miércoles, noviembre 16, 2011

Juan Carlos Martín Ramos.
Ilustraciones Juan Vidaurre
Madrid, Oxford, 2011, (El árbol de la lectura, 30).




Juan Carlos Martín Ramos, Premio Lazarillo 2003, demuestra que la poesía es un género esencial para los niños, tan esencial como hablar, querer y soñar. No son, por desgracia, frecuentes los poemarios destinados a la infancia, quizá porque la poesía sigue siendo un género minoritario y no todas las editoriales se arriesgan a publicarla. No obstante, la poesía, como la vida, se abre paso y se cuela aquí y allá con su hermosa cadencia. En esta ocasión, es un buzón especial, un buzón de contiene muchas voces, todas ellas unidas por la palabra, por el deseo de comunicar, de hacer sentir al lector. Y es que Buzón de voces no solo es un libro de poesía infantil. Es un libro de poesía. Y basta. Con ello queremos decir que sobran las etiquetas y que todo aquel que quiera reposarse, emocionarse o sentirse dentro de otras voces hará bien en leer este libro.
Buzón de voces viene precedido por un poema titulado igual, que ya nos advierte del contenido del libro: “Aquí se escucha la voz / que nunca se oye/ la voz que suena por dentro,/ la que se lee en los labios / del horizonte”. 
La “voz de la hoja de papel” se hace poesía y resuena gracias a los versos de Juan Carlos Martín Ramos, el cual estructura el poemario en tres apartados:

1. Voces o murmullos. Aquí cede la voz a distintos personajes, todos ellos atemporales, porque no son seres humanos, sino esencias, misterios, orígenes y destinos. Así, habla una pequeña escuela  y un espejo “que no se aclara”; pero también lo hace la noche, el tiempo y la paz. E, incluso, un bosque o unos libros o las palabras o el propio “planeta maltrecho”. El poeta engarza unas palabras con otras y las pone en pie, les permite expresarse y ser libres:
“llamar pan al pan
y arte de magia
a la forma en que amasan
la harina las manos del panadero”.
Porque las cosas cotidianas, aquellas cosas que nos acompañan tiene su propia personalidad, como el libro viejo:
“Pero sueño por dentro
igual que el primer día,
todo pasa de nuevo
por más que se repita”
Gracias a esos versos, limpios y transparentes, entramos en el mundo donde las cosas son porque sienten, son porque transmiten, son porque laten, como el planeta Tierra:
“No puedo más.
Ayúdame a encajar de nuevo
El puzle de la tierra.
Deja que me apoye en tu brazo,
quiero llegar a la siguiente curva
del camino,
comprobar que la luna
todavía
está al alcance de mi mano”.
Son poemas directos, que apelan a un tú, que hacen que el lector, de repente, tome conciencia del lugar que ocupa en el mundo y se sienta acompañado.

2. Voces y otros ruidos. Esta parte está formada por poemas diversos, que, eso sí, están unidos por la voz, por el eco, por el ruido. El mar, la veleta o el tren; una nana, Pepito Grillo o las pisadas del gato… todos tienen algo que contarnos y algún secreto que compartir con nosotros; aunque:
“Tengo un secreto.
Tan secreto,
tan secreto,
tan secreto,
que no quiero recordarlo
ni un momento.

Que luego todo se sabe”.

¿Quién sabe si ese secreto será la voz de la abuela que cuenta cuentos?:
“Quiero tirar de un extremo,
desenredado y hacer
un inmenso ovillo
con todos tus cuentos”.

O ¿será el eco que a veces contesta al revés?:
“Cuando me callo
se aburre y grita,
¡perdón!”

3. Y entre las voces, una. Esta tercera parte está formada por un solo poema, “La voz de quien lee este libro”. Es el momento de concluir el poemario, de cerrarlo y el poeta acude a un verso machadiano para reivindicar su propia voz. Juan Carlos Martín Ramos se comporta como si fuera un espectador de su propia obra y va repasando aquello que más le gusta y advirtiendo que podrá acabar el libro, pero no los poemas ni las palabras ni mucho menos los libros:
“Hay caminos secretos que van
de un libro a otro libro,
caminos de ida y vuelta,
diferentes y a la vez
siempre el mismo”.
Buzón de voces es, en definitiva, un poemario escrito de una manera sencilla, directa, pero llena de imágenes insólitas, sugerentes que chocan o conmueven al lector, que le hacen pensar e imaginar y, sobre todo, ver el mundo cotidiano de otra manera. Por supuesto, las ilustraciones de Juan Vidaurre contribuyen a esa sensación y forman, ellas mismas, un propio poemario en el que las cosas van ocupando sitios dispares y en donde no hay ninguna barrera para soñar.


Cuaderno de desarrollo lector

martes, noviembre 15, 2011


Los diez pájaros de Elster,
Ana Campoy,
Edebé, Barcelona, 2011
(Las aventuras de Alfred&Agatha)



Los diez pájaros de Elster, de Ana Campoy, es el primer volumen de “Las aventuras de Alfred & Agatha”. Los protagonistas no son dos chicos cualquiera, no son un niño y una niña anónimos, qué va. Ahí está la sorpresa. Los protagonistas son, ni más ni menos, Agatha Christie y Alfred Hitchcok. ¿Cómo puede ser?, se preguntará el lector. ¿Y por qué no?, se dirá en cuanto lea la aventura. Alfred y Agatha fueron niños, vivieron su infancia, como todo el mundo, y Ana Campoy ha decidido fabular en torno a esta posible relación. Lo ingenioso de la trama es que, por un lado, gustará a los lectores pequeños ya que el caso de investigación que resuelven Agatha y Alfred, con la ayuda de una perrilla singular, Morritos Jones, es ocurrente y está lleno de elementos que lo hacen muy cercano a los niños, como los problemas de Alfred en el colegio y en su casa. Hasta aquí perfecto, pero es que la novela entretendrá a los lectores adultos a los que les hará atar cabos, como en un puzzle muy bien construido, porque en Los diez pájaros de Elster se encuentran pistas para entender el origen de la mítica película Los pájaros y de la no menos mítica novela Diez negritos.
Ana Campoy empieza la novela describiendo a un niño singular, Alfred, que tiene una extraordinaria capacidad para los inventos y una no menos extraordinaria capacidad para meterse en líos. Tanto es así que su padre, habitualmente pacífico, le pide al comisario que lo encierre una noche en el calabozo a ver si aprende. Alfred conoce a otro preso, Víctor y éste le lleva a Agatha. Víctor le suplica que hable con ella y lo que no sabe Alfred es que se trata de una niña, de clase alta, que se dedica a resolver pequeños casos entre su selecto vecindario. Alfred, que procede de un barrio de clase media, se asombra por el lujo en el que viven los vecinos de Agatha y su propia familia. No obstante, también advierte que la niña, que se apellida Miller, su apellido familiar, lo trata con total normalidad. Alfred encuentra, por fin, a una amiga de verdad y eso lo alivia y lo reconforta e, incluso, lo hace más fuerte.
Alfred se ve envuelto en una peripecia que él no había buscado y acaba, con Agatha y Morritos Jones, viviendo una auténtica aventura en torno a la desaparición de inas lujosas figuras con forma de pájaro que han sido sustraídas en casa de los Elster por el jardinero, Víctor. Aunque la realidad no es tan fácil y es lo que van a descubrir esta curiosa pareja formada por un futuro cineasta y una futura escritora de novelas policíacas.
Los personajes principales están muy bien descritos. Alfred se comporta como un niño observador, curioso, que teme no encajar en ese ambiente de lujo y Agatha es descrita como una niña flacucha, muy bien vestida, que disfruta con su habilidad para la deducción. La perrita, Morritos Jones, es un rasgo de imaginación por parte de la narradora, aunque tiene un peso importante en las aventuras. Morritos además presenta una característica singular: tiene dos rabos. No es una perra fácil de entender ni aprecia a Alfred, pero sí colabora en la resolución de los casos.
Los diez pájaros de Elster se divide en diez capítulos más un epílogo y está escrito en tercera persona por una narradora que, poco a poco, va presentando a sus personajes y permitiendo que ellos mismos se muestren al lector. Los diálogos, en ese sentido, son muy importantes, así como las descripciones de los escenarios y de los pequeños detalles. No olvidemos que la novela es una novela de detectives, aunque los detectives sean dos niños. El volumen se cierra con un capítulo titulado ¿Sabías qué…? en donde se aportan algunos de los detalles que el lector adulto ha podido entender y que aún le faltan al lector niño.
En definitiva, aguardamos con mucho interés los siguientes casos de esta pareja de detectives de “ficción” que bien pudieron haber sido reales.

sábado, noviembre 12, 2011

Biblioburro (Una historia real de Colombia)
 Jeannette Winter, Ed. Juventud, Barcelona, 2010.



Biblioburro es un libro brillante, lleno de color y de fuerza. Jeanette Winter escribe una historia basada en un hecho real de una manera sencilla, directa y muy efectiva. Las ilustraciones, realizadas con pintura acrílica, lápiz y tinta, completan el relato y le dan mayor realce. De una manera naïf, llena de color y de brillo, los lectores entienden mucho mejor el poder de los libros, la magia que encierran las palabras.
Luis, el protagonista del relato,  tiene muchos libros –y su mujer le recrimina que así sea porque los libros no se comen- decide emprender la aventura de su vida y llevar estos libros a las aldeas y pueblos perdidos de su nación. Por eso, emplea a sus dos burros, Alfa y Beto, y empeña todas sus fuerzas en llevar la lectura a los lugares más recónditos. Como sabe que lo esperan, sobre todo los niños, no duda en enfrentarse a los peligros que haga falta con tal de no defraudarlos. Luis es feliz llevando el aroma de las historias escritas y haciendo que todos tengan acceso a las mismas y ésa es su recompensa.
El libro, con tapas duras, va destinado a los primeros lectores, aunque, pensamos, su mensaje es tan importante y rotundo, que puede servir de punto de partida para que lectores mayores –e incluso aquellos que dicen no disfrutar con la lectura- entiendan que hay muchas maneras de acercarse a los libros y que, en otros lugares, no es fácil tener acceso a ellos. Por eso, la tarea de Luis es tan importante y decisiva.
Biblioburro, como leemos en la nota final de la autora, está basado en la historia de Luis Soriano, un maestro colombiano, que vive en La Gloria. Luis ideó la manera de compartir con los demás sus libros y mostrar que no son objetos de lujo, sino de primera necesidad. Cada fin de semana, lleva su empeño a los lugares más recónditos de su país, que, gracias a él, son un poco más felices y más plenos.
La tarea del Biblioburro es tan importante que ojala se contagie a otros lugares porque los beneficios de la lectura ya son de todos conocidos, pero aún hay personas que dudan de ellos y que piensan que leer es perder el tiempo. Gracias a personas como Luis que nos demuestran con su afán que no es así, el mundo merece más la pena.
Biblioburro, en suma, es un libro primorosamente editado, que resulta, como ya dijimos,  un auténtico festín para la vista por sus ilustraciones. Además, podría ser una buena lectura para realizar en el colegio, por ejemplo, porque enriquecerá a los alumnos y permitirá establecer distintos debates acerca de la difusión de la lectura y su “utilidad”.

Más Información del proyecto "Biblioburro":

jueves, noviembre 10, 2011


Horacio Quiroga
Vicens-Vives, Barcelona, 2003.
Ilustraciones François Roca.
Edición, notas y actividades Jesús Jiménez Reinaldo.




El devorador de hombres, del escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937) es un relato intenso y estremecedor. Escrito con la maestría del autor que es capaz de evocar, en el lector, presencias atávicas y estremecedoras, El devorador de hombres acaba siendo un tributo al valor y a la honestidad.
Escrito en primera persona por Rajá, un tigre de bengala, narra cómo acabó humillado en un circo y cómo logró escapar y conservar su dignidad de animal. Rajá pertenece a una familia de tigres orgullosa. Su padre había perdido un ojo en la lucha, pero había sembrado el terror entre los hombres. Rajá asiste impotente al final de su estirpe, pero se siente orgulloso porque su padre y su madre le han legado el orgullo. Pese a que es capturado y vendido a un circo de Calcuta, Rajá nunca es vencido ni doblegado. Su domador, el capitán Kimberley lo veja y maltrata para lograr aplacarlo y Rajá permite que se engañe, aunque él sabe que sigue siendo un tigre de bengala, el felino más poderoso.
Rajá admira la nobleza en un cazador, en lord Aberdale y solo ante él se permite ser débil, pero solo ante él se siente de nuevo libre y único. Rajá logra su venganza y, al fin, logra ser de nuevo él mismo, aunque le lector tendrá que descubrir cómo.
El relato, casi una novelita, ahonda en la psicología del felino y en el afán de los hombres de poseer y domar aquello que escapa de sus posibilidades. ¿Es posible doblegar a un tigre de bengala? No parece fácil, pese a que los métodos que se emplean con Rajá ponen a prueba su fortaleza y templanza.
El relato une a dos personajes de distinta naturaleza, pero igual concepto de la vida. Tanto lord Aberdale, con su juventud y belleza, como el Rajá vienen a representar el mismo ideal, de libertad, de valor, de nobleza, de lucha, de superación.
El relato, en la edición que comentamos, está ilustrado por François Roca quien pone al servicio del texto sus mejores ilustraciones que recogen toda la belleza y pasión del tigre.
El devorador de hombres es, por otro lado, un texto contenido, que persigue un único afán: llegar a la venganza final. De ahí que el autor no se demore en descripciones ni en disquisiciones superfluas. A Horacio Quiroga le interesa presentar al personaje y deja muy claro su objetivo: “Yo, rajá, tigre real de Bengala, voy a contar en lenguaje humano cómo me vengué de mi dueño, el domador Kimberley, que me amansó”. Bien, pensar que lo amansó es mucho suponer porque, a lo largo del relato, el tigre deja bien claro que nunca fue sometido, aunque lo pareció y que toda su vida, a partir de entonces, fue vivida con un mismo afán: la venganza.
El relato, por lo tanto, respira una especie de aliento épico que hace estremecer al lector y sentirse total y apasionadamente prendido del tigre. Pese a los años transcurridos sigue siendo un texto actual y, por supuesto, hermoso. La edición de Jesús Jiménez Reinaldo actualiza, de alguna manera, el clásico y permite que se siga disfrutando de su lectura y, cómo no, de su belleza.

martes, noviembre 08, 2011



Víctor y los romanos,
Maite Carranza. Ilustrado por Agustín Comotto
Barcelona, Edebé, 2011.



Víctor Llobregat o Víctor Yubakuto, como a él le gustaría ser llamado, cree que está al punto de cambiar de vida y ni se imagina hasta qué punto. En la anterior entrega, Víctor y los vampiros, lo dejamos emocionado porque iba a empezar en un colegio nuevo y porque, además, tenía también dos nuevos amigos, los Bel, Yoyo y tormenta. En la segunda aventura, Víctor y los romanos, Víctor comprende que los cambios no siempre son para mejorar. Y si bien ha dejado atrás a una profesora por la que sentía antipatía, ahora se da cuenta de que, en el colegio, forma parte de la banda de los “pringaos”. Ni los Bel ni su amigo mutante, el Melón, ni el propio Víctor, son capaces de enfrentarse a Barbero, el líder de la clase, el más bruto de todos y un peso pesado difícil de esquivar.
En este nuevo curso, Víctor aprenderá qué se siente formando parte de la minoría, aparte de descubrir lo importante que es la amistad y lo difícil que puede ser llevarse bien con su familia o, simplemente, llevarse.
Víctor tiene dos hermanos mayores, una chica y un chico. Aurelio es en especial un hermano extraño de definir, grande, peludo, excéntrico y… con un precioso portátil que se convertirá en parte esencial de esta aventura. Además, le ha dado por hablar en inglés, con lo cual la comunicación no resulta del todo fluida.
Toda la familia de Víctor le aconseja qué ha de hacer en clase para triunfar, todos lo hacen y ninguno acierta.
Por otro lado al tutor del grupo, Rafa, no se le ocurre otra cosa que llevarlos de colonias a Tarragona para que, en una especie de juego de rol, se repartan entre dos bandos, los romanos y los íberos. ¿Adivinamos a qué bando pertenece Víctor?
Víctor y los romanos, de Maite Carranza, es un texto muy meditado que se lee de forma fluida. La autora, sin duda alguna, ha pensado muy bien en cada una de las características psicológicas de Víctor y sus amigos. Gracias al sentido del humor y a las ocurrencias chispeantes de la banda de los íberos se demuestra que las peores situaciones pueden superarse sin aparentes traumas. De otra manera, Víctor no levantaría cabeza porque le pasa de todo. Desde enemistarse con su mejor amigo, Melón, hasta sentir celos de Yoyo, pasando por la impotencia de perder el ordenador de su hermano y por varias humillaciones a que lo somete Barbero; pero Víctor tiene un arma genial: su inventiva, su gracia a la hora de inventar apodos y esa especial socarronería con la que cuenta los peores sucesos, que a otro le amargarían la vida. Hay momentos muy especiales en el libro, como cuando se alude continuamente al viejo Monopoly de la abuela del Melón que más que un regalo es una condena, ya que, como piensa Víctor, mejor que nuestros padres no nos regalen ningún juguete especial, ya que con ello lo que hacen es regalar “recuerdos” y es difícil jugar con eso por su carga emocional.
Maite Carranza aprovecha para demostrar que la historia no es ningún rollo, que puede explicarse de forma festiva y directa, como sucede aquí gracias  también a las viñetas de Agustín Comotto. El lector conocerá a Julio César, sabrá quien era Augusto, descubrirá los entresijos de los íberos y aprenderá por qué los romanos invadieron la Península, y todo ello sin lecciones espesas ni grandes solemnidades.
Víctor y los romanos es un libro muy divertido, que se lee deprisa, porque las aventuras son continuas y las reflexiones de Víctor son tan acertadas y ocurrentes que el lector tendrá la impresión de que es él el único receptor. Nadie más que un niño de la edad de Víctor entenderá los pequeños detalles que conforman una amistad y que los adultos hemos olvidado. Víctor sabe que “cuando tu mejor amigo te dice que esa noche te llamará para preguntarte de qué llevarás el bocata al día siguiente, el resto de las cosas no importa”. Claro que no.

Gemma Lienas, Barcelona, Planeta, 2009.


Así es la vida, Carlota, de Gemma Lienas puede calificarse de novela iniciática ya que muestra como una adolescente, Carlota, va, poco a poco, encajando los contratiempos de su vida y viendo que puede superarlos. Escrito en primera persona, el libro es un texto directo y fresco que se adentra en la psicología de esta joven de 14 años a la que, en poco tiempo, le cambian todos los planteamientos, familiares y sentimentales.
El libro se divide en 10 capítulos y es una novela muy apropiada para el alumnado de 3º de ESO ya que comparten la edad y las constantes de la propia Carlota. De hecho, Carlota es una joven que evoluciona a lo largo del relato y que protagoniza otros títulos firmados también por Gemma Lienas, El Diario violeta de Carlota, El Diario amarillo de Carlota, El diario rojo de Carlota o ¡Eres galáctica, Carlota! y el recientísimo El diario naranja de Carlota.
Gemma Lienas Massot (Barcelona, 1951) es una escritora valorada dentro de la literatura juvenil. Profesora universitaria, está comprometida con diferentes causas y sus obras cuentan con múltiples lectores. Muchas de sus novelas destinadas al público juvenil han tenido una notable aceptación. De su primera novela, Cul de sac, ha vendido 25 ediciones (unos 100.000 ejemplares); de Així és la vida Carlota ( Así es la vida, Carlota), ha superado las quince ediciones, como de Dos cavalls.
 La mayoría de sus novelas están traducidas al castellano y algunas, a otras lenguas (alemán, italiano, vasco, portugués...). Uno de sus personajes más singulares es Carlota, una joven adolescente a la Gemma Lienas sigue a lo largo de distintos libros. Precisamente, El diario violeta de Carlota fue mención de honor de la UNESCO.
Carlota en esta primera entrega nos explica lo preocupada que está por el accidente su amigo Ramón, que está muy grave en el hospital. Carlota va cada día a verlo porque cree que siente algo por el chico, aunque anda muy confundida porque también cree que se ha enamorado de otro joven, Jorge. Además Carlota no está viviendo un buen momento familiar porque sus padres se están separando, aunque ellos lo llamen unas “vacaciones matrimoniales” y todo el equilibro doméstico se viene abajo. Carlota y su hermano menor Marcos no siempre se llevan bien, aunque tratan de sobrellevar la separación cómo pueden. Se quedan con su padre, un hombre algo despistado, y, juntos, han de afrontar la nueva vida, con unas nuevas pautas y un sentimiento entre el dolor y la ausencia que les provoca su madre. Los abuelos paternos tampoco contribuyen demasiado a que la situación se viva con normalidad, mientras que la abuela materna adopta otra actitud, de coraje y valentía ante la separación de su hija. Ahora bien, Carlota es una chica de caràcter abierto y optimista que suele saler a flote porque, como ella misma dice, “Así es la vida”.
El texto está lleno de humor y eso se agradece ya que el tema que trata podría haberse abordado de manera tràgica y angustiosa, en cambio Gemma Lienas ha preferido adoptar una actitud más directa y positiva, para demostrar que, en cualquier caso, siempre se sale adelante.
El libro además muestra la evolución física y mental de Carlota que va pasando de niña a mujer con todos los cambios que eso supone y la tormenta interna que se vive en la adolescencia. Además, se hace hincapié en el entorno escolar de Carlota, en sus amigos, sus profesores, su vida diaria.
En cuanto al léxico se maneja un registro estándar, son muy y creíbles frecuentes los diálogos, aunque quizá lo mejor del relato sean las reflexiones de Carlota, quien, al fin, confiese que “aunque a veces aún sentía que mi mundo se había hecho añicos, otras, en cambio, me parecía que un mundo nuevo y diferente empezaba a nacer a mi alrededor”.

lunes, noviembre 07, 2011




¿Por qué volver a El Conde Lucanor?, ¿hay algo nuevo que nos pueda aportar o es un texto aburrido, lleno de consejos antiguos, sin aplicación actual? ¿A nuestros jóvenes les pueden interesar los consejos del ayo Patronio? Por supuesto que sí y no solamente les pueden interesar, sino que pueden extraer sus propias conclusiones acerca de algunos comportamientos humanos. No siempre hay que ser confiados, nos dice Don Juan Manuel; no hay que fiarse de los negocios fáciles; hay que huir de las lisonjas que suenan a hueco; no hay que dejarse llevar por los primeros entusiasmos a la hora de emprender algo nuevo; no hay que vivir de castillos en el aire… y, en fin, una serie de ejemplos y consejos que, sin duda, constituyen un buen equipaje, en esta y en todas las épocas, para viajar por la vida.
Don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X el Sabio, dota al castellano de nueva flexibilidad, aunque, no lo olvidemos, sus escritos datan del S. XIV; por lo tanto, el idioma es una primera barrera que hay que superar. De ahí que agradezcamos las adaptaciones o versiones actuales de El Conde Lucanor, que permiten que su actualidad y su fuerza narrativa lleguen, sin perder calidad literaria, a nuestros jóvenes. Ricardo Gómez, en este sentido, nos ofrece una selección de relatos y la adaptación de los mismos que, publicada por Edelvives, e ilustrada con acierto por Javier Zabala, reúne todas las características que ha de tener un texto clásico destinado a los jóvenes. Ricardo Gómez no incluye aquellos relatos que pudieran parecernos sexistas o clasistas y escoge con cuidado aquellos otros que sí son actuales y relevantes: el rey que se deja engañar por unos vividores y se pasea desnudo pensando que va muy bien vestido, la pobre mujer que sueña que tendrá un futuro mejor gracias a su olla de miel que se acaba rompiendo, el hombre que cree que es el más desgraciado del mundo y se da cuenta de que los hay peores; el padre y el hijo que deciden actuar según sus criterios porque si hacen caso a la gente nunca la contentarán, aquellos que se sienten probados por sus superiores y, en suma, un buen ramillete de relatos que mantienen su estructura original, aunque, insistimos, se adaptan, en estilo y lengua, a nuestros días.
Don Juan Manuel, cabe recordarlo, fue el prototipo de noble culto de su época, aunque no descuidó su vida política. Veló, eso sí, por sus intereses personales, lo cual no se refleja en su obra que trata de darnos mejor impresión. Es curioso que Don Juan Manuel escribiera estos textos de carácter moralista, aunque, eso sí, se trata de una moral práctica y utilitaria, por eso decimos que aún son vigentes en muchos casos.
Leyendo El Conde Lucanor también reconoceremos otras fuentes clásicas, como Fedro y Esopo, los apólogos de origen árabe contenidos, por ejemplo, en El Calila e Dimna, las leyendas y tradiciones españolas, las parábolas evangélicas y otros muchos. Su libro, por así decirlo, es una especie de arte de vivir. Don Juan Manuel aporta una moral utilitaria, que responde muy bien su época. Don Juan Manuel muestra una concepción práctica de la vida y trata de enseñar a comportarnos siempre en provecho propio, defendiendo los intereses personales. No obstante, la selección de Ricardo Gómez, insistimos, huye de estos conceptos y se centra en aquellos otros atemporales, por así decirlo, que siguen siendo un buen referente en ese arte del buen vivir. Los relatos que el lector, joven o no, podrá leer en esta versión son clásicos en el más puro sentido del término, porque son eternos y nunca pasarán de moda. Así, puede prevalecer uno de los consejos finales de Patronio: “no busquéis halagos ni os dejéis engañar. Hay personas que, para satisfacer su vanidad, se rodean de engatusadores que les resultan dulces como la fruta más sabrosa”.
El Conde Lucanor de Ricardo Gómez, para terminar, se estructura en 17 capítulos que aluden a unos 20 cuentos. Ha incluido, también, para ensamblar mejor los cuentos una trama argumental entre Patronio, el ayo, y Lucanor, el joven conde que pide consejo, para poder incluir algunas referencias a la época y que los cuentos no queden tan estáticos como en el original, sino que se relacionan entre sí.
Lo que cuenta, en suma, como dice el propio Ricardo Gómez, en una breve semblanza introductoria, es que don Juan Manuel, “tiene la intención de ser un buen escritor, con un estilo claro, cuidado y conciso, que utiliza detalles pintorescos y acertadas reflexiones psicológicas”.
Quizás, gracias a esta adaptación, el lector quiera, en el futuro, acercarse al libro original y leer todos los cuentos para poder extraer sus propias conclusiones. Encontrará muchas ediciones para satisfacer su curiosidad porque El Conde Lucanor sigue siendo materia de estudio para los filólogos e investigadores literarios.

domingo, noviembre 06, 2011

Antonio y Manuel Machado.
Selección de Antonio Rodríguez Almodovar. Ilustraciones Patricia Metola
Edelvives

            El libro que estamos reseñando es un volumen de gran calidad, tanto por el contenido como por la forma. Se trata de una pequeña joya, encuadernada con tapas duras, e ilustrada por Patricia Metola con unos trabajos hermosísimos que dignifican la palabra de los hermanos Machado al tiempo que enriquecen su mensaje gracias a la finura y a la sutileza de sus creaciones.

            Antonio Rodríguez Almodóvar ha unido en el libro a los dos hermanos Machado, Manuel y Antonio, como lo estuvieron en vida, ya que ambos fueron inseparables y se educaron siguiendo una misma línea de pensamiento, la propia de la Institución Libre de Enseñanza. No obstante, ambos sufrieron peripecias vitales distintas. Cuando estalló la guerra, Manuel optó por permanecer en Sevilla y Manuel siguió el itinerario de la República, por lo tanto, el exilio y una serie de penurias que ya todos los que gustan de su poesía las saben. La historia ha sido injusta con Manuel y lo relegó a un segundo término, aunque sus poemas son de gran calidad literaria y su pensamiento también es digno de tenerse en cuenta. No hay por qué comparar a los dos hermanos, sino darles a cada uno su relevancia.
            En el libro, Antonio Rodríguez Almodóvar escoge una serie de poemas populares, de tema tradicional en su mayoría o cercano, que tratan de recoger el sentir de la tierra andaluza, pero muestra cómo Antonio y Manuel a veces tratando el mismo tema lo hacen de manera distinta. Antonio mira más hacia dentro, en un modernismo sobrio y contenido, mientras que Manuel es más vistoso, sigue más de cerca la estela rubeniana y da más color y más alegría a sus poemas, aunque quizá Antonio sea el más profundo.
            Merece la pena revisar a los clásicos y releerlos y darles nuevo brillo y nueva luz para que los jóvenes se acerquen sin prevención a la poesía, sin pensar que se trata de textos polvorientos y anquilosados que nada dicen. No hace mucho, con una alumna leí unos poema de Manuel Machado, de este mismo libro, los que dedica a la pintura y me confesó que le habían impactado sus imágenes y que le gustaría leer más. Eso es lo que pretende Antonio Rodríguez Almodóvar y lo va a conseguir.
            “Caminos y cantares”, como el buen vino, contiene una serie de poemas reposados y meditados que darán al lector joven la idea de que lo añejo no tiene por qué estar anticuado y que, en definitiva, desde que el mundo es mundo, las aspiraciones de los seres humanos han sido siempre las mismas, y eso bien los saben los poetas. Lo saben Don Antonio y don Manuel.

































viernes, noviembre 04, 2011


Un huerto en casa.
Georgina Duran. Helena Delgado
Barcelona, Combel, 2011.



Ginés es un niño que nos cuenta, en primera persona, una experiencia apasionante para él: la creación, con sus padres y hermana pequeña, de un huerto. Lo divertido es que el huerto de Ginés y su familia no ocupa mucho espacio, puesto que está en la terraza de su casa. Se trata, por lo tanto, de un pequeño huerto urbano que permite a los niños el contacto, aunque sea a escala pequeña, con la naturaleza. Ginés y su familia compran en un semillero todo lo que necesitan para empezar a cultivar su huerto. La emoción es intensa y llega el día de la cosecha. Todos están muy contentos y deciden seguir cultivando en macetas porque la experiencia bien vale la pena.
Un huerto en casa, de Georgina Duran, con ilustraciones de Helena Delgado, es una apuesta por la calidad de vida, aun en los espacios más reducidos. Con un poco de organización todos podemos tener en nuestra casa, sea grande y pequeña, un espacio dedicado a plantar productos de la huerta porque nada es más satisfactorio que ver cómo crecen las semillas que uno ha plantado y ha cuidado con esmero y, sobre todo, no hay nada mejor que, como les ocurre a Ginés y a Nora, comerse las fresas de la propia planta.
Un huerto en casa va destinado a los primeros lectores y destaca por las vistosas ilustraciones hechas con plastilina, que reproducen, como si fuera en una película, las acciones de la familia de Ginés.
Por otro lado, para conseguir que el libro sea más interactivo y despertar la curiosidad en el joven lector, potencial horticultor, el libro incluye un juego de 24 cartas, una rueda interactiva que marca las temporadas de cada hortaliza y 4 hojas con adhesivos que sirven de seguimiento de los cultivos desde que se plantan hasta que se cosechan. Además, el libro propiamente dicho incorpora un breve glosario del huerto.
Un huerto en casa está escrito de manera directa, implicando al lector e invitándolo a imitar la historia de Ginés. No es improbable que todos los que lean el texto sientan la curiosidad de cultivar su propio huerto en casa.
El libro presenta un formato muy cuidado y supone un regalo ideal que estimulará a los pequeños lectores con su práctica y realista propuesta.

martes, noviembre 01, 2011




Maite Carranza. Agustín Comotto
Barcelona, Edebé, 2011.

Víctor y los vampiros es la primera entrega de una serie protagonizada por Víctor, un niño de 11 años con el que es difícil aburrirse. Maite Carranza es la autora del relato al que imprime su estilo humorístico, a veces disparatado, siempre fresco y ocurrente.
Víctor Llobregat está loco por todo lo que sea japonés; de hecho a él le encantaría llamarse Víctor Yubakuto y vivir en una tira de cómic manga. Sería feliz así, aunque también le gustan otras muchas cosas que no coinciden con las aficiones de sus padres. Pero Víctor decide dar una sorpresa a sus progenitores y aprueba el curso. No solo lo aprueba, sino que saca unas notas espectaculares, tanto que sus padres se emocionan, se vuelven locos literalmente y empiezan a ver con otros ojos a Víctor. Todo sería estupendo, si fuera verdad, pero es que Víctor ha falsificado las notas, las ha copiado de uno de sus amigos, el Melón, el compañero más empollón de su clase. El lector, poco a poco, irá descubriendo más elementos de este embrollo y asistirá, con los ojos abiertos por la sorpresa, a una aventura más que divertida.
El texto está escrito en primera persona con una prosa rápida y directa por un Víctor acelerado que se dirige a un lector cómplice a quien le cuenta, de una manera entre crítica e irónica, sus últimas vacaciones. Sus padres deciden irse a Transilvania y Víctor, en ese viaje, no solo va a descubrir las debilidades de sus padres y las de otros padres, sino que se hará amigo de los hermanos Bel –aunque al principio no fue así- e, incluso, coincidirá con el propio Melón, quien viaja con sus padres también por la zona.
Víctor y los vampiros no es un libro de viajes, no es un libro iniciático, no es un libro de humor, no es una sucesión de disparates, no… es todo eso y mucho más porque Maite Carranza es capaz de penetrar en la psicología infantil y contrastar la visión simple y real que tienen los niños de las cosas con esa otra visión más sesgada, pasada por el cedazo de los años y las convenciones que tienen los adultos.
Hay un elemento novedoso en la presentación del texto, ya que las ilustraciones de Agustín Comotto pertenecen a la propia historia. Resulta que una de las aficiones de Víctor, como ya hemos dicho, es dibujar cómic manga. Pues bien, todo lo que ve y escucha que le resulta interesante lo plasma en una tira cómica… que es, por supuesto, la tira cómica del ilustrador. Por lo tanto, es una manera muy original de unir perfectamente texto e ilustración.
El lector de 10 años en adelante encontrará en Víctor y los vampiros, una fuente de humor continua, puesto que la relación que se establece entre el niño, los Bel y el propio Melón pasa por momentos complicados que hacen, incluso, que se les confunda con vampiros y eso, en la tierra del conde Drácula, es muy peligroso.
Con un humor sensacional, como ya nos tiene acostumbrados, Maite Carranza enlaza elementos culturales, como la vida de Bram Stoker  y su obra El Conde Drácula o la realidad de Vlad Dracul con otros más cotidianos o chocantes, según se mire. El viaje que realizan los Llobregat a Transilvania forma parte de una ruta ya marcada por la agencia. De ahí que no viajen solos. Los otros turistas son pasados por el tamiz crítico de Víctor-Maite Carranza que dejan al aire las tonterías que suelen hacer los turistas y los tópicos que permiten que se sigan comportando de esa manera. A menudo, como muestra el guía que los acompaña, es más importante el decorado que la realidad en sí.
Los personajes infantiles, con Víctor a la cabeza, están muy bien retratados y sus comportamientos van evolucionando, como verá el lector.
Pensamos que la serie Víctor será todo un éxito editorial porque tiene los ingredientes necesarios para que así sea. Seguro que la evolución de Víctor y sus observaciones sagaces y directas van a dejar a más de un lector, adulto, sobre todo, con la boca abierta y es que los niños suelen enterarse más de lo que se cree y tienen su propio criterio, como bien claro deja Víctor.
En suma, Víctor y los vampiros es un soplo de aire fresco que permitirá a los niños y niñas de la edad del protagonista disfrutar con la lectura. Que buena falta nos hace.

lunes, octubre 31, 2011

No me gustan los lunes
Jérôme Lambert,
Barcelona, Almadabra, 2011, Pícnic, 20.



Lucien tiene casi 14 años y se siente raro y desplazado. No encaja en ningún sitio, ni en su propia casa. Para Lucien los problemas empiezan en el colegio y continúan todo el día. No hay nada que haga bien, nadie le felicita nunca y él quisiera pasar desapercibido, pero no lo logra: siempre hay algún profesor que lo castiga. Lucien es un chico lleno de miedos, de dudas y de temores. Él cree que no le gusta nada y, para demostrárselo, escribe una lista larguísima anotando todo lo que no le gusta, que es, como dice la palabra, casi todo. Lucien no tolera las endivias gratinadas que suele prepararla su madre. No tolera el colegio –de ahí que los lunes sean fatídicos-, ni los supermercados, ni las flores, ni los perros ni… tantas otras cosas. Solo le entretiene mirar el retrato de la fundadora del colegio, Rosa, a la que considera una buena amiga y acaso hablar con su compañero Basile que tolera todas sus excentricidades sin hacer comentarios.
Jérôme Lambert escribe No me gustan los lunes en primera persona y permite, así, que sea el propio Lucien quien dé rienda suelta a sus angustias, porque, en el fondo, tras esa personalidad tan esquiva, se halla un chico con problemas para relacionarse, que ansía sentirse bien, tener muchos amigos y poder disfrutar de cada día. No obstante, cuando, por casualidad, se tropieza con una de las chicas de su escuela, Fatou, empiezan los cambios. Lucien cree que esa chica es odiosa y ella parece que opina lo mismo, pero entre los dos se establece algún tipo de complicidad cuando deciden escribir, cada uno por su parte, la lista de aquello que les disgusta. El resultado será muy sorprendente y, contra lo que pudiera suponer, cambiará la actitud de Lucien.
A este joven preadolescente lo que le hace falta es contactar con la gente, salir de sus manías y ver que, en el mundo, hay familias, como las de Fatou, que se lo pasan bien juntas, sin juzgarse, sin buscar ningún motivo especial para que las cosas sucedan de una u otra manera.
Pese a que la obra se desarrolla en un ámbito francés, con alusiones al sistema de estudios del país vecino, el traductor ha sabido trasvasar toda la información y aplicarla al sistema español. De hecho, lo que le ocurre a Lucien puede pasarle a cualquier muchacho de su edad porque se trata de crecer y madurar y descubrir que el mundo no empieza y acaba en uno mismo.
No me gustan los lunes es un libro que está destinado a los lectores a partir de 10 años y que gustará, por supuesto, a los de 14 porque les supondrá descubrir en Lucien algunas de sus propias manías. El texto recrea muy bien la psicología de este chico y permite seguir muy bien sus pensamientos, sus estados de ánimo cambiantes y, sobre todo, su prodigiosa capacidad de análisis. Lucien lo estudia todo, lo observa todo, de todo saca conclusiones y eso… a menudo es un lastre para él. El relato, por otro lado, está lleno ironía, una ironía que roza a veces el sarcasmo y que permite a Lucien seguir avanzando. Varios son los personajes que merecen la atención como su amigo Basile, o el padre de Lucien, incapaz de saber qué le puede gustar a una mujer, o la abuela que intenta dejar atrás un duro pasado… todos, de alguna manera, marcan a Lucien y le permiten seguir evolucionando.
La novela tiene un final abierto, aunque lleno de esperanza porque, por primera vez en la vida, Lucien encuentra algo que le gusta, más bien alguien: Fatou. Sobran las palabras y… acuden los sentimientos. Por eso termina el libro porque Lucien ya no va analizar más su vida, se va a limitar a vivirla. Como tiene que ser.

domingo, octubre 30, 2011

La aprendiza de bruja, Marian Broderick,
Barcelona, Hermes, 2011, (Pícnic, 19)




La pequeña Ana Kelly está muy feliz porque, por fin, va a ser adoptada por dos hermanas que, en apariencia, la van a querer y cuidar mucho. Ana vive desde que nació en un orfanato y tiene muchas ganas de ser una niña normal, de ir al colegio, de tener amigas… No obstante, la casa de sus tutoras no será, precisamente, un lugar adecuado para una niña. Para empezar la obligan a hacer cosas extrañas, a trabajar mucho y la hacen comer alimentos repulsivos… porque las dos hermanas son, ni más ni menos, que brujas. Cuando Ana lo descubre no se amilana y planta cara a su destino porque ya está harta de que las cosas no le salgan mal. Una de las tutoras es más débil, pero la otra castiga a Ana en el sótano y allí descubre un libro asombroso: un libro de sortilegios.
Ésta es la trama de La aprendiza de bruja, de Marian Broderick, que, contrariamente a lo que hace suponer su título, no es un relato de miedo ni de brujerías, sino de falsas apariencias. Ana quiere ser normal a toda costa y, cuando se da cuenta de que ella sí que es una bruja, no le gusta, se asusta casi y decide no decirlo nunca, aunque no puede evitarlo. De alguna manera, gracias a esta cualidad singular, Ana puede acceder al colegio, conocer a la directora y… empezar a vivir su vida de niña pequeña, al lado de una de las tutoras, porque con la otra, ¡ay, con la otra!, ha pasado algo que el lector deberá averiguar con la lectura del texto.
La aprendiza de bruja va destinada a los lectores desde 8 años de edad y está estructurado en breves capítulos. La historia, narrada en tercera persona por un narrador cómplice, está llena de ironía dulce y de momentos de humor. Los episodios que Ana vive cuando es encerrada y obligada a trabajar no se describen de manera dura, sino que Ana los vive de forma positiva, ya que tiene un carácter de niña feliz que la ayuda a asumir todos los contratiempos. La presencia del gato, un animal muy típico de las brujas, la ayuda en todo momento.
La aprendiza de bruja es, de alguna manera, una parodia de la brujería, ya que las brujas que aparecen en el libro, salvo Ana y la Directora, son, por así decirlo, brujas de pacotilla, de las que hacen más daño que otra cosa. Y es que, realmente, no son brujas, sino que tratan de serlo y, como no lo consiguen, generan situaciones realmente estrafalarias. De ahí, por ejemplo, que haya muchas referencias a la alimentación o a ciertas costumbres que Ana no comparte.
El relato, en suma, también es una especie de homenaje a los cuentos de hadas, en los que las brujas eran personajes perversos y malvados, que trata de demostrar que no siempre tiene que ser así, que las brujas, bien canalizado su poder, resultan normales, tan normales como Ana.
No hay que olvidar, por último, las ilustraciones de Francesca Carabelli, que, en blanco y negro, nos dibujan a una pequeña bruja, con gorro y todo, aunque con un aspecto inofensivo: Ana, la niña que, gracias a su cualidad de bruja, logró ser normal. Paradojas de la vida, por cierto.

miércoles, octubre 26, 2011

Versos con alas,
Antonio García Teijeiro. Ilustraciones Manuel Uhía,
Barcelona, Lynx, 2006, Alas de Papel, 2.



“Un pájaro en un poema permite que los versos tengan alas”. Así presenta Antonio García Teijeiro este poemario, Versos con alas. El libro está formado por un ramillete de poemas escogidos con un tema común: las aves. Ahora bien, Teijeiro no nos da una lección de ornitología. No es ésa su misión. Hace algo mucho más difícil: permite que los lectores jueguen con las aves, vuelen con ellas, gracias a la imaginación. Las palabras se convierten en aves y las aves en palabras: “palomas / y/ palabras/ mil veces/ mil, pintadas”.
En Versos con alas, el amor es un sentimiento que, de alguna manera, transmiten los pájaros. Así,  las golondrinas se van de la ciudad, pero llevan en su pico un recado amoroso. No ocurre como con las golondrinas de Bécquer que se iban… para no volver. El ruiseñor canta también melodías de vida y de amor. El poeta, por ejemplo, en otro poema se pregunta por el mirlo enamorado que se perdió.
Las aves se enlazan y juegan entre ellas, se preguntan, se contestan, se enredan en perpetuo vuelo, el gorrión, el herrerillo, el estornino, el zorzal, la alondra, el verderón, el petirrojo, el gorrión, la gaviota, el búho, el pinzón, la corneja y el ruiseñor. Todos traen más de un secreto y el poeta es capaz de transmitirlo: “Oigo sus voces / Siento sus risas,/ Pájaros tiernos / como la brisa”. No hay aves mejores que otras, todas son mágicas a los ojos del poeta.
Las aves, a veces, nos sorprenden con sus cualidades. El milano se sabe poeta, porque es sensible al paso de las estaciones. A veces, incluso, las aves y las personas interactúan, como cuando la niña toca la flauta y el gorrión la escucha extasiado.
El poeta acude a la primera y tercera persona en sus versos. En primera comparte sus ansías de libertad. El poeta, como una garza, quisiera ser libre, quisiera volar. El poeta, además, se acerca a otros personajes, a la niña, a “su tío”, a la luna y al sol.
Muchos de los poemas son puros juego, goce de escribir y de sentir. En el poema dedicado al colibrí, el poeta se extasía preguntándole y provocando su respuesta, pero el colibrí nunca para de volar, de ahí que los versos se acorten y adquieran esa especial rapidez de las alas del ave: “dime, dime, / colibrí/ dime, dime, / ¿no es así?”.
El libro se divide en dos partes. En la primera, Antonio García Teijeiro escribe poemas originales dedicados a un sinfín de aves. En la segunda parte incluye un homenaje a varios poetas que, en algún momento, escogieron al pájaro como objeto de sus versos. Son poemas, por así decirlo, eco de otros, poemas que responden a los poetas, como el que dedica a Alberti y su “Se equivocó la paloma”: “Si se vuelve a equivocar / ¿alguien lo querrá salvar?”, concluye nuestro poeta. Hay otros poemas dedicados a Juan Ramón Jiménez, a Lorca, a Machado y a Serrat, que, con pericia, ha musicado los versos del poeta sevillano.
Los versos de Antonio García Teijeiro se adelgazan o se alargan al compás de las alas del ave que, en ese momento, nos ofrezca su vuelo. Gusta del arte menor, sobre todo, y, en cuanto a la rima, asonancias y consonancias se dan la mano en el poemario.
Manuel Uhía, con sus ilustraciones, ilumina aún más, si cabe, esa manera de entender el mundo a través de sus aves. Acaso el ave, en su vuelo, simboliza la libertad, pero también, son sus trinos la música. El sentimiento de amplitud, las melodías, la magia… el juego son constantes en los versos del libro y permiten que el lector vuele, vuele, cada vez más lejos y se sienta cercano a un mundo en el que los gorriones son buenos amigos y… siempre encuentran su canción.
El libro se completa con una serie de datos más científicos sobre las aves y un pequeño abecedario. De alguna manera, los conocimientos de la naturaleza no han de estar reñidos con la poesía.
Versos con alas se destina lectores desde 10 años, pero, como decimos siempre, la buena literatura no tiene edad y la poesía de Antonio García Teijerio, fresca y musical, atrapa a cualquier lector.

lunes, octubre 24, 2011

La vuelta al mundo en 28 e-mails,
Stefano Bordiglioni,
Almadraba, Barcelona, 2011. Colección Pícnic


La vuelta al mundo en 28 e-mails es un texto que emplea una herramienta tan actual como es el correo electrónico para construir todo el relato. Pensamos que, inicialmente, su lectura ha de ser muy atractiva para los chicos y chicas de 10 años en adelante, puesto que apela directamente a su competencia digital.
En 28 correos electrónicos, como reza el título, tenemos ocasión de dar la vuelta al mundo, desde Marruecos a México y Guatemala, pasando por Estados Unidos y la Polinesa. Fabrizio es el joven afortunado que emprende, con su padre, la vuelta al mundo, ya que su padre es periodista. Sus amigos de la escuela, Sara y Giulio, le piden que no deje de comentarles cómo le va el viaje para que ellos lo vivan, de alguna manera, en primera persona. Fabrizio cumple su palabra y se lanza a escribir breves correos en los que da las pinceladas básicas de los lugares que visita, los aspectos que a él le llaman la atención, las comidas típicas, los problemas que tienen que superar… Mientras, sus amigos, también en un intercambio de correos, hacen sus propios comentarios, hablan de la escuela, de la cotidianeidad…
La vuelta al mundo en 28 e-mails está escrito de una manera muy clara y directa. Por otro lado, el humor y las situaciones humorísticas están presentes en el relato en todo momento, sobre todo, en los comentarios y las pullas amistosas que se lanzan los tres amigos, Fabricio, Giulio y Sara.
Por otro lado, el relato es muy enriquecedor desde el punto de vista cultural ya que acerca, aunque sea de manera breve, al lector a muchas ciudades, a muchas maneras de entender la vida, a muchas situaciones no siempre justas y eso, seguramente, aguijoneará la curiosidad del lector como les ocurre a Giulio y Sara que tratan de encontrar similitudes entre lo que cuenta Fabrizio y su día a día, sobre todo, las situaciones escolares.
Fabrizio, por otro lado, se ha ausentado del colegio una temporada, pero está en contacto con los profesores vía Internet ya que ha de hacer los deberes cada día y eso, al fin y al cabo, es un consuelo para sus amigos que lo envidian sanamente.
La vuelta al mundo en 28 e-mails es un texto entretenido, que se lee de una manera rápida puesto que su formato, en forma de correo, así lo permite, que no cansa al lector en ningún momento. Es, por otro lado, un texto muy apropiado para trabajar en clase, como lo demuestra la propuesta lectora que ofrece la propia editorial.
El libro, por último, está también editado en catalán, con el título La volta al món en 28 correus electrònics, publicado por Castellnou, también en la colección Pícnic, aunque la versión catalana.