiosis que se establece. De estas criatura destaca el plano de carne y hueso, sus anhelos, sus dudas, sus vacilaciones y su grandeza como seres imperfectos que son. El propio Colón es el ejemplo de lo que estamos comentando.
Al otro lado de la esfera narra el gran descubrimiento que hizo que el mundo fuera otro y añade el resto de viajes que hiciera Colón y los sinsabores por los que tuvo que pasar.
Se cierra con la muerte del almirante y la explicación de dónde están sus restos…
Pedro, por su parte, ha crecido, es un joven que ha aprendido a vivir, a luchar por lo que quiere, que sabe qué es la amistad y el respeto y que encuentra, al fin, el amor. Pedro ha vivido, por lo tanto, un viaje iniciático al lado de Cristóbal Colón.
La novela está repleta de curiosidades, de descripciones, de detalles que permiten al lector curioso imaginarse cómo fue de verdad la conquista. El relato mezcla, sabiamente, historia con ficción e incluye algunos episodios emocionantes y continuas reflexiones que hacen que el lector se sienta, aún, parte de esa expedición.
El propio Colón escribe, al final, una especie de testamento que viene a ser un poco esa reflexión que nos podemos hacer en voz alta tras la lectura:
“Mucha gente nos juzgará en el futuro. Para unos, seremos santos y héroes; para otros, villanos y esclavistas. Sólo Dios puede examinar nuestros corazones y el afán que guaba nuestro espíritu. Al hombre corresponde únicamente examinar los hechos: yo fui el primer, los demás me siguieron. Yo abrí el comienzo de una ruta que otros completarían”.
En suma, una novela destinada a los jóvenes lectores que también atrapará al lector adulto.

jueves, enero 17, 2013

María García Esperón,
Libros & Libros, Bogotá, 2013.

La emperatriz del Reino Amarillo es, como la define su autora María García Esperón, una “fantasía medieval”. El relato, destinado a los lectores desde 10 años, está escrito con gracia y frescura. Se divide en 12 capítulos que, de alguna manera, simbolizan un año, una historia completa con principio y final, aunque, en el relato el tiempo sea impreciso y amplio.
Destacan distintos registros que aportan dinamismo al texto y hacen que sean varias las posibilidades lectoras y muchos los lectores. Por un lado, se nota una fina ironía en las descripciones de algunos personajes, en las pretensiones de unos, en los logros de otros. Por otra parte, hay momentos de una belleza estilística indudable, momentos en que la poesía se abre paso entre la prosa y hace que el relato se remanse y todos creamos escuchar las voces de los tiempos. También, hay algunas reivindicaciones acerca de las desigualdades sociales y un intento de lograr una sociedad utópica, igualitaria. Por último, sin duda, destaca el tono mágico que envuelve el relato. La emperatriz del Reino Amarillo, por así decirlo, es un cuento de hadas actual, en donde las hadas sí hacen su papel, pero también adoptan otras posiciones; en donde las princesas han de demostrar que lo son; en donde no siempre el que más tiene es el mejor ni siquiera resulta ser el príncipe adecuado y, por supuesto, donde las apariencias engañan.
Alicia es una condesa que tuvo una infancia distinta: trabajaba Coamo cualquiera de sus posibles sirvientas. Su padre, el conde Aceituna siempre estaba de mal humor, aunque también se mostraba melancólico. Su madre, la condesa Antaña, vivía muy ocupada en tareas mundanas. Alicia era muy feliz porque siempre había vivido así. Un viejo sabio fue el que trajo el futuro de la niña cuando nació y el que estableció que debía aprender a no ser servida sino a servir. Y es que Alicia estaba predestinada a ser, como dice el título, la emperatriz del Reino Amarillo. Dicen que el azar está trazado ya en la vida y que no existen las casualidades. Eso demuestra la escritora cuando hace que la acción se traslade de espacio y abandone el condado europeo -¿Asturias?- para llegar a las tierras de la lejana China, en donde Alicia será, al fin, emperatriz, aunque aún le queden muchas peripecias por vivir.
Hay un personaje singular en el relato. Nos referimos al hada Farina, enamorada secretamente del conde Aceituna, y deseosa de lograrle la felicidad que, sin duda, tiene al alcance de la mano, pero que no ve. No es capaz de ver. Frente a un personaje tan mágico como Farina, aparece otro real, histórico, el emperador Federico, quien tiene un papel decisivo en la historia.
La narradora, por otra parte, aparece continuamente en el relato para afirmar, juzgar, justificar y contemplar, a veces divertida, otras respetuosa y algunas, en fin, burlona, el devenir de unos personajes que van fraguando una historia hermosa, como si fuere uno más de los tapices que adornan el hogar de los condes.
Los símbolos son también importantes en el cuento: el traje medieval, el hechizo para lograr la felicidad, el baúl de cortezas, la escritura del hada… No se olvida el paso del tiempo, el presente, el pasado y, sobre todo, el futuro, así como el amor, la memoria y la melancolía.
A menudo, nos parece dar a entender María García Esperón, pasamos por encima de lo realmente importante y nos apesadumbramos por aquello que no tenemos, cuando, y lo demuestra Alicia en su sencillez, lo básico es ser y no tener. Como bien leemos en un momento del relato: “Salas enteras de la casa de su padre estaban llenas de objetos ociosos que habían proporcionado minutos y horas de ese placer efímero que es el de poseer, para luego pasar a ocupar una zona oscura en la memoria de la compradora, entelarañarse y volverse inservibles”.
Sin duda, la vida de Alicia y su recompensa final, hacen que el cuento tenga de verdad un final de cuento de hadas, pero bien merecido.
El relato está ilustrado por Michelle López Deksnys que, en blanco y negro, da vida a estos personajes y a la magia que los envuelve.
Decíamos al principio que La emperatriz del Reino Amarillo es una lectura destinada a niños y niñas desde 10 años. Pensamos que la edad se alarga hasta el infinito e, incluso, puede encogerse, como la magia. Y es que nadie se resiste al conjuro: “Hace muchos, muchos años...”.

martes, enero 15, 2013



Cuaderno de tierra firme,
Anjel Lertxundi
Alfaguara-Serie Roja, 2001.
 

Anjel Lertxundi, en “Cuaderno de tierra firme”, nos ofrece en forma de muy breves capítulos algunas piezas importantes para entender la vida de un hombre, en este caso la vida de Román Corta. En una tercera persona muy diluida, el narrador nos cuenta cómo Román, un escritor, encuentra, paseando por la playa de Zarauz, una botella con un mensaje dentro. Este hecho anecdótico no tendría nada de especial si no fuera porque tropieza con una persona meticulosa, de imaginación asombrosa y herida por la enfermedad. Román ha sufrido un infarto recientemente y debe cuidarse, por eso pasea y por eso tiene tiempo para reflexionar más allá de lo que los ojos ven.
El relato nos habla de una pasión, la pasión por conocer, pos saber, por entender que hay más allá de las apariencias. Román se siente atrapado por el mensaje de la botella y, de forma obsesiva, trata, con todos los medios que tiene a su alcance, de encontrar quién es el tal Pata de Palo que firma el mensaje.
“Cuaderno de tierra firme” no es una novela regular porque no interesan mucho las cosas que pasan, sino las que se recrean en la mente de Román. Sus lecturas, sus afectos, sus frustraciones, sus miedos y sus pequeñas victorias todas salen a la luz, salen a su encuentro conforme trata de profundizar en ese mensaje.
El texto está escrito de forma natural, asombrosamente diáfana, pero también poética porque Román puede ser cualquiera de nosotros. Sufre las miserias que sufren los cuerpos, pero no deja que su corazón interfiera y, sin saberlo, va construyendo una crónica emotiva y emocionante de su propia vida, de sus fantasmas interiores, de la mujer que siempre ha amado y que no le correspondió, Pilar; de esas pequeñas cosas, en suma,  que hacen que la existencia sea distinta siemre y, a la vez, tan igual.
En “Cuaderno de tierra firme” hay  un homenaje claro a la literatura, a la “Isla del tesoro” y a las novelas de aventuras, pero también a los cronistas de Indias e, incluso, a los conquistadores. Es también un tributo a los marinos vascos, aunque repasa fragmentos de historia cercana y antigua. Porque una vida, como la de Román, como la nuestra, no va en línea recta, sino que está formada por muchos cristalitos, como un caleidoscopio.
La vida de una persona puede cambiar por un azar, por algo breve y casi imperceptible, la vida de Román cambió por una botella que contenía un mensaje, aunque el mensaje, bien mirado, era lo de menos, ya que lo que importa, lo que le importa al lector, es asistir a la crónica de una pasión, la pasión por existir, por ser… aunque sea por poco tiempo.
El libro, escrito inicialmente en vasco, está traducido al castellano por Jorge Jiménez Bech.
Excelente novela, intimista, tierna, llena de humor y algunas pinceladas de ironía. Una buena compañía para cualquier tarde de invierno. ¿Por qué no ésta misma?

martes, enero 08, 2013



Tras el cristal,
Ricardo Gómez,
Madrid, SM, 2012
Gran Angular, 298

 

Tras el cristal  de Ricardo Gómez es como un tapiz de tonos delicados y frágiles que, desde lejos, podría pasar desapercibido, pero, conforme de acercas, va ganando en matices y adquiriendo la grandeza de lo aparentemente normal.
El autor escoge como punto de partida un personaje singular, un observador de la vida, un contemplador del mundo. El dependiente de una tienda que, sin duda, pasaría completamente desapercibido, adquiere el protagonismo porque es él quien se ha fijado en otros personajes que van y vienen, que pasan por delante del cristal de su tienda, con sus miedos, sus limitaciones, sus esperanzas y sus secretas ilusiones. Es éste dependiente quien presenta, de manera velada, a los personajes que, en los siguientes cuentos, cobrarán protagonismo.
Así, Tras el cristal se estructura en 11 cuentos (10 si excluimos la presentación del mismo nombre). Ricardo Gómez capta la magia de lo anónimo, de lo casual, de lo efímero, de lo apenas perceptible y muestra que, en las acciones más cotidianas, si se sabe contemplar bien, se pueden encontrar fragmentos muy ricos en los que las emociones, los secretos, los anhelos… se exhiben sin tapujos.
La muerte, el destino, la enfermedad, la vejez, los miedos… son temas que van dándose la mano en el libro y tejiendo, poco a poco, este tapiz mágico del que hablamos al principio.
La casualidad o el azar hacen que las cosas, que las personas, que los sentimientos se entrelacen mientras que una especie de demiurgo, en este caso el dependiente, disfruta contemplándolo mientras hace de su propia vida un espejo en el que se reflejan las de los demás.
En el libro hay cuentos de belleza deslumbrante, cuentos en los que la ternura es el eje esencial, cuentos que descubren las ansias últimas de los seres humanos que a veces son tan sencillas como querer leer o interpretar una última pieza. Los personajes de Tras el cristal parecen frágiles, ésa es la metáfora, pero son resistentes y luchan, a su manera, contra el paso del tiempo, contra la caducidad de las cosas, contra el destino.
Sin duda, un libro para saborear despacio, destinado a todos los lectores puesto que las reflexiones que propicia a todos nos pueden llegar. La soledad, el amor, la amistad, la muerte, los recuerdos… ¿quién puede sentirlos ajenos?

viernes, enero 04, 2013



Comparto con todos este hermoso poema de María García Esperón. Es un texto precioso, lleno de luz y que contiene un mensaje bien actual. Sin duda, no nos podemos permitir, en estos momentos, ni el pesimismo ni el desencanto.

A los Reyes Magos
 les pedí un deseo
 en una mañana
 muy clara de enero.

 A los Reyes Magos
 les pedí un regalo:
 una yerba buena
 para el desencanto.

 A los Reyes Magos
les pedí un futuro
hecho de pasado
y de sueños puros.

 A los Reyes Magos
 les dejé en la sala
 para sus camellos
 jarras de esperanza.

jueves, diciembre 20, 2012

El zoo d`un poeta, de la A a la Z
Ricard Bonmartí – Marta Biel,
Castellnou, 2012.


La poesia sempre està de moda, sempre és actual i la poesia infantil és més que necessària pels nens i nenes. Els ajuda a crear una especial sensibilitat i a apreciar valors importants, els ajuda a créixer.
El zoo d`un poeta, de la A a la Z és un abecedari poètic on els animals es passegen   amb les seves característiques i encants. Així trobem, per exemple, l`àguila o el conill, però també el flamenc, la tortuga, l`elefant, l`ovella o el quetzal... tants animals com lletres té l`abecedari. Animals domèstics i salvatges, mamífers i aus.
Els més petits, els primers lectors, de ben segur, s`ho passaran molt bé amb aquests animals a la vegada que aprendran les lletres de l`alfabet, però ho faran amb alegria, amb il·lusió, com s`han de fer les coses veritablement importants a la vida. I aprendre a llegir és una de les més importants.
Ricard Bonmartí, l`autor, dedica quatre versos a cada un dels animals i ens descobreix aquelles petites grans coses que ens passen desapercebudes, perquè un poeta en sap de descobrir petites grans coses. A més, les il·lustracions de Marta Biel ens deixen jugar encara més amb la idea de que per aprendre, és clar que no, no fa falta patir.
Tots els poemes es poden aprendre de memòria, si es vol, o es poden llegir en veu alta o cada nen pot triar-ne un i fer-ne la seva pròpia versió. El cas és que El zoo d`un poeta, de la A a la Z no és un llibre que passi de moda, perquè està ple de llum, de imatges, de vida i, sobretot, d`alegria.
El llibre forma part de la nova col·lecció “Abecedaris” de Castellnou que vol ser una eina lúdica, però molt potent, perquè els nens i les nenes aprenguin les lletres relacionant-les amb les corresponents il·lustracions.


La mejor bellota,
Almadraba, 2012.




La mejor bellota es uno de esos libros mágicos que resisten lectura tras lectura puesto que lo que narra nunca pasa de moda, es tan actual como la esencia del ser humano. Pep Bruno, el autor, escribe acerca de la importancia de los cuentos, de la fascinación que todas las culturas han sentido por la tradición oral y de la importancia de saber esperar.
El relato adquiere un aire de leyenda no solo por el texto en sí, sino por las ilustraciones de Lucie Müllerová, que evocan un bosque en otoño; un bosque misterioso y, a la vez, acogedor y cálido. Solo en ese escenario pudo darse la historia de La mejor bellota.
En ese bosque había una encina de la que colgaba, como dice el título, “la mejor bellota”. Los ratones la ansiaban, pero la bellota estaba protegida por una serpiente, un búho y una familia de cuervos. El rey de los ratones prometió un queso a quien la consiguiera y todos los ratones empezaron a pensar posibles planes. Uno tras otro fracasaron. Ni la valentía ni el ingenio pudieron hacer que la bellota cayera del árbol. Hasta que un día el ratón más viejo tuvo una idea extraña, quizás excéntrica, pero que resultó. Dijo que si todos permanecían juntos, conseguirían el propósito, pero el ratón no pretendía ir a coger la bellota, sino sentarse tranquilamente a contar cuentos. Y la fascinación por el viejo arte de narrar invadió el bosque: “Así pasaron las horas, y los días, y cuando el viejo ratón se paraba a descansar, algún otro ratón ocupaba su lugar y seguía contando viejas historias y leyendas”. Hasta que un buen día, la bellota, ya madura, cayó por su propio peso, aunque eso al rey ya no le importó demasiado.
La mejor bellota, sin didactismos explícitos, ni moralejas trasnochadas, muestra cómo la paciencia es esencial en la vida y cómo hay que saber esperar para conseguir algo. Aunque también, como hemos dicho, se centra en la magia de la palabra que siempre será más poderosa que cualquier otra arma. Tiene que serlo.
La mejor bellota, en definitiva, es un cuento idóneo para los primeros lectores o para celebrar alguna sesión de “cuenta cuentos”, ya que la historia permite una lectura en voz alta sin resentirse. Los dibujos, insistimos, aportan la calidez y la ternura al relato.
El libro está muy bien editado y es, pensamos, un regalo muy apropiado para los más pequeños de la casa, aunque, por cierto, los adultos podrán descubrir, si leen bien, despacio, sin prisas, muchos valores simbólicos que nos acercan a los orígenes de la literatura que, como ya sabemos, fueron orales.

lunes, diciembre 17, 2012

Rosario Bersabé Montes,
Silva Editorial, Tarragona, 2010.



La cruz del verbo es un poemario cargado de fuerza y de verdad. Rosario Bersabé que ya ha aprendió a domeñar el idioma en su anterior obra, De roca y yerbabuena, no quiere olvidar la forma y el respeto a la métrica, aunque sabe que, a veces, el ritmo no necesita de corsés, sino de libertad; de ahí que se permita ciertas licencias con la rima. A Rosario le gustan los versos impares, esos propios de la métrica italiana, el endecasílabo, el heptasílabo e, incluso, el pentasílabo que organiza, a veces, de una manera polimétrica. Arte mayor y arte menor se dan la mano en este poemario.
La cruz del verbo es un título de clara evocación religiosa, aunque Rosario no escribe poemas religiosos, sino laicos, aunque comprometidos con el ser humano y con la dignidad del mismo. La cruz es ese lado duro de la vida, el dolor que se sobrelleva, las ausencias, el desamor, las injusticias, la soledad…; el verbo, en cambio, es la palabra; la palabra que se derrama que llega consoladora, que sabe arrojar luz donde antes hubo tinieblas.
Un poeta es un ser especial que sabe ver más allá de las cosas. Eso hace Rosario quien, con mirada clara, se pasea por los distintos registros emocionales. De esta manera, organiza su obra en distintos apartados que se relacionan entre sí, de alguna manera, porque la voz directa de su autora así lo quiere. En “Vientos de otoño” se concentran los poemas inaugurales. Canta, para empezar, como hiciera el propio Homero, a su musa y le pide cuentas. “Oh, mi musa rebelde, / ¿por qué me eres esquiva?”. Rosario necesita tener a la musa de su lado para poder contar aquello que tiene y que, con humildad, piensa que no es innato en ella, por eso le pide a la musa: “concédeme el don de tu presencia”. La soledad, el desamor, la indiferencia, el olvido… son los temas que completan este primer apartado. Después, “Como un soplo de brisa” se encarga de ahuyentar las quimeras y esta vez ya es la oda al poeta, a ese “Cultivador de versos que de tu alma / emergen cual altivo surtidor”. La primavera, el amor, la nostalgia de la tierra y un poema deliciosamente hermoso, “El teatro de las ingenuidades” siguen derramando la brisa en el alma del lector.  Rosario recuerda una infancia y, gracias a los alejandrinos, nos la presenta amplia y pura: “Fueron días dichosos, de muñecas de trapo, / caballos de cartón con riendas inventadas”.  “Llora el poeta” es el siguiente capítulo formado por poemas personales, de tristeza, en los que la poeta reflexiona acerca de la brevedad de la vida y lo hace en carne propia. “El coraje de soñar” trata de superar este mal momento y Rosario se nos muestra osada, fuerte, con la ilusión intacta y apegada a “esa niña que llevo tan adentro… aún tiene el coraje de soñar”.
Dicen que la verdadera patria del hombre es la infancia y Rosario Bersabé lo sabe muy bien; de ahí que no olvide, en ningún momento, a esa niña que fue y que, en el fondo, sigue siendo. “Nacido en desabrigo” es un conjunto de poemas de corte social, de denuncia. No quiere ser ajena la voz poética al dolor ni al llanto de los niños. No quiere ser ajena ni indiferente.
El poemario se completa con un ramillete de espléndidos “Sonetos”, estrofa en la que Rosario es ya una auténtica maestra. Son sonetos vibrantes, que emocionan y que calan en el alma de quien los lee. “Padre que estás en los cielos” pudiera muy bien ser una oración y, de hecho lo es, la oración de una hija hacia su padre que ya no está; un padre al que añora y al que reclama, a la vez que presiente. Sin duda un soneto de una pieza. La risa de su nieta, la pequeña Niara, consigue espantar los miedos mientras que la amistad recoge los momentos más preciosos, a la vez que surgen afectos, deudas, gustos y vacilaciones. Rosario reflexiona y crea, poco a poco, su especial cosmos, su especial manera de sentir y de ver. Y por encima late ese sentimiento de pertenencia a una tierra, a la que aspira: “En tu seno vislumbro mi destino, / vergel de sueño, ¡tierra astigitana!”.
Rosario Bersabé, es cierto, no lleva muchos años escribiendo, pero sí lleva años, toda una vida, soñándose a sí misma, viendo, contemplando, atesorando momentos, inventando sensaciones, acariciando palabras; toda una vida que se derrama, verso a verso, en La cruz del verbo.
No hace falta, Rosario, que invoques a los hados… la poesía está de tu parte.

jueves, diciembre 06, 2012


Roberto Santiago y Ángela Armero,
Barcelona, Edebé, 2012.



“Alexandra y las siete pruebas”, de Roberto Santiago y Ángela Armero es un relato trepidante que arranca en el capítulo 100 y acaba en el 0. Narra una competición especial, de que sostienen los niños del colegio Armando Muñoz Vaca para conseguir probar el último videojuego del Alfonso Giménez Dom.
La historia está contada desde varios puntos de vista. Por un lado, la protagonista, Alexandra, de 11 años, quien, en contra de la voluntad de sus padres, decide participar en ese concurso y pasa una semana en compañía de sus compañeros de clase y aprendiendo mucho acerca de sí misma y de los demás. Para Alexandra la competición es algo así como una prueba iniciática, de la que sale fortalecida. No obstante, el narrador tradicional, en 3ª persona, ocupa buena parte del relato puesto que varios son los elementos externos que no puede controlar Alexandra, ya sea la preocupación de sus padres, sus desencuentros y el descubrimiento sensacional que hace el propio Dom.
La trama se desenvuelve de manera rápida, casi trepidante, al ritmo de las pruebas que los niños van tratando de superar. No hay tiempo para la reflexión, todo sucede a gran velocidad y el estilo narrativo de los autores se ajusta al tema. Las frases son breves y cortantes. No caben los análisis psicológicos, aunque, eso sí, entrevemos la evolución de algunos personajes, en especial de Alexandra y de sus compañeros Ricardo, el empollón de clase, y Bodémer, el chulito.
“Alexandra y las siete pruebas” es, por decirlo así, un videojuego literario ya que cada prueba aparece bien descrita y, lo que nos parece más difícil, perfectamente integrada en el papel de los personajes. Son escenas plásticas, sugerentes, vivaces y, por supuesto, con mucha acción.
Paralelamente a la competición, surge la vida de Dom y la de los padres de Alexandra, Julio y Aurora. Sus vidas acaban unidas para siempre puesto que, en una especie de regate literario, los autores deciden darle un cambio al relato y ceder a los deseos de Alexandra que pide otros padres. El lector tendrá que descubrir el enredo y decidir si le parece creíble o no, pero no cabe duda que le da cierta intriga al relato.
La novela está destinada a los lectores adolescentes, a partir de 11 años, aunque pensamos que el lector adulto también la puede degustar con interés, sobre todo porque bucea en un tema tan actual como son los videojuegos, sobre los cuales se pueden adoptar distintos puntos de vista. La novela no es especialmente crítica, aunque sí realista. Deja que el lector opte y extraiga sus propias consecuencias y, sobre todo, permite que la imaginación siga siendo mucho más poderosa que cualquier juego.

viernes, noviembre 30, 2012

Rosario Bersabé Montes,
Silva Editorial, Tarragona, 2008.


Un poeta nace y se hace. De eso no hay duda. Rosario Bersabé comenzó a escribir poemas casi de manera casual, como sin querer, aunque con gusto y afición. Poco a poco se dio cuenta de que la poesía es una amante esquiva, pero también agradecida a la que hay que volver y no descuidar bajo pena de quedar para siempre trastornado para siempre.
De roca y yerbanuena es un poemario generoso que muestra la especial perspectiva que tiene Rosario de la vida, de sus circunstancias, de ese devenir pequeño o grande, según se quiera entender, pero esencial para ella. De ahí que se sienta, a veces, firme como una roca y, otras, olorosa y frágil como una rama de hierbabuena. Para este ecijana afincada en Vila-seca (Tarragona) “El verso es una flor en su pujanza, / es color, es promesa, es aventura,/ es río, / es mar crecido en su bravura, / es el rito sublime de la danza”. Un verso es capaz, en su línea sencilla y breve, de contener todo el mundo, todo un universo personal como de la autora.
La memoria, el paso del tiempo, la soledad, las dudas, las ausencias, los miedos, los afectos, la tierra, el trabajo, la poesía y sus poetas… son algunos de los elementos temáticos a los que acude Rosario, que, instalada en una madurez vital y plena, no quiere renunciar a la juventud que vivió, pero se sabe en un camino que ya no tiene retorno:
“Recorriendo los huecos de mi ser / fulgurar de añoranza / conciertos de mis días, / en bandadas recuerdos del ayer / de prontas primaveras / placeres y alegrías”.
Acaricia con sus palabras el presente pero no quiere pasar de puntillas por el pasado, al que vuelve una y otra vez hasta que el dolor cede paso a la nostalgia o a las constatación de que es quimera querer revivir lo ya vivido porque: “Quieres pensar y no puedes / y con la mirada al suelo / indiferente respondes: / ¡no lo sé… no lo recuerdo!”.
Rosario Bersabé Montes maneja con destreza y oficio el verso. Gusta del arte mayor, sobresalen los endecasílabos, aunque acompañados de los heptasílabos. Prefiere la rima consonante, más plena, aunque no renuncia al romance ni a los ecos de la poesía más popular y tradicional. Se embebe de todo y goza con demostrar sus raíces.
El libro se organiza en torno a diversas secciones, como una miscelánea del sentimiento, aunque queremos destacar “Los sonetos del arraigo”. Dicen que para ser poeta de verdad tienes que haber escrito algún soneto porque es una de las estrofas más complicadas y, a la vez, más agradecidas. Rosario se explaya con generosidad y se siente a gusto con este metro. Sus sonetos se nutren de sus emociones más íntimas, su padre, su madre, su hermano…, la tierra de acogida… el amor, el mar… el deseo de seguir vida y clamarlo una y otra vez porque, al fin y al cabo, la existencia es la suma de cada minuto que se vive, de cada instante que Rosario ha vivido con intensidad y humildad. Ahora bien, no nos engañemos, ella sabe de sí misma y no renuncia a nada porque, llena de vehemencia, exclama que “No pido nada, porque nada quiero / ya tengo todo cuento necesito”. No en balde el soneto que se inicia con estos versos es el que cierra el poemario.
Rosario juega con las palabras, emplea las enumeraciones y las metáforas; engarza ritmos de manera certera, sabe del encabalgamiento y del hipérbaton. Es, en suma, una poeta consciente de su verso. Una poeta fuerte y frágil, a la vez, como es De roca y hierbabuena.


Prólogo al libro, por Hugo González Hernández

domingo, noviembre 25, 2012

Tengo el gusto, la alegría y la satisfacción de publicar en este blog el primer relato que mi buena amiga Mª José Millán se atreve a compartir con los lectores. Llevamos, juntas, una andadura interesante en torno a los misterios de la creación literaria y puedo decir que Mª José atesora un caudal de palabras y de sentimientos que están deseando tornarse relatos. Mientras esperamos que se decida a publicarlos, aquí va una primicia. ¡Que lo disfrutéis!...





EL MEDALLÓN PERDIDO              

Rebeca y su hermano Pablo habían vuelto al pueblo de sus abuelos a pasar el fin de semana. Acababa de empezar la primavera y el paisaje rebosaba de aromas y colores.

Por fin iba a volver a ver a Carlos. Se habían conocido durante el verano y se hicieron más que amigos. En navidades empezaron a salir. Carlos era un chico del pueblo que vivía con sus tíos desde que sus padres fallecieron en un accidente de tráfico. Hacia más de diez años, aunque los echaba de menos. Últimamente tenía problemas con los estudios, se saltaba las clases, suspendía asignaturas y todo ello empeoraba la relación con su tía. Clara era la hermana mayor de su madre y, aunque no había tenido hijos, quería a Carlos como si fuese suyo. De un tiempo a esta parte su relación se había resentido y todo eran problemas, su marido y ella no sabían que hacer para volver a conectar con su sobrino.

-¡Rebeca, hola! ¡Qué alegría de volver a verte! Estás preciosa como siempre. ¿Qué tal, Pablo, cómo va?
-Bien,  Carlos.  ¿Y tú por aquí alguna novedad?
-Pues sí, mañana si os parece he organizado una excursión a las afueras del pueblo para enseñaros la cascada y el pequeño lago. Pasaremos todo el día fuera, será divertido

Carlos informó a sus tíos que pasaría el día fuera de casa con sus amigos, que los llevaría a la cascada, Clara le pidió que tuviesen cuidado y no volviesen muy tarde.
Al llegar, dejaron las bicicletas en un claro cerca del lago. El paisaje era precioso: los tonos verdosos, irrumpían por doquier, también había matices ocres y amarillentos.  El agua clara de la cascada que rugía de forma ensordecedora, para sosegarse en un remanso de paz en el lago azulado y transparente. El aire desprendía un olor especial gracias a los matorrales de tomillo y lavanda que crecían en las rocas las cuales parecían trepar hacía la ladera de la montaña.


-¡Carlos es precioso!........... -comentó Rebeca fascinada.

-¡Ostras! Si que bonito y relajante -comentó Pablo.

-Pues aún falta lo mejor -les dijo Carlos misteriosamente.

Y así fue como Carlos con una sonrisa, empezó su relato referente a la antigua historia que comentaban en el pueblo. Los más ancianos hablaban de una gruta escondida detrás de la cascada de la cual no  regresaba el que entraba. Pablo se burlo y pidió que no contara trolas. Carlos, para no quedar en mal lugar delante de Rebeca, les convenció para comprobar si era verdad o no.

Anduvieron y escalaron un buen trecho montaña arriba, aunque había un sendero fácil de seguir. Cuando se quisieron dar cuenta estaban detrás de la cascada. El agua caía estrepitosamente y casi no podían oírse entre ellos. Pablo que siempre iba despistado, se sentó a descansar en una piedra cubierta por la maleza. Empezó a sentir un soplo de aire fresco detrás de su espalda. Carlos se atrevió a adentrarse y, sin esperárselo encontró la entrada a la gruta detrás de unos hierbajos.
Los tres decididos, a salir de dudas se internaron en la cueva, pero Pablo era el más  reticente que incluso se ofreció a esperar fuera, aunque lo pensó mejor y los siguió. No tenía claro si le daba más miedo averiguar que había allí o quedarse solo en aquel paraje.


Con sus linternas en mano, fueron hacia el interior. Todo era muy oscuro y había un fuerte olor a humedad. Casi ya estaban decididos a volverse, en vista de que no descubrían nada, cuando una luz cegadora apareció frente a ellos. Rebeca, del susto, tropezó y se torció un tobillo. Aquella luz los envolvió y cuando volvieron en sí, se encontraron tumbados en un prado. A sus espaldas había una enorme montaña, delante se veía un precioso pueblecito que les resultó muy familiar.

-¿Rebeca, cómo estás? -Bien Carlos, no te preocupes. Me duele un poco el pie, tengo un rasguño, ¿pero……… dónde estamos?

-Ya os lo dije yo que sería mejor no entrar y ahora qué ............. ¡Ya no volveremos nunca a casa!  -Empezó a lamentarse Pablo.
-Tranquilos –Carlos intento calmar a sus amigos- iremos al pueblo y averiguaremos dónde estamos, no te pongas nervioso Pablo. Seguramente hemos salido por el otro lado de la gruta, tan solo será necesario volver a encontrarla y regresaremos, ya lo veréis.

Llegaron al pueblo, después de andar un buen trecho. Les sorprendió  que la gente fuese vestida tan rara. Buscando un hospital, encontraron una casita donde había un cartel que ponía Médico. Llamaron, les abrió una joven, que dijo llamarse María. Comentó que era la enfermera y que el doctor había salido. Ella misma curó a Rebeca y le puso un pequeño vendaje. Comentó que era un simple rasguño y que estuviesen tranquilos. La dejaron descansar acompañada de Pablo. A Carlos le había llamado la atención el medallón que llevaba María. La enfermera y el joven salieron al jardín.

Empezaron a charlar, él le explico como llegaron allí, de dónde venían y ella no entendía nada, ¿venían del futuro? Eso era imposible aunque notaba algo especial por aquel muchacho, y Carlos, a su vez, estaba tranquilo y muy a gusto en su compañía. Le explicó los problemas que había tenido en los últimos meses, porque ella le inspiraba seguridad y confianza. Se atrevió a preguntar por el medallón, que desde el principio, le había atraído. Ella le contestó que había sido un regalo de su hermana mayor. La piedra era un cuarzo rosa, que simboliza el amor y la amistad y da paz interior a su propietario. A Carlos el tiempo le pasó volando en su compañía. Hablaron de muchas cosas, estaba muy a gusto a su lado.

María en un gesto espontáneo, se quitó el medallón y le dijo que se lo regalaba, a ella le había ayudado mucho y ahora le tocaba a él. Carlos no podía aceptarlo porque se habían conocido hacía unas pocas horas. No le dio tiempo a reaccionar y se encontró abrazado por ella y recibiendo un beso en su mejilla.  Una oleada de amor, paz y tranquilidad lo envolvió.

Se despertó al oír a sus amigos que lo llamaban:

-Carlos, venga despierta,  chaval te has quedado dormido después del chapuzón y la comida. Tenemos que volver a casa –le decía Pablo mientras lo despertaba.

¡Cómo!..... ¿Un sueño?..... No podía ser, reflexionaba Carlos, ellos habían encontrado la gruta y habían entrado. María le había dado su medallón, eso si que era real: lo tenía en su bolsillo. No se atrevió a decir nada a sus amigos y guardo el secreto.

Al llegar a casa de sus tíos, Clara lo estaba esperando intranquila. Confuso y nervioso, corrió hacía ella y se lanzó a sus brazos. Y, apresuradamente, le relató todo lo sucedido. Carlos le pidió perdón por los malos ratos que le había hecho pasar últimamente. Ella no daba crédito a lo que estaba escuchando “¿que le pasaba al muchacho?” Cuando su sobrino sacó el medallón, los ojos  de Clara se inundaron de lágrimas: - Es el regalo que le hice a mi hermana María en una fecha muy especial. ¡Creía que estaba perdido!



                                                                                                                  Septiembre 2012.
                                                  

viernes, noviembre 23, 2012

Don Juan Tenorio, José de Zorrilla,
Everest, 2012. Punto de Encuentro con los clásicos
Adaptación en prosa, edición y notas de Anabel Sáiz Ripoll




¿Por qué adaptar el texto de Zorrilla en prosa? Quizás pueda ser motivo de escándalo, ya que se trata de una de las obras dramáticas más representadas en nuestro país, pero  pensamos que se encuentra algo lejos del joven lector y, de alguna manera, hay que aproximárselo para que, cuando lo conozca, quiera leerlo en verso ya hecho suyo.
Esta prosificación pretende ser una herramienta de consulta para acercar el Tenorio a los jóvenes lectores de hoy en día y permitir que les sea más fácil su comprensión e, incluso, facilitarles la puesta en escena.
 El verso de Zorrilla, muy sonoro y a menudo de rima fácil, es rotundo y muy solemne. Jamás esta versión en prosa aspirará a sustituir el texto original –ni lo pretende-, al que nos remitimos, frecuentemente, pero sí es como una primera etapa que permitirá al lector adentrarse en la psicología de los personajes inmortales y acaso acercarse más a ellos sin la barrera que a veces puede ser la solemnidad del verso. Se trata de clarificar, de hacer comprensibles y verídicos los diálogos, de tratar de hacer hablar a Don Juan de la misma manera que todos hablamos. ¿Por qué no?
No quisiéramos que nadie pensara que es osadía esta versión en prosa, sino solo acercamiento ya que se ha hecho con ánimo divulgativo. Así, se respeta en todo momento la línea del texto original, pero se evitan los giros propios del verso, el hipérbaton, la rima facilona aunque se mantienen, en general, los giros lingüísticos y los arcaísmos.
La riqueza del texto de Zorrilla es tal que pensamos que su prosificación lejos de restarle interés, hará que se acorten las distancias entre el texto romántico y la visión actual.

(De la introducción en Everest)

martes, noviembre 20, 2012


Raffaella Bolaffio,
Castellnou, 2012



El Bru és un cavall eixerit i simpàtic, però una mica maldestre. Sempre s`equivoca, encara que ho dissimula força bé. Un dia, arriba a la granja una euga molt maca, la Blanca, i el Bru vol ser el seu amic, encara que torna a ficar la pota i la Blanca s`enfada. La solució? El Bru decideix aprendre a ser millor i s`apunta a l`escola de cavalleria del senyor Teixó i així aprèn educació, bons modals i a ser millor. Per fi, el Bru sap com portar-se en públic i ser gentil. El seu sacrifici té una recompensa: un petó de la Blanca.
El Bru i la Blanca, de Raffaella Bolaffio, és una deliciosa història adreçada als primers lectors, doncs es presenta amb lletra lligada, que farà les delícies dels nens i les nenes, perquè es llegeix amb claredat i perquè té unes il·lustracions molt adequades, plenes de llum i de color.
Els animals, al llibre, no estan humanitzats, sinó que es presenten com animals, però, això sí, amb actituds humanes. El Bru, per exemple, necessita un motiu per superar-se a sí mateix, igual que ens passa a les persones.
Gràcies al llibre, els nens i les nenes sabran que és normal equivocar-se, però que sempre es pot millorar i que només depèn de nosaltres mateixos. També valoraran la importància de l`amistat que, sovint, ens fa ser millors persones.
El llibre s`inclou a la col·lecció “Primeres pàgines” i inclou una sèrie d`activitats lúdiques per augmentar la concentració i l`atenció en els petits lectors.
En definitiva, un llibre molt adequat per aprendre a llegir i fruir amb la lectura.