viernes, noviembre 25, 2011

CUANDO EL CARACOL Y QUINCE MÁS
EDELVIVES, 2009, Ala Delta, 64



            “Cuando el caracol y quince más” es un ramillete de 16 cuentos dirigidos, por ajustarse a la colección, a niños a partir de 8 años, pero, como siempre decimos, la lectura no tiene edad, por fortuna. Sería muy triste que a los mayores se nos privara de leer aquellos textos destinados a los pequeños y viceversa. Esta posibilidad, digna de un cuento de ciencia ficción, tal vez sería un buen tema para que Daniel Nesquens inventara unos personajes curiosos y les diera vida en un mundo al revés.
            Los cuentos de Daniel Nesquens están llenos de humor y de sorpresas porque no son historias usuales en el sentido clásico del término. No responden a una estructura clara de presentación, nudo y desenlace, sino que se desarrollan en un corto espacio de tiempo, la mayoría de los casos, y nos ofrecen como un destello, algo que le sucede a un personaje y que nada tiene que ver con las situaciones habituales.
            Así, a una bañista la toman por muerta –cuando se hacía el muerto en el mar- y la rescata un pesquero; un par de payasos han perdido el gancho con el público y deciden volverse a calzar sus viejos zapatones para hacer reír de nuevo; dos niños se juegan cara a cruz quien baja la basura y pierden la moneda; un ratón es indultado por el gato pero muere atropellado –o casi-; un elefante equilibrista es felicitado por las hormigas; una víbora decide ayudar a los demás y está deseando que le indiquen el lugar de la Osa Mayor; una familia de siete pronto se convertirán en una de ocho; un agaporni está empollando la sorpresa del huevo Kinder... y así sucesivamente.
            El cuento que da título al relato, “Cuando el caracol”, es un ejemplo de adaptación del tiempo al ritmo del relato o, mejor dicho, al ritmo del caracol quien hace sus actividades con total parsimonia, mientras el mundo sigue su vida habitual. Al caer la noche, el caracol decide que mañana irá de excursión, pero, añade el narrador con ironía: “No muy lejos, eso sí”. La ironía y la diversión están presentes en estos relatos cortos que pueden leerse varias veces porque a cada lectura se captan distintos matices.
            Son cuentos llenos de gracias, con algún diálogo y, como hemos dicho, situaciones disparatadas que rozan el nonsense e, incluso, tienen elementos propios del surrealismo, ¿qué otra cosa es, si no, un gato volador que aún conserva sus siete vidas?
            “Cuando el caracol y quince más” puede crear lectores y eso siempre es bueno. Las ilustraciones, por último, de Elena Queralt ponen pinceladas, en blanco, negro y gris, a los cuentos de Daniel Nesquens. La portada, eso sí, está lleno de color e invita a imaginarnos cómo ese caracol del que habla el primer cuento.














































































martes, noviembre 22, 2011

El escritor asesino,
Blanca Álvarez,
Barcelona, Edebé, ( 8 2005). Periscopio, 46.




Jaime es un joven que, en principio, tiene la vida asegurada. Sus padres están separados y él vive con su padre en una zona residencial sin ningún contratiempo hasta que su mundo se fractura. El padre de Jaime, un escritor de moda, mujeriego y pretencioso, es acusado del asesinato de la última de sus conquistas y, a partir de ahí, comienza el verdadero desarrollo personal del muchacho quien, con la ayuda de una amiga, Carlota, deja atrás su confortable burbuja y descubre que, más allá de su casa, de su escuela, de su pequeño mundo, late otra realidad, acaso más peligrosa, menos cómoda, pero también mucho más interesante. Cabe señalar que el personaje del escritor siempre se conoce de forma indirecta
El escritor asesino, de Blanca Álvarez, es una novela de suspense, ya que Carlota y Jaime se dedican a investigar, de una forma no siempre ortodoxa, qué cabos sueltos hay en la investigación que ha condenado al escritor. No obstante, este aspecto, que es el hilo conductor del relato, no es lo más atractivo de la novela. Para nuestro gusto, lo mejor de la novela es la capacidad de la autora de entrar en la mente y el corazón de un adolescente y saber reproducir, sin fisuras, sus pensamientos. Jaime escribe en primera persona, de manera retrospectiva y recuerda el momento en que su padre vivió en la cuerda floja, no obstante ya advierte que todo se solucionó y, pese a ello, el lector tiene curiosidad y sigue leyendo. Ése es un mérito excepcional en una época en que la prisa parece ser el valor más preciado.
El escritor asesino es, en definitiva, una novela iniciática en donde un joven aprende a valorar lo que tiene, a mirar con otros ojos a su alrededor y a incorporar nuevos amigos y experiencias. Para Jaime participar en la resolución del conflicto de su padre es algo crucial, un punto de inflexión en su vida, ya que es la primera vez que hace algo importante. Hasta ese momento: “… yo tenía la sensación de vivir en una nube, en algún lugar irreal, inventado por otros y sin que yo hubiera elegido ese papel. […] Tal vez sea cierto que nos lo dan todo tan preparadito como una papilla para bebés y no acaban de crecernos los dientes. Lo malo es que nos crece la indolencia”.
La novela, por otro lado, es también un ejercicio de higiene acerca de los misterios de la literatura. El padre de Jaime es un escritor muy leído, aunque no todos en su profesión opinan lo mismo y, como bien se pregunta su hijo, “¿Quién decidía lo que era literatura con mayúsculas o pura estética de almanaque, como decían algunos de los críticos que mi padre leía?”.
El escritor asesino, por otro lado, nos introduce en distintos ambientes. Va de un lado a otro, por un Madrid que a Jaime, a menudo, le resulta desconocido. Se introduce en las agencias que investigan lo que sea sin pedir muchas explicaciones. Sabe de los anticuarios. Conoce el ambiente nocturno de la ciudad y aquel otro ambiente de la llamada “gente guapa" que, como la presunta víctima del escritor, tienen mucho qué ocultar en la trastienda, pese a sus aparentes vidas de éxito.
Blanca Álvarez escribe una novela equilibrada, no exenta de humor, en la que todas las piezas se van dando la mano y en la que no hay resquicios. Jaime es quien tiene la última palabra y quien recompone el puzzle de esos días en los que su padre estaba preso, acusado de asesinato.
La amistad, las falsas apariencias, el honor, la complicidad, el humor, la superación de los estereotipos y muchos otros aspectos son importantes en El escritor asesino.
Una novela, en suma, rápida y vibrante, pero también reflexiva y muy bien construida. Hay que añadir que la edición que se está comentando es la octava, por lo tanto, sigue siendo una obra muy leída y… valorada. Y con motivos.

lunes, noviembre 21, 2011

Charlie y la fábrica de chocolate
Autor:  Roald Dahl
Autor (traducción):  Roser Vilagrassa
Ilustrador:  Quentin Blake
23,5 x 29 cm
20 págs. Tapa dura
A partir de 6 años
Sin IVA: 18,75€
Con IVA: 19,50€
ISBN: 978-84-9825-669-7


“Charlie y la fábrica de chocolate”, de Roald Dahl es la prueba de que los sueños pueden hacerse realidad, de que las casualidades existen y de que la magia es más poderosa que la cotidianeidad. En esta ocasión no se incluye todo el texto, sino un resumen, aunque la historia conserva la gracia y la frescura del original.
Lo impactante de la edición que comentamos son sus ilustraciones y los pop-ups que contiene. Conforme se abren las páginas de este álbum festivo, parece que el lector se sumerja en la fábrica de Willy Wonka y acompañe a todos los niños en su camino por la fábrica de chocolate. Es más, nos parece escuchar la canción de los umpa lumpas. La edición de Combel está llena de pequeñas grandes sorpresas. Favorece la imaginación del niño y lo conduce por un mundo donde hay que aprender a observar los pequeños detalles. Hay, incluso, una reproducción del billete dorado que tan feliz hizo a Charlie y a toda su familia.
“Charlie y la fábrica de chocolate” fue publicado en 1964 y, aunque han pasado más de 40 años, su mensaje sigue siendo original y válido. Enfrenta dos mundos, el de la pobreza llevada con divinidad y el de la riqueza más absoluta. Ambos mundos inicialmente no tienen nada que ver, pero acaban unidos gracias al azar, el destino o la afinidad entre Willy Wonka y el pequeño Charlie. Es también un cuento de hadas moderno, al estilo “La casita de chocolate”, aunque sin bruja mala y con otros elementos que lo acercan más a la ciencia-ficción. Además también contiene una carga moral puesto que los niños que compiten con Charlie presentan  unas actitudes que no los hacen merecedores de la gran recompensa final. Cabe recordar la película basada en el libro, que tanto éxito tuvo hace unos años.
Nos parece un acierto ofrecer este texto a los más pequeños puesto que, así, empezarán a entrar en el universo de R. Dahl y a valorarlo. Además, el aspecto formal del álbum, como decíamos, es realmente soberbio. Un libro dorado, como el billete que la fortuna puso en manos de Charlie; un libro que invita al juego, que permite que el lector interactúe puesto que se le exige que, aparte de mirar o contemplar, levante solapas, abra sobres o mire qué hay detrás de una página.
En suma, esta edición de “Charlie y la fábrica de chocolate” es un regalo excelente para los primeros lectores.






















domingo, noviembre 20, 2011

                                           A. Sáiz: "A Cocinar"


La cocina y la literatura: una pareja feliz

En 3º de ESO A, en la clase de los viernes, que es a última hora, de 13 a 14, hemos decidido demostrar que la literatura no va reñida con la comida y que, ambas, forman un buen equipo. Así, cada viernes dos de los alumnos nos obsequiarán con un plato realizado por ellos mismos –o con ayuda…- y, aparte de comerlo, habrá que reflexionar acerca de algunas cuestiones que reproduzco a continuación.
¡Nunca la última hora de clase habrá sido tan gustosa!

Éstas son las actividades:


  1. Explica la receta del plato que has traído a clase:
    1. Ingredientes
    2. Modo de elaboración
    3. Sugerencias
    4. Origen del plato.
    5. Otros platos que se pueden realizar con alguno de los ingredientes.
    6. Valor nutritivo del plato (en qué lugar de la pirámide alimenticia está).
  2. Di por qué has traído este plato y quién lo ha hecho. Comenta por qué te gusta más que otro.
  3. Presenta a tus compañeros el plato antes de que lo degusten: señala su sabor, sus particularidades y trata de crear expectativas.
  4. Tras la degustación ve a estos dos enlaces:


Y haz las siguientes actividades:

1.      Escoge dos ingredientes fundamentales de tu plato y mira si aparecen en las etiquetas de los blogs.
2.      Busca los textos que aluden a estos alimentos.
3.      Léelos y escoge dos textos.
4.      Señala qué textos son, el autor, la obra, el género y di qué te sugieren.
5.      Señala las ideas básicas de estos dos textos.
6.      Localiza información de sus autores.
7.      Si tienes curiosidad, lee la obra entera (harás la ficha de lectura correspondiente)

  1. Realiza una fotografía a tu plato para colgarla en el blog de clase.

  1. Escribe una historia en la que el plato que has elaborado tenga un papel principal.




El chelín de plata,
Ana Campoy
Barcelona, Edebé, 2011


Si el lector ha leído la primera aventura de Alfred y Agatha, Los diez pájaros de Elster, ya conoce a este par de niños especiales; aunque, si no lo ha hecho, puede leer sin problemas El chelín de plata, ya que son historias diferentes, aunque con los mismos protagonistas y planteamientos similares. Eso sí, hay que advertir que Alfred es Alfred Hitchcock y Agatha, Agatha Christie. Ni más ni menos.
En esta ocasión, el joven Alfred está más que contento porque, por sus buenas notas, su padre le ha regalado un chelín de plata y Alfred nunca ha tenido nada igual entre sus manos. Se lo enseña a su amiga Agatha quien lo espera con una sorpresa: van a conocer a un vecino escritor que es, ni más ni menos, que A. Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. La visita será el inicio de muchas más ya que el escritor está escayolado y no puede moverse, aunque sí es capaz de llegar a deducciones impresionantes. Alfred está encantado. No le pasa lo mismo a la perrita, a Morritos Jones, quien siente celos hacia el nuevo amigo de su ama. La novela se complica cuando Morritos desaparece y llega un extraño mensaje a base de números que los niños han de descifrar. Poco a poco lo que parecía una desaparición casual se convierte en algo mucho peor, ya que Morritos acaba en un circo, a punto de realizar un peligros número sobre la cuerda floja. Los niños, un nuevo vecino con fama de huraño, la propia institutriz de Agatha y, por supuesto, el escritor, acaban triunfando y recuperando a Morritos. Y aún hay más, Conan Doyle que llevaba mucho tiempo sin escribir, que estaba harto de su personaje al que había matado en su última novela, lo resucita para escribir El perro de los Baskerville. ¿Y en quién se inspira? Pues en Morritos, claro que sí, y en su secuestrador.
El chelín de plata combina aspectos imaginarios y otros absolutamente reales, como es chelín de Alfred o las referencias espaciales que se citan en el libro. En esta ocasión también se habla del circo, un espectáculo, que en la fecha en la que transcurre la historia, a principios del S. XX, eran espectáculos llenos de números chocantes, como la mujer barbuda o la exposición de alguna persona con defectos físicos. El libro también alude al posible embrión de una de las películas más importantes de  Hitchcock, La ventana indiscreta. Uno de los vecinos de Agatha, llamado Foster, quien pasa por ser una persona excéntrica y huraña, es quien, mirando por la ventana descubre las distintas peripecias que se dan en su barrio.
En El chelín de plata se consolida la amistad entre Alfred y Agatha. A Agatha, de la alta sociedad, no le importa la procedencia de Alfred y lo valora por lo que es, por su ingenio y por su capacidad de pensar. Eso permite que Alfred mejore en su propia percepción y cambie de ser un niño temeroso y a ser una persona más confiada en sí misma. En ese sentido, la evolución de los personajes es uno de los atractivos de la novela.
Hay otros muchos aspectos que contribuyen a que El chelín de plata sea lea con gusto y agrado. Ana Campoy se ha documentado con rigor, pero incluye los datos y los elementos reales en su historia de una manera amena, sin forzar la trama, haciendo que la acción fluya hacia un final feliz, aunque lleno de peligros.
El chelín de plata, como ocurría con Los diez pájaros de Elster, aspira a todo tipo de lectores, niños y adultos porque ambos encontrarán elementos de interés. A los niños les gustará la peripecia de Morritos, por ejemplo; mientras que los mayores aprenderán a mirar, con otros ojos, la realidad porque, a menudo, las apariencias ocultan informaciones falsas. Y si no que se lo pregunten a Miller&Jones, los dos detectives protagonistas de la serie.

















































La fiesta de cumpleaños,
J. C. Girbés. Silvia Ortega
Algar, Alzira, 2011


¿Alguien quiere aprender a contar hasta 10? ¡Diez dedos, diez ilusiones, diez regalos! Gracias a Marcos, que acaba de cumplir 2 años, todos los niños que miren el libro, aprenderán a contar hasta 10, que es una cifra emblemática para los pequeños:
Marcos es el 1, el rey; pero pasa a ser el 2 porque tiene una hermana. Ha cumplido dos años y tiene 3 libros, 4 amigas y 5 amigos, 6 lápices y 7 pececillos, 8 globos y 9 piezas de construcción… y ¡diez regalos!
Gracias a las ilustraciones de Silvia Ortega el niño contará realmente los objetos o presencias que se mencionan; así el texto, breve y directo de Joan Carles Girbés, se engarza con las ilustraciones, festivas y coloristas y, texto y dibujos, hacen que la magia de los números se cuele en las páginas y vaya a parar a las manos de los niños más pequeños, de aquellos que quizá ya estén en P-3 y, poco a poco, vayan descubriendo, como Marcos que en la vida hay algo más que el número 1. Aprender a contar es un paso más para la autonomía y una forma de sentirse parte de un todo.
La fiesta de cumpleaños es un libro alegre, como indica el título, que apela al juego y que hace que aprender resulte alegre. El libro se presenta en un formato de tapas duras, muy adecuado para los primeros lectores. Forma parte de la colección “Libros de Cartón” que lleva, hasta el momento, 9 títulos publicados. Todos los libros pretenden fomentar la lectura entre los niños que aún no saben leer; de ahí que las imágenes sean tan atractivas.

viernes, noviembre 18, 2011

PALABRAS ENVENENADAS,
Maite Carranza,
Barcelona, Edebé, 2010, (Periscopio, 78).


Palabras envenenadas fue Premio Edebé de Literatura Juvenil 2010 y acaba de ser también Premio Nacional de Literatura Juvenil. Se trata de un libro valiente y comprometido que narra una historia estremecedora y arriesgada. Maite Carranza nos ofrece un relato de impecable factura en el que no sobra ningún detalle. Lejos de sus novelas más frescas e irónicas, más mordaces y divertidas, la escritora barcelonesa apuesta por un drama que nos remueve todos los cimientos.
Palabra envenenadas nos ofrece la crónica de un día, un día distinto y especial en el que, para algunos, el tiempo corría en su contra y, para otros, parecía hacerlo a su favor. Ofrece además un ejemplo de perspectivismo porque el relato, escrito en  3ª persona y 1ª persona, permite conocer el punto de vista de tres personajes más el de la propia protagonista.
Bárbara Molina lleva 4 años desaparecida, desde que tenía 15. Todos creen que ha muerto, menos el inspector que llevó su caso, Salvador Lozano, quien, a punto de jubilarse, se resiste a dar por pérdida a Bárbara. A estos dos personajes se suman, Núria Solís, la madre de Bárbara, y Eva, quizás la mejor amiga de la joven, al menos, hasta que las cosas se torcieron.
Gracias a estos personajes vamos atando cabos y llegando a una conclusión que nos parece monstruosa y que queremos desechar, pero que se acaba imponiendo sobre las demás hipótesis.
Bárbara era una chica hermosa, una chica con un buen porvenir, especial, sin embargo alguien muy cercano se encargó de anularla, de vejarla y de torturarla porque Palabras envenenadas pone el dedo en la llaga al referirse a los abusos sexuales que sufren aún muchos niños y niñas, Bárbara es un ejemplo de ello.
Harta de esas prácticas, llena de miedo, pensó en huir, pero el verdugo fue más rápido y acabó sepultándola en vida en una especie de zulo al que acudía para darle de comer y saciar sus perversiones; no obstante, Bárbara aún tiene esperanzas, pero Él (al que conocemos al principio por el uso en mayúsculas del pronombre personal), se encarga de hacerla pasar por mala, por la causante de todas las desgracias.
El inspector Lozano, un hombre cabal y muy humano, aún sabe que hay algo en la historia que no casa y esa última pieza del puzzle se la da Eva, la joven a la que Bárbara pide ayuda. Ha conseguido el móvil de Él y, con mil penurias, realiza esta llamada que le salva la vida y cambia el rumbo de la vida de todos los implicados en la trama, del inspector, de Eva, de Núria y, por supuesto, del torturador, un hombre, en apariencia, estupendo, pero, en el fondo, un cínico  por emplear un calificativo suave.
Interesa mucho destacar el personaje de Núria Solís, la madre, a la que su marido se ha encargado de anular, a la que ha ninguneado toda la vida, ha desautorizado y ha sometido ha toda clase de presiones. Esta mujer que toma tranquilizantes, que es una sombra de lo que era,  … cuando descubre la verdad empieza a entender muchas cosas y retoma, con esfuerzo, su propia personalidad, coge fuerzas de su hija y entiende que tiene que actuar. Ella y el inspector son los que corren más para parar el tiempo que parece ir en su contra.
Palabra envenenadas ofrece el retrato de una sociedad que se nutre de las falsas apariencias, de vive de espaldas a la verdad, que, a menudo, no quiere saber la verdad y se escuda en tópicos y en mitos.
Maite Carranza escribe sin que le tiemble el pulso, pero es elegante en su prosa, no busca el sensacionalismo, sino la verdad y la denuncia, por eso no entra en escenas que podrían ser truculentas, solo la esboza y más bien se centra en la psicología de los personajes de los que hace unos retratos excelentes. Aprendemos a conocer a Bárbara, la acompañamos en su encierro y nos sentimos impotentes como ella misma; pero apreciamos de verdad al inspector Lozano y deseamos que solucione el caso antes de jubilarse; entendemos a Eva, sus dudas y vacilaciones y le damos coraje para sumar dos y dos y, por fin, levantamos a Núria, le soplamos al oído que tiene que ser ella y nadie más quien proteja a Bárbara.
Sin duda, es una novela que va a conmover a quien la lea y que merece ser difundida porque, a menudo, la verdad que más duele es la que está escondida. Palabras envenenadas se lee deprisa, con el aliento contenido y el alma en vilo. Es una novela realista, con un final inesperado, aunque mantiene, eso sí, la llama de la esperanza.

miércoles, noviembre 16, 2011

Juan Carlos Martín Ramos.
Ilustraciones Juan Vidaurre
Madrid, Oxford, 2011, (El árbol de la lectura, 30).




Juan Carlos Martín Ramos, Premio Lazarillo 2003, demuestra que la poesía es un género esencial para los niños, tan esencial como hablar, querer y soñar. No son, por desgracia, frecuentes los poemarios destinados a la infancia, quizá porque la poesía sigue siendo un género minoritario y no todas las editoriales se arriesgan a publicarla. No obstante, la poesía, como la vida, se abre paso y se cuela aquí y allá con su hermosa cadencia. En esta ocasión, es un buzón especial, un buzón de contiene muchas voces, todas ellas unidas por la palabra, por el deseo de comunicar, de hacer sentir al lector. Y es que Buzón de voces no solo es un libro de poesía infantil. Es un libro de poesía. Y basta. Con ello queremos decir que sobran las etiquetas y que todo aquel que quiera reposarse, emocionarse o sentirse dentro de otras voces hará bien en leer este libro.
Buzón de voces viene precedido por un poema titulado igual, que ya nos advierte del contenido del libro: “Aquí se escucha la voz / que nunca se oye/ la voz que suena por dentro,/ la que se lee en los labios / del horizonte”. 
La “voz de la hoja de papel” se hace poesía y resuena gracias a los versos de Juan Carlos Martín Ramos, el cual estructura el poemario en tres apartados:

1. Voces o murmullos. Aquí cede la voz a distintos personajes, todos ellos atemporales, porque no son seres humanos, sino esencias, misterios, orígenes y destinos. Así, habla una pequeña escuela  y un espejo “que no se aclara”; pero también lo hace la noche, el tiempo y la paz. E, incluso, un bosque o unos libros o las palabras o el propio “planeta maltrecho”. El poeta engarza unas palabras con otras y las pone en pie, les permite expresarse y ser libres:
“llamar pan al pan
y arte de magia
a la forma en que amasan
la harina las manos del panadero”.
Porque las cosas cotidianas, aquellas cosas que nos acompañan tiene su propia personalidad, como el libro viejo:
“Pero sueño por dentro
igual que el primer día,
todo pasa de nuevo
por más que se repita”
Gracias a esos versos, limpios y transparentes, entramos en el mundo donde las cosas son porque sienten, son porque transmiten, son porque laten, como el planeta Tierra:
“No puedo más.
Ayúdame a encajar de nuevo
El puzle de la tierra.
Deja que me apoye en tu brazo,
quiero llegar a la siguiente curva
del camino,
comprobar que la luna
todavía
está al alcance de mi mano”.
Son poemas directos, que apelan a un tú, que hacen que el lector, de repente, tome conciencia del lugar que ocupa en el mundo y se sienta acompañado.

2. Voces y otros ruidos. Esta parte está formada por poemas diversos, que, eso sí, están unidos por la voz, por el eco, por el ruido. El mar, la veleta o el tren; una nana, Pepito Grillo o las pisadas del gato… todos tienen algo que contarnos y algún secreto que compartir con nosotros; aunque:
“Tengo un secreto.
Tan secreto,
tan secreto,
tan secreto,
que no quiero recordarlo
ni un momento.

Que luego todo se sabe”.

¿Quién sabe si ese secreto será la voz de la abuela que cuenta cuentos?:
“Quiero tirar de un extremo,
desenredado y hacer
un inmenso ovillo
con todos tus cuentos”.

O ¿será el eco que a veces contesta al revés?:
“Cuando me callo
se aburre y grita,
¡perdón!”

3. Y entre las voces, una. Esta tercera parte está formada por un solo poema, “La voz de quien lee este libro”. Es el momento de concluir el poemario, de cerrarlo y el poeta acude a un verso machadiano para reivindicar su propia voz. Juan Carlos Martín Ramos se comporta como si fuera un espectador de su propia obra y va repasando aquello que más le gusta y advirtiendo que podrá acabar el libro, pero no los poemas ni las palabras ni mucho menos los libros:
“Hay caminos secretos que van
de un libro a otro libro,
caminos de ida y vuelta,
diferentes y a la vez
siempre el mismo”.
Buzón de voces es, en definitiva, un poemario escrito de una manera sencilla, directa, pero llena de imágenes insólitas, sugerentes que chocan o conmueven al lector, que le hacen pensar e imaginar y, sobre todo, ver el mundo cotidiano de otra manera. Por supuesto, las ilustraciones de Juan Vidaurre contribuyen a esa sensación y forman, ellas mismas, un propio poemario en el que las cosas van ocupando sitios dispares y en donde no hay ninguna barrera para soñar.


Cuaderno de desarrollo lector

martes, noviembre 15, 2011


Los diez pájaros de Elster,
Ana Campoy,
Edebé, Barcelona, 2011
(Las aventuras de Alfred&Agatha)



Los diez pájaros de Elster, de Ana Campoy, es el primer volumen de “Las aventuras de Alfred & Agatha”. Los protagonistas no son dos chicos cualquiera, no son un niño y una niña anónimos, qué va. Ahí está la sorpresa. Los protagonistas son, ni más ni menos, Agatha Christie y Alfred Hitchcok. ¿Cómo puede ser?, se preguntará el lector. ¿Y por qué no?, se dirá en cuanto lea la aventura. Alfred y Agatha fueron niños, vivieron su infancia, como todo el mundo, y Ana Campoy ha decidido fabular en torno a esta posible relación. Lo ingenioso de la trama es que, por un lado, gustará a los lectores pequeños ya que el caso de investigación que resuelven Agatha y Alfred, con la ayuda de una perrilla singular, Morritos Jones, es ocurrente y está lleno de elementos que lo hacen muy cercano a los niños, como los problemas de Alfred en el colegio y en su casa. Hasta aquí perfecto, pero es que la novela entretendrá a los lectores adultos a los que les hará atar cabos, como en un puzzle muy bien construido, porque en Los diez pájaros de Elster se encuentran pistas para entender el origen de la mítica película Los pájaros y de la no menos mítica novela Diez negritos.
Ana Campoy empieza la novela describiendo a un niño singular, Alfred, que tiene una extraordinaria capacidad para los inventos y una no menos extraordinaria capacidad para meterse en líos. Tanto es así que su padre, habitualmente pacífico, le pide al comisario que lo encierre una noche en el calabozo a ver si aprende. Alfred conoce a otro preso, Víctor y éste le lleva a Agatha. Víctor le suplica que hable con ella y lo que no sabe Alfred es que se trata de una niña, de clase alta, que se dedica a resolver pequeños casos entre su selecto vecindario. Alfred, que procede de un barrio de clase media, se asombra por el lujo en el que viven los vecinos de Agatha y su propia familia. No obstante, también advierte que la niña, que se apellida Miller, su apellido familiar, lo trata con total normalidad. Alfred encuentra, por fin, a una amiga de verdad y eso lo alivia y lo reconforta e, incluso, lo hace más fuerte.
Alfred se ve envuelto en una peripecia que él no había buscado y acaba, con Agatha y Morritos Jones, viviendo una auténtica aventura en torno a la desaparición de inas lujosas figuras con forma de pájaro que han sido sustraídas en casa de los Elster por el jardinero, Víctor. Aunque la realidad no es tan fácil y es lo que van a descubrir esta curiosa pareja formada por un futuro cineasta y una futura escritora de novelas policíacas.
Los personajes principales están muy bien descritos. Alfred se comporta como un niño observador, curioso, que teme no encajar en ese ambiente de lujo y Agatha es descrita como una niña flacucha, muy bien vestida, que disfruta con su habilidad para la deducción. La perrita, Morritos Jones, es un rasgo de imaginación por parte de la narradora, aunque tiene un peso importante en las aventuras. Morritos además presenta una característica singular: tiene dos rabos. No es una perra fácil de entender ni aprecia a Alfred, pero sí colabora en la resolución de los casos.
Los diez pájaros de Elster se divide en diez capítulos más un epílogo y está escrito en tercera persona por una narradora que, poco a poco, va presentando a sus personajes y permitiendo que ellos mismos se muestren al lector. Los diálogos, en ese sentido, son muy importantes, así como las descripciones de los escenarios y de los pequeños detalles. No olvidemos que la novela es una novela de detectives, aunque los detectives sean dos niños. El volumen se cierra con un capítulo titulado ¿Sabías qué…? en donde se aportan algunos de los detalles que el lector adulto ha podido entender y que aún le faltan al lector niño.
En definitiva, aguardamos con mucho interés los siguientes casos de esta pareja de detectives de “ficción” que bien pudieron haber sido reales.

sábado, noviembre 12, 2011

Biblioburro (Una historia real de Colombia)
 Jeannette Winter, Ed. Juventud, Barcelona, 2010.



Biblioburro es un libro brillante, lleno de color y de fuerza. Jeanette Winter escribe una historia basada en un hecho real de una manera sencilla, directa y muy efectiva. Las ilustraciones, realizadas con pintura acrílica, lápiz y tinta, completan el relato y le dan mayor realce. De una manera naïf, llena de color y de brillo, los lectores entienden mucho mejor el poder de los libros, la magia que encierran las palabras.
Luis, el protagonista del relato,  tiene muchos libros –y su mujer le recrimina que así sea porque los libros no se comen- decide emprender la aventura de su vida y llevar estos libros a las aldeas y pueblos perdidos de su nación. Por eso, emplea a sus dos burros, Alfa y Beto, y empeña todas sus fuerzas en llevar la lectura a los lugares más recónditos. Como sabe que lo esperan, sobre todo los niños, no duda en enfrentarse a los peligros que haga falta con tal de no defraudarlos. Luis es feliz llevando el aroma de las historias escritas y haciendo que todos tengan acceso a las mismas y ésa es su recompensa.
El libro, con tapas duras, va destinado a los primeros lectores, aunque, pensamos, su mensaje es tan importante y rotundo, que puede servir de punto de partida para que lectores mayores –e incluso aquellos que dicen no disfrutar con la lectura- entiendan que hay muchas maneras de acercarse a los libros y que, en otros lugares, no es fácil tener acceso a ellos. Por eso, la tarea de Luis es tan importante y decisiva.
Biblioburro, como leemos en la nota final de la autora, está basado en la historia de Luis Soriano, un maestro colombiano, que vive en La Gloria. Luis ideó la manera de compartir con los demás sus libros y mostrar que no son objetos de lujo, sino de primera necesidad. Cada fin de semana, lleva su empeño a los lugares más recónditos de su país, que, gracias a él, son un poco más felices y más plenos.
La tarea del Biblioburro es tan importante que ojala se contagie a otros lugares porque los beneficios de la lectura ya son de todos conocidos, pero aún hay personas que dudan de ellos y que piensan que leer es perder el tiempo. Gracias a personas como Luis que nos demuestran con su afán que no es así, el mundo merece más la pena.
Biblioburro, en suma, es un libro primorosamente editado, que resulta, como ya dijimos,  un auténtico festín para la vista por sus ilustraciones. Además, podría ser una buena lectura para realizar en el colegio, por ejemplo, porque enriquecerá a los alumnos y permitirá establecer distintos debates acerca de la difusión de la lectura y su “utilidad”.

Más Información del proyecto "Biblioburro":

jueves, noviembre 10, 2011


Horacio Quiroga
Vicens-Vives, Barcelona, 2003.
Ilustraciones François Roca.
Edición, notas y actividades Jesús Jiménez Reinaldo.




El devorador de hombres, del escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) es un relato intenso y estremecedor. Escrito con la maestría del autor que es capaz de evocar, en el lector, presencias atávicas y estremecedoras, El devorador de hombres acaba siendo un tributo al valor y a la honestidad.
Escrito en primera persona por Rajá, un tigre de bengala, narra cómo acabó humillado en un circo y cómo logró escapar y conservar su dignidad de animal. Rajá pertenece a una familia de tigres orgullosa. Su padre había perdido un ojo en la lucha, pero había sembrado el terror entre los hombres. Rajá asiste impotente al final de su estirpe, pero se siente orgulloso porque su padre y su madre le han legado el orgullo. Pese a que es capturado y vendido a un circo de Calcuta, Rajá nunca es vencido ni doblegado. Su domador, el capitán Kimberley lo veja y maltrata para lograr aplacarlo y Rajá permite que se engañe, aunque él sabe que sigue siendo un tigre de bengala, el felino más poderoso.
Rajá admira la nobleza en un cazador, en lord Aberdale y solo ante él se permite ser débil, pero solo ante él se siente de nuevo libre y único. Rajá logra su venganza y, al fin, logra ser de nuevo él mismo, aunque le lector tendrá que descubrir cómo.
El relato, casi una novelita, ahonda en la psicología del felino y en el afán de los hombres de poseer y domar aquello que escapa de sus posibilidades. ¿Es posible doblegar a un tigre de bengala? No parece fácil, pese a que los métodos que se emplean con Rajá ponen a prueba su fortaleza y templanza.
El relato une a dos personajes de distinta naturaleza, pero igual concepto de la vida. Tanto lord Aberdale, con su juventud y belleza, como el Rajá vienen a representar el mismo ideal, de libertad, de valor, de nobleza, de lucha, de superación.
El relato, en la edición que comentamos, está ilustrado por François Roca quien pone al servicio del texto sus mejores ilustraciones que recogen toda la belleza y pasión del tigre.
El devorador de hombres es, por otro lado, un texto contenido, que persigue un único afán: llegar a la venganza final. De ahí que el autor no se demore en descripciones ni en disquisiciones superfluas. A Horacio Quiroga le interesa presentar al personaje y deja muy claro su objetivo: “Yo, rajá, tigre real de Bengala, voy a contar en lenguaje humano cómo me vengué de mi dueño, el domador Kimberley, que me amansó”. Bien, pensar que lo amansó es mucho suponer porque, a lo largo del relato, el tigre deja bien claro que nunca fue sometido, aunque lo pareció y que toda su vida, a partir de entonces, fue vivida con un mismo afán: la venganza.
El relato, por lo tanto, respira una especie de aliento épico que hace estremecer al lector y sentirse total y apasionadamente prendido del tigre. Pese a los años transcurridos sigue siendo un texto actual y, por supuesto, hermoso. La edición de Jesús Jiménez Reinaldo actualiza, de alguna manera, el clásico y permite que se siga disfrutando de su lectura y, cómo no, de su belleza.

martes, noviembre 08, 2011



Víctor y los romanos,
Maite Carranza. Ilustrado por Agustín Comotto
Barcelona, Edebé, 2011.



Víctor Llobregat o Víctor Yubakuto, como a él le gustaría ser llamado, cree que está al punto de cambiar de vida y ni se imagina hasta qué punto. En la anterior entrega, Víctor y los vampiros, lo dejamos emocionado porque iba a empezar en un colegio nuevo y porque, además, tenía también dos nuevos amigos, los Bel, Yoyo y tormenta. En la segunda aventura, Víctor y los romanos, Víctor comprende que los cambios no siempre son para mejorar. Y si bien ha dejado atrás a una profesora por la que sentía antipatía, ahora se da cuenta de que, en el colegio, forma parte de la banda de los “pringaos”. Ni los Bel ni su amigo mutante, el Melón, ni el propio Víctor, son capaces de enfrentarse a Barbero, el líder de la clase, el más bruto de todos y un peso pesado difícil de esquivar.
En este nuevo curso, Víctor aprenderá qué se siente formando parte de la minoría, aparte de descubrir lo importante que es la amistad y lo difícil que puede ser llevarse bien con su familia o, simplemente, llevarse.
Víctor tiene dos hermanos mayores, una chica y un chico. Aurelio es en especial un hermano extraño de definir, grande, peludo, excéntrico y… con un precioso portátil que se convertirá en parte esencial de esta aventura. Además, le ha dado por hablar en inglés, con lo cual la comunicación no resulta del todo fluida.
Toda la familia de Víctor le aconseja qué ha de hacer en clase para triunfar, todos lo hacen y ninguno acierta.
Por otro lado al tutor del grupo, Rafa, no se le ocurre otra cosa que llevarlos de colonias a Tarragona para que, en una especie de juego de rol, se repartan entre dos bandos, los romanos y los íberos. ¿Adivinamos a qué bando pertenece Víctor?
Víctor y los romanos, de Maite Carranza, es un texto muy meditado que se lee de forma fluida. La autora, sin duda alguna, ha pensado muy bien en cada una de las características psicológicas de Víctor y sus amigos. Gracias al sentido del humor y a las ocurrencias chispeantes de la banda de los íberos se demuestra que las peores situaciones pueden superarse sin aparentes traumas. De otra manera, Víctor no levantaría cabeza porque le pasa de todo. Desde enemistarse con su mejor amigo, Melón, hasta sentir celos de Yoyo, pasando por la impotencia de perder el ordenador de su hermano y por varias humillaciones a que lo somete Barbero; pero Víctor tiene un arma genial: su inventiva, su gracia a la hora de inventar apodos y esa especial socarronería con la que cuenta los peores sucesos, que a otro le amargarían la vida. Hay momentos muy especiales en el libro, como cuando se alude continuamente al viejo Monopoly de la abuela del Melón que más que un regalo es una condena, ya que, como piensa Víctor, mejor que nuestros padres no nos regalen ningún juguete especial, ya que con ello lo que hacen es regalar “recuerdos” y es difícil jugar con eso por su carga emocional.
Maite Carranza aprovecha para demostrar que la historia no es ningún rollo, que puede explicarse de forma festiva y directa, como sucede aquí gracias  también a las viñetas de Agustín Comotto. El lector conocerá a Julio César, sabrá quien era Augusto, descubrirá los entresijos de los íberos y aprenderá por qué los romanos invadieron la Península, y todo ello sin lecciones espesas ni grandes solemnidades.
Víctor y los romanos es un libro muy divertido, que se lee deprisa, porque las aventuras son continuas y las reflexiones de Víctor son tan acertadas y ocurrentes que el lector tendrá la impresión de que es él el único receptor. Nadie más que un niño de la edad de Víctor entenderá los pequeños detalles que conforman una amistad y que los adultos hemos olvidado. Víctor sabe que “cuando tu mejor amigo te dice que esa noche te llamará para preguntarte de qué llevarás el bocata al día siguiente, el resto de las cosas no importa”. Claro que no.